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domingo, 10 de julio de 2016

La economia Argentina, giro al pragmatismo?


Como siempre sostengo, no se puede analizar un gobierno neoliberal, desde un marco teórico populista. No cometerá esa necedad, quien durante catorce años tuvo que repetir que no era académico analizar un gobierno populista, desde un marco teórico neoliberal.
El Gobierno de Macri decidió aplicar una política fiscal expansiva y una política monetaria menos contractiva, con el fin de reactivar el consumo y el nivel de actividad, como aconseja cualquier manual. Comienzan a acelerarse las obras públicas, se lanza el paquete jubilaciones y blanqueo para todos y todas, reintegro a provincias del 15% de coparticipación y se acelera el endeudamiento provincial para gastar sin restricciones. “El miedo no es sonso”. Como venían los acontecimientos era impensable la elección de medio tiempo, una ciudadanía descontenta con la economía, se expresa en la urnas.
GIRO AL PRAGMATISMO KEYNESIANO
Ya no habrá reformas estructurales para corregir los desbalances macroeconómicos, difícilmente hubiesen sido viables socialmente. Vuelven los estímulos a la demanda doméstica K (Keynes, Kirchner y Kicillof), antes que se genere un desastre similar al que provoco el ex presidente De la Rua. Esta evidencia de política contra cíclica en períodos recesivos, puede dar lugar a una mejora de la demanda, si se decide bajar la tasa de interés, en forma consistente. Por ahora lo que existe es una extraordinaria inconsistencia fiscal y monetaria, impensable en un gobierno de este perfil.
No había opción que empujar la demanda doméstica y la actividad. En medio de tremenda recesión, llega una política fiscal súper expansiva para apuntalar la demanda y el nivel de actividad con aumento del gasto público financiado con endeudamiento creciente y blanqueo, más una política monetaria un poco menos contractiva, por ahora. Para ello se volvió al mercado financiero internacional, y se retomó el contacto con el FMI. En este momento hay interés, porque hay que recolocar nueve billones de dólares en bonos soberanos con rendimientos negativos, con la necesidad de obtener retornos que “salven la ropa”, y esto llevará a los inversores a demandar bonos como los que la Argentina no para de emitir, pagando alrededor del 7%. El conflicto con los fondos buitres representó un CEPO al endeudamiento externo; resolverlo nos costo carísimo. No por los negocios que pudo haber en el medio. Me refiero a que el costo financiero a valor nominal o absoluto será mucho mayor que el ahorro por la imperceptible de la baja de tasas del nuevo endeudamiento.
El gobierno optó por apuntalar la gobernabilidad, decepcionando a economistas propios, sindicados y acólitos. Hubo mal diagnostico y mala praxis, subestimaron el impacto inflacionario y la caída del PBI del primer semestre. Ahora intentan estimular el consumo para llegar a la elección de 2017. Ciertamente aumentó la probabilidad de que la actividad deje de caer vertiginosamente, no digo que repunte hasta 2017, aunque crezca algo, será con más inflación que Kicillof.
La economía acumula tres trimestres consecutivos de descenso, la variación del segundo trimestre anualizado oscila alrededor de 8% de caída del PBI. En materia de consumo del segundo trimestre los números resultaron aun peores.  Año contra año el segundo trimestre de 2016 muestra caída sideral en el consumo:
CAME -8.5%, electrodomésticos -17.2%, ventas en supermercados -6.2%. La confianza del consumidor se resintió fuertemente según la amigable  Universidad Di Tella, quien dice que su índice cae de (60.4 el 15/11/15) a (42.7 junio/16).
Las entregas de cemento caen -19.1% en el segundo trimestre, el índice construya -18.7%,  mientras la industria de la construcción cae -5.8%. En 5 meses con 50% de devaluación las exportaciones prácticamente no crecieron, comparado con el mismo periodo de 2015. Solo las importaciones cayeron 1.000 millones de dólares, como consecuencia de la recesión y el mayor valor del dólar. Dicho sea de paso,  la calidad de las importaciones en su composición representan lo peor posible: caen bienes de capital e insumos, y suben bienes de consumos y vehículos.
En los primeros meses del año también se aceleró la tasa de inflación, la meta de 20/25% anunciada por Prat Gay para todo 2016, ya fue alcanzada al cierre del primer semestre.
Si López no hubiera ayudado, las cosas estarían muy difíciles para el Gobierno.
La recaudación de junio muestra una caída real en junio de  -14% con año contra año con una inflación de 44%. A nivel Gasto, a los subsidios sociales y la reactivación de la obra pública, hay que sumarles la reparación a los jubilados. Este aumento permanente del gasto previsional hará imposible cumplir con el objetivo oficial de terminar el 2019 con un déficit fiscal primario "cero". Al contrario, Macri podría terminar el mandato con mayor déficit fiscal que el de gobierno precedente, ya que para amigarse las provincias recibirán un torrente de dinero destinado a un mayor gasto. Además las provincias ya colocaron en el exterior casi u$s 5.000 millones y van por u$s 2. 000 millones más, en los próximos meses. Únicamente esta semana se colocó deuda en el exterior por u$s 4.000 millones, la Nación coloco u$s 2.750, Salta u$s 300 e YPF u$s 1.000.
Pero, - ¿el mercado internacional seguirá financiando el creciente déficit fiscal de la Argentina? - ¿A que relación deuda/PBI quiere llegar el Gobierno de Macri? -
INFLACIÓN Y ATRASO EL TIPO DE CAMBIO
Con una política pública más expansiva es baja la probabilidad que el Gobierno pueda cumplir con la meta de inflación para 2017 también se dificulta el cumplimiento de las metas inflacionarias de 2018 y 2019.
La política fiscal expansiva financiada con endeudamiento externo y el blanqueo puede aumentar la tendencia a la apreciación del peso. Un previsible sobreendeudamiento en dólares para financiar el alto déficit fiscal en pesos, aumenta la influencia a la apreciación del peso. El  tipo de cambio vuelve a estar retrasado, difícilmente haya crecimiento vía exportaciones. Traspolando a promedios históricos de 1960 y 1980, el dólar tiene que valer $ 20/21.
ENDEUDAMIENTO CRECIENTE
Un nivel de déficit como el actual combinado con tasas de interés altas como las que paga la Argentina podría en poco tiempo  producir situaciones de insolvencia externa. La sostenibilidad debe darse desde la diferencia a favor entre la tasa de crecimiento del PBI y la tasa de interés de la deuda pública. Tasas elevadas y crecimiento bajo son un cocktail explosivo, recuerde que la Argentina fue a default con 56 puntos de Deuda a PBI.

La confianza internacional del mundo financiero comenzará a bajar muy pronto, de hecho ya se reciben consultas sobre la elección legislativa de 2017. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

LOS ECONOMISTAS TIENEN UN LIMITE INFRANQUEABLE



Lo repito cada tanto en las conferencias, pero producto de las políticas neoliberales en 2001, a punto estuvo la Argentina, de encaminarse a una revolución, fue así como primero llegaría la idea de realizar un cambio, con el fin de evitar la quiebra del sistema institucional. Los responsables del gobierno (políticos y economistas) no aplicaron políticas que dieran respuesta a las demandas que articulaban los movimientos sociales. Mas adelante, seria con las nuevas autoridades en un contexto de crisis general, que se adoptaron medidas que desarmaron el modelo económico existente, al tiempo que la declaración de “default”, rompió con el sistema financiero internacional privado (no con los organismos multilaterales de crédito), y se abrió una brecha de esperanza.
Las políticas de suspensión de ejecución de hipotecas, los mayores subsidios, los estímulos sancionados por el Congreso, hacían memoria de Lord John Maynard Keynes, quien dejó rápidamente de ser un teórico sospechado de cierta deformidad “socialista”, de aparente decadencia ideológica. Hay que decir que en buena parte, los mecanismos neoliberales, desde 2002 dejaron de estar presentes, permitiendo duplicar el PBI en una década, y generando 5.5 millones de puestos de trabajo-independientemente de los subsidios-, queda claro que se hizo lo necesario para moderar la caída libre de la economía (cuando en el ultimo trimestre de 2001 el PBI trimestral, se derrumbaba a una velocidad anualizada de mas de 30%). Para evitar el descalabro total, fue necesario aplicar una política monetaria ultra expansiva, complementándola con una política fiscal desinhibida hasta alcanzar el tope de la relación de endeudamiento (170 puntos del PBI), que actualmente es de alrededor de 45% del PBI (N. del R.: producto de lo que se dio en llamar, política de desendeudamiento, que no contempla el aumento nominal de la deuda-que por cierto creció, a una velocidad menor que el PBI-, sino la relación o cociente: Deuda/PBI).
Las crisis comienzan antes de hacer pico, la de 2001 ya afectaba fuertemente al sistema financiero, y también a la sociedad emergente de una recesión que conllevo 16 trimestres consecutivos de caída del PBI, y 17% de desempleo (luego superaría 22%), los discursos de los intelectuales que resistieron, recibieron poca atención, o fueron directamente descalificados irrefutablemente, ya que aun imperaba el “pensamiento único”.
Aun hoy es muy escasa la investigación de las Ciencias Económicas acerca de las verdaderas causas que provocaron la crisis financiera previa. Lo que luce indiscutible, es que en la Argentina los movimientos sociales establecieron un “limite”. Las demandas populares tuvieron un crecimiento exponencial y una incidencia decisiva, no solo en la articulación y ejecución de reclamos previos a la crisis, luego en el devenir, y posteriormente, influyendo en las políticas públicas, a través de una nueva dirigencia surgida desde sus filas. Como consecuencia del protagonismo de los movimientos sociales, la clase política tuvo que incorporar nuevos dirigentes con verdadero conocimiento de las demandas de la sociedad; y estos accedieron a cargos ejecutivos, presupuestos y gestión de políticas publicas; pero existe un problema irresuelto, los economistas que dan vueltas alrededor de los candidatos que miden, “no se enteran” que a una propuesta de ajuste le preexistirá un cerco que no se podrá traspasar. Es mejor que no lo intenten.


martes, 28 de octubre de 2014

"Econodisney" y los marcos teóricos de DIARIO REGISTRADO

Sin aludir a la teoría económica, a los marcos teóricos elegidos por los técnicos de un gobierno hay que respetarlos, cuando son respetables; pero hemos vivido bajo la sumisión a un “marco teórico” injusto, comprobando que esa “supuesta ley de gravedad” era solamente la encarnación de la voluntad de un poder al cual le convenía. (*Ver artículo 2006) hace clic:http://pablotigani.blogspot.com.ar/2006_07_01_archive.html

China ya es el número uno, si cambió la estructura de poder, habría que ir cambiando de marco teórico, especialmente en la enseñanza. La hipótesis que los mercados son eficientes y estables, ya es difícil de sostener a cuarenta años de estar parados en un excluyente “marco teórico”. Así pensamos muchos, y estamos escribiendo.

Enfrente nuestro esta el “status quo”; es decir, aquellos del pensamiento hegemónico aludido, que se oponen implacablemente al movimiento de reforma, argumentando que los cambios propuestos sólo tratan de sustituir una ideología ortodoxa y monetaria con otra, basada en ideas heterodoxas.

Tal vez lo que estos economistas han sugerido con respecto a la “heterodoxia” tenga sentido común, ellos saben que “los países serios” han perdido el rumbo, y esto ha quedado en evidencia. Aunque haciendo gala de su proverbial arrogancia, los protectores cerrados sugieren que para entender los méritos y defectos de un modelo que se intenta criticar, es necesario estudiar en detalle, dando a entender que los críticos no saben demasiado del asunto. Tratando de dar vuelta el disparo, dicen que Keynes fue un economista de sano escepticismo, que originalmente estudió matemáticas y no economía.

Hay que decir lo que sucede, existen estructuras de poder en la sociedad que prefieren gente “adoctrinada”, “adiestrada”, y eso es lo que promocionan o eligen. Paradójicamente, en una sociedad capitalista, justamente eso es, lo que no atrae emprendedores ni pensadores. Solo se entrena gente “formateada” que no haga demasiadas preguntas. Sabemos ya que se trata de “Ciencias Económicas” y no de economía, y también sabemos que un Licenciado o Doctor en Economía no es necesariamente un economista, y mucho menos un hombre de negocios. Pero en cualquier caso, la economía de la academia es de naturaleza teórica, y porque no, los departamentos universitarios, podrían ser el lugar adecuado donde el trabajo de transformación de esta biósfera se lleve a cabo.

Parece que después de las ponencias sobre el futuro de la reforma de los programas de economía, recientemente organizada por la “Sociedad de Cambridge para el Pluralismo Económico”, hubo una inmensa sensación de entusiasmo, muy bien fundado por las propuesta de los reformadores. Planes de estudios alternativos tales como el proyecto CORE, que hace hincapié en comenzar con la utilización de datos de la vida real, estudios de casos, e incorporación del rol de las instituciones en el cambio económico, ilusionan. Para mi es el enfoque más apropiado para la economía que se enseña en las maestrías MBA (donde asisten alumnos ejecutivos, emprendedores, futuros o actuales empresarios), donde el enfoque está dominado por la teoría tomada de los libros de texto, en lugar de las complejidades de las aplicaciones prácticas en la vida real. Como venimos diciendo en las universidades, el paraje es la gestión y la aplicación practica de lo que se aprende en el aula, lo que dominara la vida del estudiante fuera de ella, es un enfoque del mundo real lo que agrega valor. Las empresas del Estado, no pueden ser gestionadas por académicos keynesianos ni fridmaniacos. Investigar, crear, e impartir ejemplos concretos, trasmitir experiencias propias, es la tarea de un nuevo “profesor-practitioner”.

El propósito de la educación es enseñar a la gente a aprender y pensar por si misma. No podemos proponer modelos de referencia cerrada, porque eso solo sirve para formar gente que acata órdenes, y acepta sin cuestionar, supuestos inexistentes de cualquier orden ideológico. Fue eso mismo lo que excluyó a Bill Gates y Steve Jobs de la Universidad, sin mencionar a los intelectuales de las ciencias sociales que cambiaron la historia.

El punto es, si los profesores académicos de las ciencias económicas y de la administración, serán más fáciles de convencer, que los auto proclamados “macroeconomistas profesionales” que no vieron venir la crisis, quienes siguen ignorando que se necesitan reformas*.

martes, 1 de mayo de 2012

#82 años, de politica económica


Durante los años posteriores al "crack del 29"-año coincidente con el nacimiento de otro"crack", a su derecha en la foto-, la política económica consistió primordialmente en instrumentar políticas públicas expansivas con el objeto de estimular la demanda agregada. La política fiscal tenía un papel sobresaliente, era la clave para apuntalar la demanda agregada. Aplicar una política de expansión del gasto a través de obras públicas, aumentos de las nominas de personal, refuerzos de salarios, programas sociales; era lo mas frecuente.
Como el énfasis estaba puesto en la restricción de la demanda, el trabajo de los hacedores de política consistía en incentivar la demanda, y no se hablaba todavía de la oferta agregada. La polémica universitaria transitaba acerca de si era la política fiscal o la monetaria la más efectiva a la hora de estimular la demanda agregada, incluso se machacaba sobre cual era el multiplicador mayor. Eran tiempos en que predominaban las voces de Paul Samuelson y John Kenneth Gailbraith, discípulos de Keynes.
A mediados de los setenta, surgen los monetaristas quienes vienen a ponerle límite al uso de políticas expansivas de estímulo a la demanda agregada. Edmund Phelps y Milton Friedman incorporan a  la perorata el concepto de la oferta potencial, así es como esta corriente convence a los gobiernos, que las economías tienen una tasa de crecimiento natural a la que pueden crecer sin generar inflación cuando alcanzan el pleno empleo. Los monetaristas acometen al mundo entero sumando y nutriendo discípulos con un estilo corregidor e inmodesto. Esos nuevos semidioses vienen a sostener en forma “incuestionable”, que mantener el crecimiento económico con políticas expansivas constituye un error. Que no se puede crecer a un ritmo superior a esta entelequia de “la tasa de crecimiento potencial”.
Mas tarde se sumaría Robert Lucas,-otro semidios-con la teoría de las expectativas racionales, a través de la cual aseguraba que los operadores iban a “descontar futuro”, instalando como otro error mas, el hecho de pensar que con políticas expansivas se puede crecer sin generar inflación.
Es interesante que en los EE.UU., acaba de demostrase que luego de 4 años de políticas extravagantemente expansivas, habiendo crecido el PBI-aunque en forma moderadamente incremental-, la inflación aun no amenaza. En 2011 el promedio de la tasa de crecimiento mundial ya crecia a la tasa potencial; o bien reconozcamos que entre 2003-2007 se crecio por encima de la tasa potencial y no hubo escalada inflacionaria.
A fines de los setenta las economías estaban en “estanflación” (recesión con inflación). El aumento exponencial del precio del petróleo-en 1973 y 1979-con la cartelización de la OPEP, tenía “todo que ver”, más allá que Friedman y sus discípulos tratarían de desviar la atención hacia los “excesos expansivos”.
Sin embargo los políticos de todo el mundo influidos por los “Chicago Boys” y sus adherentes-una presunta casta privilegiada de profesionales-; deciden cambiar sus estrategias económicas concediéndoles lugar a sus teorías y convocándolos para el gerenciamiento.
En EE.UU., a principios de los ochenta, un hombre de dos metros de altura con un habano en la mano (Paul Volcker) ponía en marcha un programa de estabilización brutal. Subiría la tasa de interés al 20% anual con el pretexto de eliminar el exceso de demanda por sobre la oferta potencial y de ese modo bajar la tasa de inflación. Como aplicando políticas restrictivas se había logrado contener la inflación, las Universidades de Chicago y Minnesota, mas una extraordinaria estrategia de marketing vivificó la corriente “conservadora-neo liberal”, y la macroeconomía entraría en una etapa donde comienza a interesar menos la demanda agregada que la oferta agregada. Las políticas públicas adquieren un “rol político neo conservador”. Recuerde a Ronald Reagan y Margareth Tatcher. También en países emergentes se aplico este enfoque económico, con la asistencia de sistemas políticos totalitarios en algunos, en otros se apelo a la cooperación de una clase política seducida y encaminada a abandonar los intereses regionales. Uno por uno con la colaboración de los organismos multilaterales de crédito-instrumentos claves del cambio de paradigma-.
A partir de entonces cualquier aspiración de aplicar políticas expansivas comenzara a ser objeto de sospechas socialistas o populistas, y solo estarán bien vistas las políticas contractivas, argumentando que la economía esta operando por encima de su tasa de crecimiento potencial o directamente “recalentada”.
Surgen en esta etapa economistas venerados por sus acólitos y premiados por la Real Academia Sueca. Hacen sus presentaciones como “majestuosidades exóticas”, el licenciado en historia Robert Lucas, los economistas neo clásicos Neil Wallace, Tom Sargent; el licenciado en matemática Ed. Prescott y el físico Bob Barro. Es entones que queda demarcado un tiempo académico y político inmoderado y pertinaz, entre 1980 y 2008, el período denominado por sus “fans” como “La Gran Moderación”. Los economistas entusiastas de este enfoque predominante decidieron que lo prioritario era que las políticas públicas tuvieran un rol estabilizador, nunca contra cíclico en términos de enfrentar una recesión fuera de los EE.UU.
Comienza el periodo del doble discurso, la receta económica para EE.UU. y otra fórmula estupenda para del resto del mundo. En esta etapa es que los académicos "le dan soporte" a los políticos y militares gobernantes, más que nunca en la historia contemporánea. Los hacedores de política económica se subordinan porque entienden que resistirse no es una opción. Desde entonces las políticas expansivas comienzan a ser “siempre” inapropiadas, porque conducen a la inflación. Así es que en lugar de evitar que las economías entren en recesión aplicando políticas expansivas, los hacedores de política económica empiezan a imponer el objetivo de “la estabilidad de precios”. De esa manera los tecnócratas físicos-matemáticos pasan a ser la clave de cualquier gobierno “serio” para administrar las políticas fiscales y monetarias que con el fin de moderar la inflación; serian funcionales para establecer un sistema hegemónico que se iría consolidando hasta llegar a principio de los noventa, al Consenso de Washington. La instrumentación de las políticas públicas comienza a implementarse argumentando la necesidad de minimizar el desvío entre el PBI efectivo y el PBI potencial. Empieza a instalarse la idea de lo importante que resulta la coordinación de las políticas fiscales y monetarias-preámbulo de la eurozona-, y se les impone a los gobiernos la necesidad de tener un “Banco Central independiente”.
En términos simples, la cosa pasa por manejar toda la política desde la economía, para maximizar los beneficios de la actividad financiera, manteniendo una tasa de inflación baja y estable. La etapa de la Gran Moderación constituye entonces, una época de la historia de la humanidad en que el PBI creció en forma acometedora, aunque los habitantes del planeta no mejoraron en forma proporcional, ni justa-el PBI per capita no representa en absoluto la realidad de la distribución de la riqueza-. Los bolsones de pobreza extrema se atomizaron en el mundo en forma inversamente proporcional a la concentración de la riqueza. Definitivamente, se concentró el señorío de lo económico por sobre lo político, cuando aumentó el rol de la política monetaria como instrumento de poder de la política económica internacional.
La crisis de 2008 fue el resultado de los excesos permitidos durante 35 años. La desregulación y abolición de los controles que se fueron produciendo en forma creciente, llegarían a su fin con el desbarajuste de Wall Street. Es luego de la crisis de Lehman Brothers cuando se hizo patente e  imprescindible un blanqueo de la situación, con el objeto de poder aplicar políticas expansivas que evitaran un fin trágico del fundamentalismo financiero. A punto estuvo el sistema estadounidense, que no se pudieran expender billetes por sus cajeros automáticos.
Retomando la noción, fue así como con el fin de apuntalar la demanda agregada los responsables del gobierno aplicaron una política monetaria extravagante y Lord John Maynard Keynes dejo de ser ese monstruo socialista. La FED llevo la tasa de interés nominal a casi cero y aplico políticas monetarias como compra de activos tóxicos, compra de títulos públicos, otorgamiento de súper préstamos a los bancos y otras creatividades.
Hay que decir que los presuntuosos mecanismos exaltados en la etapa de la Gran Moderación, en esta etapa ya no se mueven. Queda claro que lo que fue necesario para moderar la caída libre de la economía, ha sido aplicar una política monetaria súper expansiva, complementándola con una política fiscal expansiva hasta los topes del endeudamiento; es decir, volvimos a la receta Keynesiana que ya una vez había sacado al capitalismo de la Gran Depresión.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Tea Party

De manera incomprensible, opuesto a la realidad, los miembros del “Tea Party” (una especie de hermandad o cofradía) y, algunos republicanos que votaron oportunamente el T.A.R.P.* de 700 mil millones de dólares; no sólo están en contra que se utilice la política fiscal para apuntalar la demanda agregada estadounidense, sino que se oponen a la idea que el estado tenga un rol estabilizador en el ciclo económico mediante políticas públicas.
Ahora la oposición aprovecha el revés que sufrió Obama en las elecciones parlamentarias. Para morigerar las coacciones, y entonces el gobierno está produciendo una ensalada de decisiones políticas que no marcan un rumbo claro, toma medidas inconsistentes, de diferente índole, tratando de conformar a todos.

Es obvio que lo más apropiado, con una economía débil, desempleo creciente (9.8%) y deflación, es aplicar políticas fiscales expansivas del gasto público y disminución de la presión tributaria; no obstante, en medio de la “trampa de liquidez” keynesiana, la FED vuelve a recurrir a una política monetaria mas expansiva. La impresión de billetes y bonos que ha puesto de moda EE.UU., es record en estos últimos tres años. La ultima jugada de la FED, a través de la compra de títulos estadounidenses a siete años, pretende inyectar liquidez con el objetivo de reducir las tasas de interés de largo plazo, ya que no puede reducir mas las tasa de interés de corto plazo. Vuelve la FED a la carga con la estrategia que genero la burbuja y luego la crisis, tratando de reforzar el gasto agregado vía crédito, apelando al “efecto-riqueza” (suba del precio de los activos de las familias y empresas)
Algún efecto pude ver en New York-aunque no es la media-, sobre la fecha de “Thanksgiving Day”. Si bien la política monetaria algún efecto vierte sobre el gasto agregado en la coyuntura, no es sostenible, y en el mediano y largo plazo no suma para remontar la demanda agregada y reducir el desempleo. Las familias, aún con algunas mejoras, no aumentaran significativamente sus gastos de consumo luego de Navidad, porque siguen estando endeudadas por encima de sus ingresos (120% Deuda Familias/Ingresos) y, preocupadas por reducir sus elevados niveles de asfixia crediticia. Recuerde que el “Tea Party” pregona: “Usted no tiene porque solventar con impuestos, el hecho que su vecino pidió un crédito para hacerse un baño nuevo y no puede pagarlo”.
A su vez, las empresas no se atreven a tomar crédito e invertir, dadas las perspectivas poco alentadoras de la economía de EE.UU.
En resumen, se revisa la recuperación, porque las amenazas que parecían disiparse, siguen vigentes.
*T.A.R.P.: (Troubled Asset Relief Program, un programa del gobierno de EE.UU., para comprar activos y acciones de instituciones financieras y fortalecer el sistema, hecho ley durante la administración Bush en 2008, en ocasión hacer frente a la crisis de las hipotecas o “subprime”)