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domingo, 26 de agosto de 2018

Macri descartara versiones de default en EE.UU.


El presidente Macri descartara en persona, versiones de default en EE.UU.
Un déjà vu, que significa en francés: “ya visto antes”. No sé si es adecuada la definición de Wikipedia, porque habla de un tipo de paramnesia del reconocimiento-en contraposición a las paramnesias del recuerdo-de alguna experiencia que sentimos como si hubiésemos vivido previamente. Fundamentalmente se trata de un suceso que sentimos que ya vivimos, pero en realidad no. Es que esto puede ser peor. Esto podría ser algo nunca visto..
El fenómeno de las crisis financieras se incorporó oficialmente en la agenda mundial, y por lo tanto en el ámbito internacional, como una preocupación para los Estados de mayor grado de desarrollo económico y los organismos multilaterales de crédito, después de la denominada “Crisis de Lehman Brothers[1], fue luego de aquel “semestre trágico[2]” que pudo posicionarse con fuerza como tema de debate, remarcándose su asociación a las esferas de desregulaciones,  y falta de controles e intervenciones de los gobiernos. Desde 1994 las crisis financieras se han incrementado en distintos países-México, Tailandia, Malasia, Indonesia, Corea del sur, Rusia, Ecuador, Brasil, Argentina. Pero su relevancia adquirió un interés inquietante cuando Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia (2010) comenzaron a ser parte integrante de los desequilibrios internacionales. Todo esto se debía a que la ideología hegemónica por cuarenta años se había orientado y establecido desde los países desarrollados hacia los países emergentes, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados, la expansión del capitalismo financiero. En este entendimiento, la situación financiera internacional se había configurado como un emergente del avance de lo financiero sobre lo político, y  los actores a cargo en los países desarrollados dieron cuenta de ello.
En este marco, la diferencia para resolver los desequilibrios en los países desarrollados y emergentes han perjudicado en mayor medida a estos últimos, y esto responde en parte a la decisión de subordinar las políticas públicas a las diez reglas del Consenso de Washington[3], por ejemplo, para la región Latinoamericana en la década de los noventa[4], dejando paso al FMI, la tecnocracia internacional y las “mejores prácticas del mercado”. Así se trasformo en el rumbo aceptado por numerosos políticos, principalmente los adherentes al neoliberalismo (en Argentina Menem-De la Rúa, Collor de Mello en Brasil, Fujimori, Sánchez de Losada y Gutiérrez; en Perú, Bolivia y Ecuador respectivamente). El FMI había incluido la clásica receta, como factor previo a cualquiera de sus políticas de asistencia financiera. Los avances devinieron en un extraordinario aumento de la desigualdad y la pobreza, debido al endurecimiento de las exigencias de estos organismos y lo que denominare en adelante “el entorno neoliberal”[5]. El tema ha tomado especial protagonismo desde el inicio del nuevo milenio, aunque fue perfeccionado cuando supero las fronteras de los países emergentes, para concernir a los países desarrollados,  lo que elevó la incertidumbre de los países más ricos. Fue en ese contexto que la Argentina, asumió el papel de “mejor alumno del FMI”[6], no resguardando sus intereses, y adaptando sus políticas a los nuevos requerimientos del Consenso de Washington, una década antes de ingresar en el mayor default de la historia mundial, en diciembre de 2001.
Nunca un gobierno argentino se desgastó tanto en tan solo dos años de gestión como el de Fernando de la Rúa. Al momento de renunciar a su cargo de presidente de la Nación Argentina, la imagen positiva era sólo 4%[7]. De esta manera, en la Argentina se verificó una tendencia que indicaba que en los países que habían aplicado políticas neoliberales e incurrido en crisis financieras, ya al borde de la cesación de pagos, era casi inevitable la caída del gobierno (Ecuador[8], Indonesia[9], Malasia[10], etcétera) ante la imposibilidad de manejar sus consecuencias. Ese desgaste del ex presidente De la Rúa, que también afectó a buena parte de la dirigencia política del país. El caos político en que cayó el gobierno de De la Rúa, no sólo se manifestó en la violencia de los saqueos y en la presencia masiva de gente en las calles, desafiando el estado de sitio y mostrando una desobediencia civil inédita, sino también en la resistencia de las Fuerzas Armadas a distribuir alimentos entre los sectores más pobres de la población (que habría sido solicitada por el Presidente) y, fundamentalmente, en la falta de políticas para atender la emergencia, que luego de las varias sucesiones provisionales-en el marco del sistema presidencialista-, pudieron ser implementadas por Eduardo Duhalde[11], a partir de su designación por parte del Poder Legislativo.






[1] PricewaterhouseCoopers International Limited, Lehman Brothers Bankruptcy, “Lessons learned for the survivors Informational presentation for our clients”, August 2009
 
[2] Así se denomino el periodo comprendido entre el ultimo trimestre de 2008-con la quiebra de Lehman Brothers y el final del primer trimestre de 2009, cuando la economía mundial, comienza a recuperarse del shock.
[3] El Consenso de Washington incluye estos 10 puntos: 1. Disciplina presupuestaria de los gobiernos. 2. Reorientar el gasto gubernamental a áreas de educación y salud 3. Reforma fiscal o tributaria, con bases amplias de contribuyentes e impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado. 5. Tipo de cambio competitivo, regido por el mercado. 6. Comercio libre entre naciones. 7. Apertura a inversiones extranjeras directas. 8. Privatización de empresas públicas. 9. Desregulación de los mercados. 10. Seguridad de los derechos de propiedad.
[4] Casilda Béjar, Ramón, “América Latina y el Consenso de Washington”, boletín económico de ICE n° 2803, del 26 de abril al 2 de mayo de 2004
[5] Tigani, Eugenio Pablo, FMI, BCE, Fed, Treasury US, políticos funcionales al marco teórico neoliberal, corporaciones internacionales , banca privada de inversión y comercial, calificadoras de riesgo, nuevos profesionales físicos, matemáticos, y sus nuevos productos derivativos financieros ofrecidos por Wall Street, lobbistas de la desregulación de los mercados contratados por las corporaciones para representar grupos de presión privatizadora en los Congresos, mercados financieros internacionales-bolsas de valores-fondos de inversión, capital de riesgo, private equity funds, hedge funds, fondos mutuales de pensión, fondos buitres, corredores de cambio, fijadores de tasas de interés y cambio-arbitrajistas-, sistema financiero en las sombras, comisión de valores, especuladores, universidades formadoras y promotoras ideológicas, buffetes de abogados top, economistas funcionales, consultores de alta dirección extranjeras y locales, etcétera.
[6] IMF (International Monetary Fund), WBG (World Bank Group) Boards of governors annual meetings, Washington, D.C., Press Release No. 5, October 6 - 8, 1998, Statement by the Hon. CARLOS SAUL MENEM, President of the REPUBLIC OF ARGENTINA, at the Annual Meetings of the Boards of Governors of the International Monetary Fund and the World Bank Group
[9] Sánchez Moreno, Montserrat, “Transición y democratización en Asia-Pacífico: El caso de Indonesia.”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 78, p. 141-158
[10] García, Jaime, “Malasia y la crisis internacional”, Panorama Mundial, boletín electrónico del IDEI,
Año 1 - No 1 - abril 2009


[11] Discurso de Eduardo Duhalde anunciando el lanzamiento del Plan Jefas y Jefes de Hogar en


jueves, 17 de mayo de 2018

DEL FMI y SUS DELEGADOS GREMIALES


Los conductores los adulan, les dicen economistas, “profe”. Las ambiciones de los autodenominados “macroeconomistas profesionales” (MEP) meten confusión en los programas de TV, aspirando identificarse con físico-matemáticos.
Sin quitarles merito, es cierto que a través de la mediatización, sus exponentes esponsorizados por bancos y grandes corporaciones-a través de honorarios de servicios profesionales-les han ayudado a convertirse en voceros de sus demandas (una especie de delegados gremiales del establishment). Desde fines de los ochenta en Argentina han ejercido la emancipación de su aparente campo de pertenencia (la macroeconomía), aunque en realidad hablan reincidentemente de dos temas, economía fiscal y economía monetaria. Le dicen “fiscal y monetaria”, yo le llamo “la horqueta”, pues esta pertenece a una rama de la macroeconomía, que a su vez es una rama del tronco de una ciencia social que se llama “economía”.  
Hay que reconocer que los MEP han logrado la promoción más trascendental de nuestros tiempos, tomaron el nombre de una ciencia social y le hicieron imaginar a la gente que son unos científicos en algo parecido a las ciencias exactas. Universalizaron o mejor dicho, globalizaron esa idea totalmente alejada de una condición epistemológica. Lo de la universalización proviene de insistir y generar una confianza ciega y completa hacia ciertos modelos matemáticos, elaborados bajo “supuestos” que pueden explicar casi todo. Recordemos que la economía neoclásica, por muy matemática que luzca, opera sobre los precios y valores de bienes y servicios reales, y por lo tanto no es raro que en los EE.UU. los departamentos de Economía cedan el estudio de “riesgo”, “financiarizaciones”, “swaps”, “futuros y opciones” a las facultades de Administración, como un asunto que les interesa a los que en grado estudiamos cuestiones prácticas como mover dinero antes que por el tema de la importancia de la libertad de los mercados. Dado que el enfoque MEP no tiene ninguna limitación puntuada por el mundo real, sus protagonistas sienten que no están sujetos a las leyes de la economía- como deberían-, mucho menos a que se trata de una ciencia social; sino que solo se enfocan hacia las finanzas corporativas, que tampoco dominan del todo; en la cual muestran coladeras extravagantes a juzgar por las bombas que se les detonan encima y sus errores de pronostico. Eso sí: “no le entran las balas”.
Mi punto es el siguiente: en la dinámica de los desmoronamientos de un gobierno hubo siempre una dimensión que debería ser estudiada más a fondo, que es el rol que jugó la comunidad MEP ligada universidades extranjeras, bancos privados y organismos multilaterales de crédito. Ellos han sido siempre los verdaderos artífices y portadores de la ideología dominante, un consenso muy extendido, hegemónico e inamovible sobre recomendaciones de política económica que siempre tiene que adoptar la Argentina, “país díscolo e indisciplinado que vive perdiendo oportunidades”. La dominancia financiera sobre la política tuvo mucho que ver con estos personajes clave en aquellos períodos, dicho sea de paso,  semejantes al presente. Y no se trató de un fenómeno circunscrito a la Argentina, la década de los años 90, caracterizada por el Consenso de Washington y las reformas económicas neoliberales en varios países del mundo, fue la década de los políticos tecnócratas o technopols.
Los tecnócratas creen que la técnica y la planificación racional deben reemplazar a la política de las negociaciones, los apoyos y las concesiones. Que el tecnócrata debe definir su propio rol, y estar libre de compromisos políticos. Creen que el progreso o el bien buscado se consiguen mediante la despolitización, y desconfían de los valores, las ideologías y las lógicas de la política partidaria, aunque de alguna manera han penetrado en ella. El Estado, en la mentalidad tecnocrática, es un instrumento implementador de políticas públicas que debe colocarse "por encima" de los intereses sociales. Y como ganaron, vamos de nuevo al FMI.


jueves, 15 de octubre de 2015

LA COYUNTURA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA CRISIS DE 2001 SERIE (10ma. parte)

Acerca de la privatización del sistema jubilatorio se debe agregar que genero poca cobertura, mala seguridad social en la jubilación y valores mínimos de pensiones en promedio. Toda la sociedad en poco tiempo, producto del desfinanciamiento[1], pago ese enorme costo, el que gano, o ciertamente se vio beneficiado fue el sector financiero, que elevo sus ingresos en Argentina, mientras provoco una enorme pérdida para la sociedad. A modo de mención, luego para evitar pobreza en la vejez y asegurar un nivel mínimo de seguridad, fue necesario crear un sostén público, que actualmente tiene un componente de redistribución importante que instalo un elemento de moderación intergeneracional que evito relativamente la pobreza de jubilados y pensionados. Por ultimo es necesario destacar que  el sistema de AFJP tenía altísimos costos de transacción, y en 2001 había invertido en papeles del estado, que a la postre embauco a los beneficiarios con una exótica cantidad de instrumentos que incumplió en el pago, viéndose  mermados los ahorros de los futuros jubilados por la restructuración de la deuda local (primer tramo: realizado por Cavallo en forma compulsiva en 2001), y luego la devaluación del peso. Esta narrativa del gasto publico extravagante que asfixia la actividad privada se interiorizo como certeza en la ciudadanía y debilito las políticas de oposición de los tradicionales partidos progresistas. Hasta el punto, que ya en las elecciones de 1999, estaba el acuerdo de una continuidad-de seguir con la Convertibilidad-prometida por la Alianza, fue el FREPASO que optó por no enfrentarse al relato neoliberal, no se sabe si porque se compartía parcialmente con o desde la UCR o porque, estaban convencidos que era una batalla política que no podían ganar. Es que los tecnócratas insertaron una ficción en el ámbito político que fue decisivo en condicionar sus posiciones políticas, a través de la conciencia fabricando consensos, hasta el punto de manipular el Congreso para delegarle poderes extraordinarios a un ministro de economía[2]. Esa capacidad de los tecnócratas de establecer temores, una imperiosa necesidad de establecer la austeridad del gasto social como algo necesario para la vida en democracia, fue un instrumento decisivo en la arquitectura de lugares comunes desde las que se construyeron los relatos que articularon la hegemonía ideológica y cultural del poder. El peso que han adquirido hasta hoy mismo los organismos económicos globales, las universidades estadounidenses y sus egresados para homogeneizar un discurso político que desnaturaliza y tergiversa sistemáticamente los hechos políticos y económicos intensificaron también el fenómeno en la región, lo extraño es el modo en que los medios y la académicos de centro-derecha ignoraron completamente lo que escribían intelectuales progresistas, hasta el punto de considerar extravagante a todo otro espacio de opinión (Pensamiento único-Consenso de Washington) mientras parecería que incentivaba universidades, alumnos y redacciones de medios a no tenerlas en cuenta en absoluto. Pero lo más preocupante es cómo ese relato neoliberal hizo callar al FREPASO (miembro del gobierno de la ALIANZA) desaconsejándole enfrentarse contra la tecnocracia.



[1] Ver estadística descriptiva de caída de ingresos del sector público, como consecuencia de la desfinanciación previa, y el grado de vulnerabilidad en que los recursos genuinos fueron afectados, cuando el financiamiento externo se retiraba.
[2]     Carlos Gervasoni, Crisis política y crisis financiera en el Gobierno de la Alianza en la Argentina (1999-2001) Universidad Católica Argentina / Universidad Torcuato Di Tella / Universidad del CEMA. Visiting Resource Professor at LLILAS/UT-Austin. October, 2002, cuadro 5, Pag.26

miércoles, 12 de agosto de 2015

LA COYUNTURA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA CRISIS DE 2001 SERIE (4rta nota)



En el caso argentino, no solo el funcionamiento de las instituciones 

políticas y la economía fue afectada, sino que ha implicado unos 

costos inusitados, en términos de estallidos sociales simultáneos en 

diferentes localidades del país[1], generando una inestabilidad de 

magnitud, y aun en todos los aspectos[2].

[Gervasoni: Lo que puede denominarse “crisis argentina de 2001” fue en realidad un conjunto de crisis de diferente índole que ocurrieron al mismo tiempo, y que en muchos casos se reforzaron unas a otras. Hubo crisis económica (agravamiento de la recesión), crisis financiera (huida de capitales, explosión del riego-país, corrida bancaria, default y maxidevaluación), crisis social (aumento del desempleo y la pobreza; correlativo aumento en el nivel de protesta social) y una o varias crisis políticas (la renuncia del vicepresidente y líder de uno de los dos partidos de la coalición gobernante en octubre de 2000, la renuncia de varios ministros en protesta por los anuncios de ajuste fiscal del nuevo ministro de economía López Murphy en marzo de 2001, y la caída del gobierno de la Alianza en diciembre de ese año)].
La expedición de la denominada “Ley convertibilidad” que 

reglamento el fenómeno político económico que podría significarse como “el neoliberalismo local”, pero desde ese momento, en términos de legalidad frente a la ciudadanía, estableció las condiciones previas para iniciar un proceso de privatizaciones y apertura de los mercados nunca antes visto, estableciendo una estructura institucional de apoyo, reiterando una vez más la eficacia simbólica de las leyes y la dominancia ideológico-tecnocrática, en contraposición con la aguda brecha social que se iría consolidando y finalizaría con una crisis financiera e institucional[3] [Stiglitz: Los burócratas internacionales —símbolos sin rostro del orden económico mundial— son atacados por doquier. Las reuniones de oscuros tecnócratas en torno a temas tan anodinos como los préstamos preferenciales o las cuotas comerciales se han transformado en escenarios de iracundas batallas callejeras y grandes manifestaciones. Las protestas en la reunión de Seattle de la Organización Mundial de Comercio en 1999 fueron una sacudida, pero desde entonces el movimiento ha crecido y la furia se ha extendido. Prácticamente todas las reuniones importantes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC equivalen ahora a conflictos y disturbios. La muerte de un manifestante en Génova en 2001 fue la primera de las que pueden ser muchas más víctimas de la guerra contra la globalización]... [Stiglitz: Asuntos como los préstamos de ajuste estructural (programas diseñados para ayudar a que los países se ajusten y capeen las crisis) y las cuotas del plátano (los límites que algunos países de Europa establecen a las importaciones de plátanos de países que no sean sus antiguas colonias) interesaban sólo a unos pocos. Se suponía que el FMI se concentraba en las crisis, pero los países en desarrollo siempre necesitaban ayuda, de modo que el FMI se convirtió en ingrediente permanente de la vida de buena parte del mundo subdesarrollado (En la Argentina se constituyo en el principal actor internacional, en términos de influencia y decisión de las políticas publicas, durante el periodo citado). El régimen político global y local neoliberal asumió el liderazgo en la promoción de estas políticas, en y "el consenso de Washington". El Foro Económico Mundial en Davos fue el lugar de promoción de la teoría y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización de Mundial de Coerció (OMC) se convirtieron en los principales implementadores del Consenso de Washington. Las dificultades económicas que enfrentaban todos los gobiernos partir de 1970 (en particular en el Sur y en la antigua zona comunista) hizo extremadamente dificultosa para esos estados, gobernados por antiguos movimientos antisistémicos, la resistencia a las presiones de "ajuste estructural" y apertura de las fronteras. Como resultado, se logró una limitada reducción en los costos de producción mundiales, pero el éxito fue mucho menor de lo que esperaban los promotores de semejantes políticas, y muy por debajo de lo que era necesario para terminar con la reducción en el margen de ganancias. Más y más, los capitalistas buscaron aumentar sus ganancias en el área de la especulación financiera antes que en la de producción. Tales manipulaciones financieras pueden dar como resultado grandes ganancias para algunos operadores, pero volatilizan la economía-mundo y la someten a los cambios de cambio monetario y de empleo. Éste es, de hecho, una de las señales del aumento del caos.] …El dramático ataque de Osama bin Laden a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001 fue una señal del caos global y del punto de inflexión en los alineamientos políticos, donde la Argentina asumió una posición soberana e independiente, para comenzar la reconstrucción después del estallido social.





[1] www.cels.org.ar/common/documentos/protesta_social.pdf, 18 nov. 2002 - Documento en formato PDF, elaborado por el centro de estudios legales y sociales (CELS), actualizado al 1º de marzo de 2002
[2] Carlos Gervasoni, Crisis política y crisis financiera en el Gobierno de la Alianza en la Argentina (1999-2001) Universidad Católica Argentina / Universidad Torcuato Di Tella / Universidad del CEMA. Visiting Resource Professor at LLILAS/UT-Austin. October, 2002.

[3] Stiglitz Joseph, ‘El malestar de la globalización”, Editorial Taururs, Julio de 2002, Ciudad de Buenos Aires

martes, 4 de agosto de 2015

LA COYUNTURA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA CRISIS DE 2001 (SERIE) (2da. parte)


Nunca un gobierno argentino se desgastó tanto en tan solo dos años de gestión como el de Fernando de la Rúa. Al momento de renunciar a su cargo de presidente de la Nación Argentina, la imagen positiva de de la Rúa era sólo 4%[1]. De esta manera, en la Argentina se verificó una tendencia que indicaba que en los países que habían aplicado políticas neoliberales emergentes del Consenso de Washington[2], e incurrido en crisis financieras, ya al borde de la cesación de pagos, era casi inevitable la caída del gobierno (Ecuador, Indonesia, Malasia, etcétera) ante la imposibilidad de manejar sus consecuencias[3]. Todo esto se debe a que la ideología dominante en los noventa se ha orientado desde los países desarrollados hacia los países emergentes, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados, la expansión del capitalismo financiero (En el “todo vale de los noventa” -frase de Stiglitz-[4]). Si bien Gervasoni presenta una hipótesis y un modelo teórico, su trabajo se centra en colapsos financieros de países en vías de desarrollo-de distintos perfiles que los que coinciden con caídas de gobierno, como el caso del gobierno de la Alianza-, haciendo énfasis y exponiendo que las “crisis financieras”, son eventos frecuentes en el mundo. Gervasoni ejemplifica haciendo foco en el periodo (1997-2001),  señalando una diversidad de países: del sudeste asiático, latinoamericanos y europeos, euro-asiático (Tailandia, México, Rusia, Corea del Sur, Brasil y Turquía). Sin embargo, podemos distinguir que no en todos los casos mencionados sucedieron los mismos incidentes, ni tuvieron las mismas consecuencias políticas: por ejemplo aunque todas las monedas mencionadas fueron depreciadas, solo en Rusia se produce un default de la deuda, y no necesariamente en estos países caen los gobiernos, que por otra parte poseen distintos sistemas políticos.
Podemos mencionar de paso, que el desgaste del ex presidente De la Rua, que también afectó a buena parte de la dirigencia política del país, tuvo su primera expresión en el bajo nivel de voto positivo de las inmediatamente posteriores elecciones legislativas del 14 de octubre de 2001 (CARTECO Noviembre de 2001), donde casi 40% del padrón optó por anular su sufragio o votar en blanco. El caos político en que cayó el gobierno no sólo se manifestó en la violencia de los saqueos y en la presencia masiva de gente en las calles, desafiando el estado de sitio y mostrando una desobediencia civil inédita [Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una dicotomizacion del espectro político local a través del surgimiento de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas… Las peticiones se van convirtiendo en reclamos…A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen una subjetividad social más amplia, denominaremos demandas populares, comienzan así a construir al “pueblo” como actor histórico potencial. Aquí tenemos en estado embrionario, una configuración populista[5]] la resistencia de las Fuerzas Armadas a distribuir alimentos entre los sectores más pobres de la población (que habría sido solicitada por el Presidente) y, fundamentalmente, en la falta de políticas para atender la emergencia, que luego de las varias sucesiones provisionales[6]-en el marco del sistema presidencialista de los países latinoamericanos[ Como comentario general, se puede señalar que de los 18 regimenes presidenciales latinoamericanos que califican como democracias o semi democracias 8, es decir 44%, experimentaron renuncias o destituciones de presidentes][7]-, pudieron ser implementadas por Eduardo Duhalde, a partir de su designación por parte del Poder Legislativo. [ …la vorágine en que se sumergió el país desde 2001 por lo menos hasta mayo de 2002…corralito, resistencia social, estado de sitio, estallido social generalizado, sucesión de autoridades, cesación de pagos, devaluación, depresión continuada, inflación y sobretodo, indignación y perplejidad generalizada[8]].




[2] El Consenso de Washington incluye estos 10 puntos: 1. Disciplina presupuestaria de los gobiernos. 2. Reorientar el gasto gubernamental a áreas de educación y salud 3. Reforma fiscal o tributaria, con bases amplias de contribuyentes e impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado. 5. Tipo de cambio competitivo, regido por el mercado. 6. Comercio libre entre naciones. 7. Apertura a inversiones extranjeras directas. 8. Privatización de empresas públicas. 9. Desregulación de los mercados. 10. Seguridad de los derechos de propiedad.
[3] Gervasoni, Carlos, “Crisis política y crisis financiera en el Gobierno de la Alianza en la Argentina (1999-2001), UCA/UTDT, UCEMA, Visiting Resource Professor at LLILAS/UT-Austin, October 2002. (Gervasoni tiene como objeto plantear hipótesis y presentar evidencia empírica preliminar sobre el impacto de factores políticos en la génesis de las crisis financieras en los países en desarrollo)
[4] Stiglitz Joseph E., “Los felices noventa, la semilla de la destrucción”, Capitulo 6, Pág. 183, Ed. Taurus, Buenos Aires, 2003
[5] Laclau, Ernesto, “La razón populista”, capitulo 4, “El pueblo y la producción discursiva del vacío”, algunos atisbos ontológicos. Fondo de Cultura Económica, México, 1996
[6] Hopenhayn, Benjamin y Barrios Alejandro, “Las malas herencias”, Capitulo 4, Pág.135, Fondo de Cultura Económica, Noviembre, 2002, Buenos Aires [Luego de la profunda crisis institucional de fines de año 2001 y de la renuncia del ex presidente De la Rua, el Congreso Nacional decidió por mayoría, para completar el periodo inconcluso, los sucesivos recambios presidenciales: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Caamaño y finalmente (¿) Eduardo Duhalde]
[7] Mustapic, Ana María, “America Latina, las renuncias presidenciales y el papel del Congreso”, en Política, Vol.47, Pág.59, Universidad de Chile, Santiago de Chile (2006)
[8] Hopenhayn, Benjamin y Barrios Alejandro, “Las malas herencias”, Capitulo 4, Pág.121, Fondo de Cultura Económica, Noviembre, 2002, Buenos Aires

miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL RIESGO DEL SALTO AL VACIO Copyright Diario Registrado


El fenómeno de “la crisis económica, política y social” se incorpora oficialmente en la agenda de nuestro país, después de la denominada “Crisis de la Convertibilidad”, y vuelve a posicionarse con fuerza como tema de debate, remarcándose su asociación a los pedidos de desregulaciones, y merma de controles e intervenciones del gobierno. Desde 1994 las crisis financieras se incrementaban: México, Tailandia, Malasia, Indonesia, Corea del Sur, Rusia, Ecuador, Brasil, y en 2001 Argentina. La relevancia actual de analizar la crisis 2001, adquiere un interés inquietante cuando regresan a la arena los protagonistas de aquella, con las mismas propuestas. Todo esto se debe a que la ideología dominante por cuarenta años se ha orientado desde los países desarrollados, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados, y la expansión del capitalismo financiero (En el “todo vale de los noventa” (frase de Stiglitz). En este entendimiento, la situación financiera internacional se ha configurado desde 2008 como un emergente del avance de “lo financiero” sobre lo político-igual que en Argentina 1990-2001, y  los actores a cargo dan cuenta de ello.
En este marco, encontramos que la diferencia para resolver los desequilibrios en los países desarrollados y emergentes han perjudicado en mayor medida a estos últimos, y esto responde en parte a la decisión de subordinar las políticas publicas a 9 de las diez reglas del Consenso de Washington[1], por ejemplo, en la Argentina, dejando paso a que los organismos multilaterales de crédito, la tecnocracia y las “mejores practicas del mercado”, se trasformen en el rumbo aceptado. Los avances registrados en las tasas de crecimiento del PBI durante los noventa, se vieron contrastados con el aumento de la desigualdad y la pobreza, debido al endurecimiento de las exigencias de los organismos y lo que he denominado “el entorno neoliberal”[2]. El tema ha tomado especial protagonismo desde el inicio del nuevo milenio en la Argentina, aunque fue perfeccionado cuando supero las fronteras de los países emergentes, para concernir a los países desarrollados,  lo que elevó la incertidumbre de los países mas ricos desde 2008. La Argentina en 1998, asumió el papel de “mejor alumno del FMI”[3], no resguardando sus intereses nacionales, y adaptando sus políticas a los requerimientos del Consenso de Washington, una década antes de ingresar al mayor default de la historia mundial. Los riesgos no han menguado, algunas propuestas del arco opositor proponen reediciones de experiencias que merecen una respuesta académica de los cuadros del oficialismo.




[1] El Consenso de Washington incluye estos 10 puntos: 1. Disciplina presupuestaria de los gobiernos. 2. Reorientar el gasto gubernamental a áreas de educación y salud 3. Reforma fiscal o tributaria, con bases amplias de contribuyentes e impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado. 5. Tipo de cambio competitivo, regido por el mercado. 6. Comercio libre entre naciones. 7. Apertura a inversiones extranjeras directas. 8. Privatización de empresas públicas. 9. Desregulación de los mercados. 10. Seguridad de los derechos de propiedad.
[2] Tigani, Eugenio Pablo, FMI, BCE, Fed, Treasury US, políticos funcionales al marco teórico neoliberal, corporaciones internacionales , banca privada de inversión y comercial, calificadoras de riesgo, nuevos profesionales físicos, matemáticos, y sus nuevos productos derivativos financieros ofrecidos por Wall Street, lobbistas de la desregulación de los mercados contratados por las corporaciones para representar grupos de presión privatizadora en los Congresos, mercados financieros internacionales-bolsas de valores-fondos de inversión, capital de riesgo, private equity funds, hedge funds, fondos mutuales de pensión, fondos buitres, corredores de cambio, fijadores de tasas de interés y cambio-arbitrajistas-, sistema financiero en las sombras, comisión de valores, especuladores, universidades formadoras y promotoras ideológicas, buffetes de abogados top, economistas funcionales, consultores de alta dirección extranjeras y locales, etcétera.
[3] IMF (International Monetary Fund), WBG (World Bank Group) Boards of governors annual meetings, Washington, D.C., Press Release No. 5, October 6 - 8, 1998, Statement by the Hon. CARLOS SAUL MENEM, President of the REPUBLIC OF ARGENTINA, at the Annual Meetings of the Boards of Governors of the International Monetary Fund and the World Bank Group

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Europa se movilizó contra la crisis y los planes de austeridad


Hoy un gobierno debe intervenir y corregir los problemas, sin tomar en cuenta los efectos en el largo plazo. "El largo plazo esta en crisis". En Argentina quedo demostrado que la voluntad política y el estado, son dos herramientas claves para resolver los problemas económicos en "estos tiempos". En un mundo con alta conflictividad social y financiera, maximizar el bienestar general, sigue siendo la "estrategia económica y política" en Argentina, esta bien. En Argentina, a contramano del mundo, se da por descontada la necesidad del estado por sobre la mano invisible del mercado a la hora de asignar recursos.
El principal riesgo europeo es que con una dinámica paralizante y países sin estado, terminen asfixiando también la iniciativa privada. Para los años 2013/2014, las perspectivas que nos brinda el mundo desarrollado sin EEUU, es: de modesto o nulo crecimiento, a menos que rectifiquen el rumbo 180 grados. Veo muy pobre el crecimiento mundial de 2013, teniendo en cuenta que alrededor del 70% de la tasa de crecimiento-en forma directa e indirecta-lo explican EEUU y Europa.
A la larga, las recesiones, por insuficiencia de la demanda, tienen efectos colaterales que terminan dañando la oferta agregada potencial. Hoy Europa con sus políticas neo liberales de "salvemos a los bancos"; tiene "cero" chance de estimular la demanda y el nivel de actividad. Tras veinte años de abusar de la híper libertad incondicional de los mercados, los costos del Consenso de Washington están destruyendo los incentivos de inversión en la prospera Europa; una ironía.
Es factible que en dos o tres años, los gobiernos de países desarrollados, cuando la conflictividad social alcance el limite, terminen interviniendo y estatizando algunas empresas como fue el caso de EEUU con GMAC o Chrysler. Ambas potencias, Europa y EEUU, sufren la pérdida de competititividad. Es probable también, que los gobiernos de los países desarrollados traten un día no muy lejano,  de compensar sus déficits con medidas intervencionistas de otro signo-no financieras-. Aclaro esto de intervencionista de otro signo, porque “viven” tomando medidas intervencionistas hace cuatro años, pero a favor de los bancos y en contra de la gente. Hoy el cierre de las economías ricas del mundo luce lejano, pero recuerde; será una estrategia de mayor proteccionismo lo que asegurara más actividad y empleo, en algún mes de los próximos años. El proteccionismo podía ser una estrategia efectiva en una Europa con altísimo desempleo. Como decía, insólitamente los gobiernos europeos siguen intentando con medidas recesivas de toda índole, en lugar de estimular la demanda doméstica y realizar asociaciones pro asiática, como propuse en mi libro EQUAL.
¿Recuerda mis artículos pasados, abogando a favor de tasas bajas y expansión monetaria? Hoy las "tardías" políticas tendientes a expandir el crédito en Europa, resultan menos efectivas para estimular un mayor consumo. El deterioro de las expectativas de los consumidores y la incertidumbre hacen que la expansividad, hoy no impacten en la demanda de crédito de consumo. También la demanda de crédito para inversión y el "clima de negocios" se están dañando, fuertes y simultáneamente en estas semanas en Europa. Por más que el BCE aumente más y más la oferta de crédito será difícil que aumente la demanda de crédito para lidiar con semejante conflictividad social. La huelga de ayer, abre el debate sobre la necesidad de cambiar de rumbo 180 grados.

 

martes, 1 de mayo de 2012

#82 años, de politica económica


Durante los años posteriores al "crack del 29"-año coincidente con el nacimiento de otro"crack", a su derecha en la foto-, la política económica consistió primordialmente en instrumentar políticas públicas expansivas con el objeto de estimular la demanda agregada. La política fiscal tenía un papel sobresaliente, era la clave para apuntalar la demanda agregada. Aplicar una política de expansión del gasto a través de obras públicas, aumentos de las nominas de personal, refuerzos de salarios, programas sociales; era lo mas frecuente.
Como el énfasis estaba puesto en la restricción de la demanda, el trabajo de los hacedores de política consistía en incentivar la demanda, y no se hablaba todavía de la oferta agregada. La polémica universitaria transitaba acerca de si era la política fiscal o la monetaria la más efectiva a la hora de estimular la demanda agregada, incluso se machacaba sobre cual era el multiplicador mayor. Eran tiempos en que predominaban las voces de Paul Samuelson y John Kenneth Gailbraith, discípulos de Keynes.
A mediados de los setenta, surgen los monetaristas quienes vienen a ponerle límite al uso de políticas expansivas de estímulo a la demanda agregada. Edmund Phelps y Milton Friedman incorporan a  la perorata el concepto de la oferta potencial, así es como esta corriente convence a los gobiernos, que las economías tienen una tasa de crecimiento natural a la que pueden crecer sin generar inflación cuando alcanzan el pleno empleo. Los monetaristas acometen al mundo entero sumando y nutriendo discípulos con un estilo corregidor e inmodesto. Esos nuevos semidioses vienen a sostener en forma “incuestionable”, que mantener el crecimiento económico con políticas expansivas constituye un error. Que no se puede crecer a un ritmo superior a esta entelequia de “la tasa de crecimiento potencial”.
Mas tarde se sumaría Robert Lucas,-otro semidios-con la teoría de las expectativas racionales, a través de la cual aseguraba que los operadores iban a “descontar futuro”, instalando como otro error mas, el hecho de pensar que con políticas expansivas se puede crecer sin generar inflación.
Es interesante que en los EE.UU., acaba de demostrase que luego de 4 años de políticas extravagantemente expansivas, habiendo crecido el PBI-aunque en forma moderadamente incremental-, la inflación aun no amenaza. En 2011 el promedio de la tasa de crecimiento mundial ya crecia a la tasa potencial; o bien reconozcamos que entre 2003-2007 se crecio por encima de la tasa potencial y no hubo escalada inflacionaria.
A fines de los setenta las economías estaban en “estanflación” (recesión con inflación). El aumento exponencial del precio del petróleo-en 1973 y 1979-con la cartelización de la OPEP, tenía “todo que ver”, más allá que Friedman y sus discípulos tratarían de desviar la atención hacia los “excesos expansivos”.
Sin embargo los políticos de todo el mundo influidos por los “Chicago Boys” y sus adherentes-una presunta casta privilegiada de profesionales-; deciden cambiar sus estrategias económicas concediéndoles lugar a sus teorías y convocándolos para el gerenciamiento.
En EE.UU., a principios de los ochenta, un hombre de dos metros de altura con un habano en la mano (Paul Volcker) ponía en marcha un programa de estabilización brutal. Subiría la tasa de interés al 20% anual con el pretexto de eliminar el exceso de demanda por sobre la oferta potencial y de ese modo bajar la tasa de inflación. Como aplicando políticas restrictivas se había logrado contener la inflación, las Universidades de Chicago y Minnesota, mas una extraordinaria estrategia de marketing vivificó la corriente “conservadora-neo liberal”, y la macroeconomía entraría en una etapa donde comienza a interesar menos la demanda agregada que la oferta agregada. Las políticas públicas adquieren un “rol político neo conservador”. Recuerde a Ronald Reagan y Margareth Tatcher. También en países emergentes se aplico este enfoque económico, con la asistencia de sistemas políticos totalitarios en algunos, en otros se apelo a la cooperación de una clase política seducida y encaminada a abandonar los intereses regionales. Uno por uno con la colaboración de los organismos multilaterales de crédito-instrumentos claves del cambio de paradigma-.
A partir de entonces cualquier aspiración de aplicar políticas expansivas comenzara a ser objeto de sospechas socialistas o populistas, y solo estarán bien vistas las políticas contractivas, argumentando que la economía esta operando por encima de su tasa de crecimiento potencial o directamente “recalentada”.
Surgen en esta etapa economistas venerados por sus acólitos y premiados por la Real Academia Sueca. Hacen sus presentaciones como “majestuosidades exóticas”, el licenciado en historia Robert Lucas, los economistas neo clásicos Neil Wallace, Tom Sargent; el licenciado en matemática Ed. Prescott y el físico Bob Barro. Es entones que queda demarcado un tiempo académico y político inmoderado y pertinaz, entre 1980 y 2008, el período denominado por sus “fans” como “La Gran Moderación”. Los economistas entusiastas de este enfoque predominante decidieron que lo prioritario era que las políticas públicas tuvieran un rol estabilizador, nunca contra cíclico en términos de enfrentar una recesión fuera de los EE.UU.
Comienza el periodo del doble discurso, la receta económica para EE.UU. y otra fórmula estupenda para del resto del mundo. En esta etapa es que los académicos "le dan soporte" a los políticos y militares gobernantes, más que nunca en la historia contemporánea. Los hacedores de política económica se subordinan porque entienden que resistirse no es una opción. Desde entonces las políticas expansivas comienzan a ser “siempre” inapropiadas, porque conducen a la inflación. Así es que en lugar de evitar que las economías entren en recesión aplicando políticas expansivas, los hacedores de política económica empiezan a imponer el objetivo de “la estabilidad de precios”. De esa manera los tecnócratas físicos-matemáticos pasan a ser la clave de cualquier gobierno “serio” para administrar las políticas fiscales y monetarias que con el fin de moderar la inflación; serian funcionales para establecer un sistema hegemónico que se iría consolidando hasta llegar a principio de los noventa, al Consenso de Washington. La instrumentación de las políticas públicas comienza a implementarse argumentando la necesidad de minimizar el desvío entre el PBI efectivo y el PBI potencial. Empieza a instalarse la idea de lo importante que resulta la coordinación de las políticas fiscales y monetarias-preámbulo de la eurozona-, y se les impone a los gobiernos la necesidad de tener un “Banco Central independiente”.
En términos simples, la cosa pasa por manejar toda la política desde la economía, para maximizar los beneficios de la actividad financiera, manteniendo una tasa de inflación baja y estable. La etapa de la Gran Moderación constituye entonces, una época de la historia de la humanidad en que el PBI creció en forma acometedora, aunque los habitantes del planeta no mejoraron en forma proporcional, ni justa-el PBI per capita no representa en absoluto la realidad de la distribución de la riqueza-. Los bolsones de pobreza extrema se atomizaron en el mundo en forma inversamente proporcional a la concentración de la riqueza. Definitivamente, se concentró el señorío de lo económico por sobre lo político, cuando aumentó el rol de la política monetaria como instrumento de poder de la política económica internacional.
La crisis de 2008 fue el resultado de los excesos permitidos durante 35 años. La desregulación y abolición de los controles que se fueron produciendo en forma creciente, llegarían a su fin con el desbarajuste de Wall Street. Es luego de la crisis de Lehman Brothers cuando se hizo patente e  imprescindible un blanqueo de la situación, con el objeto de poder aplicar políticas expansivas que evitaran un fin trágico del fundamentalismo financiero. A punto estuvo el sistema estadounidense, que no se pudieran expender billetes por sus cajeros automáticos.
Retomando la noción, fue así como con el fin de apuntalar la demanda agregada los responsables del gobierno aplicaron una política monetaria extravagante y Lord John Maynard Keynes dejo de ser ese monstruo socialista. La FED llevo la tasa de interés nominal a casi cero y aplico políticas monetarias como compra de activos tóxicos, compra de títulos públicos, otorgamiento de súper préstamos a los bancos y otras creatividades.
Hay que decir que los presuntuosos mecanismos exaltados en la etapa de la Gran Moderación, en esta etapa ya no se mueven. Queda claro que lo que fue necesario para moderar la caída libre de la economía, ha sido aplicar una política monetaria súper expansiva, complementándola con una política fiscal expansiva hasta los topes del endeudamiento; es decir, volvimos a la receta Keynesiana que ya una vez había sacado al capitalismo de la Gran Depresión.

viernes, 6 de abril de 2012

#EsoEsUnaMentira



¿Recuerda? - “Eso es mentira, somos pobres”-.
Es indudable que Sudamérica es la zona de mayores reservas de elementos fundamentales para satisfacer las necesidades humanas: alimentos, agua, energía y materia prima en general. Otras zonas del mundo han agotado sus posibilidades de producción alimenticia y de provisión de materias primas, o no son aptas para la producción de estos factores fundamentales. Llevamos una ventaja inicial, pero precisamente es esta circunstancia favorable la que constituye nuestro mayor desafío. Nunca han faltado antes intentos para agrupar esta zona del continente en una unión de países; pero hasta la constitución del Unasur, debemos reconocer que nunca se había logrado un progreso político de tamaña magnitud. Inclusive durante la década pasada, nuestros países habían vivido respondiendo a las decisiones que tomaban  los países centrales con respecto a nosotros, pero lo hacíamos por no tener una unidad como la actual, que nos pudiera conducir a un puerto seguro. No estoy pensando en que Sudamérica vaya a imponer objetivos extra continentales a las potencias en los próximos tiempos, pero si pudiera permanecer en este espíritu de “hacer lo que le conviene a nuestra región”, como en los últimos años, posiblemente podría usufructuar no solo de los logros alcanzados, sino de un potencial aun inexplorado pero previsiblemente extraordinario. Perón, Vargas e Ibáñez estuvieron en esta idea de unir nuestros países y realizar la alianza tan pronto estuvieran en el gobierno (años 40/50). Varias décadas mas tarde, los esfuerzos de los patrocinantes del Consenso de Washington hicieron titubear a un empresariado que se vio tentado aun a dejar atrás los avances realizados durante los primeros años del Mercosur. En los 90’ una clase política timorata y poco virtuosa, fue funcional a ese tipo de modelo que se había asimilado en muchos de nuestros países. Pero esto no es nuevo, como mencionaba anteriormente, desde Perón, Vargas  e Ibáñez, o aun antes; desde los albores de los países latinoamericanos, la influencia europea y norteamericana ha perjudicado primeramente la cultura, y como consecuencia la integración política, económica y social de nuestros países. Hubo antes períodos históricos como el presente, en los que domino la necesidad de acercar nuestros proyectos nacionales, ampliando los negocios regionales. No obstante el repaso de los esfuerzos realizados nos sugiere la necesidad urgente de construir una “identificación regional”, que conceda que se sellen aquellas herencias ilustres, con esta efectiva oportunidad histórica.

lunes, 14 de febrero de 2011

Panorama mundial

En el mundo continúan vigentes las divergencias sobre la política monetaria y fiscal, los tipos de cambio, y los desbalances globales del comercio. La estabilidad financiera depende de la consolidación de la recuperación mundial; las entidades tienen que prestar y este nivel de actividad no es genuino.

La administración Obama presento el Proyecto de Ley de Finanzas (un presupuesto con 7% de déficit fiscal en 2012), que profundiza la tendencia del desbalance global.
China, seguirá aplicando su modelo productivo y exportador, aprovechando la debilidad del sistema global actual en términos de comercio y tipos de cambio, para seguir ganando mercados, al tiempo que desarrolla un poderoso mercado interno. Si bien el renminbi chino esta lejos de convertirse en la moneda de reserva, el Vice Primer Ministro desafío a Washington, diciendo que el “patrón dólar” no refleja la actual situación internacional.
Las potencias económicas globales siguen aplicando estímulos monetarios y fiscales, pero no hay acuerdo en reducir los actuales desequilibrios de cuenta corriente y controlar los movimientos de divisas, ni definir el rol que las monedas deben desempeñar en este nuevo escenario.
La ronda Doha de negociaciones multilaterales sobre el libre comercio parece extinta y, aun ahora los países implementan controles de capitales para abordar la volatilidad de los flujos financieros y la inversión extranjera directa.
No existe consenso y a la vez falta vocación para reformular la regulación y supervisión de las instituciones financieras y el sistema monetario internacional; mucho menos para reasignar el papel central que hoy tiene el dólar.
Muerto el Consenso de Washington, crecieron las dudas de los países que acompañaban (ex lideres), porque luego de la crisis mundial, el libre mercado fracaso en su tarea de asegurar la prosperidad de largo plazo. En todos los continentes, esto también luce como una amenaza a la estabilidad política, y pone sombras sobre las respuestas posibles que demanda el actual nivel de injusticia social mundial. Ni aun los gobiernos autocráticos como el de Egipto se salvan de dar cuentas por los resultados de la economía en los aspectos sociales. Las potencias occidentales ya no tienen el consenso político nacional y los recursos financieros para avanzar en temas de la agenda internacional. EE. UU., está polarizado políticamente, y en algún momento debe decir como hará para empezar a reducir su déficit fiscal, si es que quiere mantener su credibilidad. Europa intenta rescatar la eurozona doblando el fondo de ayuda, Japón no avanzo en las reformas estructurales, según las cuales podría frenar el declive económico de largo plazo. China, India y Brasil están concentradas en su propio desarrollo, y aun no lucen con la decisión de asumir las nuevas responsabilidades internacionales que demanda un liderazgo global.
En síntesis, el mundo esta suspendido como en una foto; y llegamos al punto donde no se ve claro como sigue la película. Peligroso, porque de estas inercias se han alentado las mas oscuras ambiciones y objetivos egoístas. Un mundo sin liderazgo, sin cooperación; es un sitio inestable y amenazante no solo para la economía y la política; sino para el futuro de la gente que vive en esta aldea global.