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miércoles, 10 de noviembre de 2021

¿COMO ARREGLAR CON EL FMI EN 5 MINUTOS?

 

Por Pablo Tigani*



No es inteligente hablar de default, ni perspicaz hablar de “acuerdo o no acuerdo”. Salvo para quienes quieren manejar la agenda de Alberto Fernandez. La Argentina no está en default y se encuentra negociando, lo que estamos escuchando es lo que los intereses alineados con el FMI quieren difundir. Es así como se renegocia deuda.

Xi ha conversado sobre la inexorabilidad de la reunificación China-Taiwán, una amenaza que puede transformar la paz mundial, en potencial escenario de guerra. Ah pero en Argentina los macroeconomistas dicen que “no hay plan”. Como dice el inefable Alfredo Casero: “quiero flan”. Mientras tanto, los bancos centrales de los “países serios” aportan la mayor incertidumbre monetaria desde el final de la segunda guerra mundial, saliendo de una política extravagantemente expansiva. EE.UU. supero entre 2020-2021 en 25%-ajustado el dólar- el costo total del triunfo la segunda guerra mundial.

Remitiéndonos a Kant “tiempo y espacio”, “a priori y a posteriori”. Cuando se está renegociando una deuda no se revelan las verdaderas intenciones. La agenda de “saber qué pasa” es la del establishment internacional, no la de gente que “sabe cómo y qué se puede hacer”. Si queremos ayudar, dejemos a los que saben de finanzas, confiemos en quienes están a cargo de la negociación con Martin Guzmán. Los ultra kirchneristas deberían repasar que Néstor Kirchner no amenazó, ni creyó en el fin del mundo. Aguantó. Dejemos las consignas Trotskistas para Nicolás del Caño, porque con el FMI hacerse el Che Guevara no suma. Se va negociando y, cuando llega el vencimiento, si los dólares no están, habrá que ver qué pasa con la entidad que otorgó un préstamo enorme. La sorpresa no solo es un factor político clave, es la llave de una negociación financiera. Por el momento las noticias del mundo pasan por los submarinos que EE.UU. le vendió a Australia, Taiwán y su ministro de defensa que dijo que China estaría en capacidad de invadir la isla y el misil hipersónico con capacidad nuclear que disparó China  que dio la vuelta al mundo.

LOS 5 MINUTOS FATALES

El tratamiento de la cuestión “fondos buitres” fue sorprendentemente veloz. La velocidad de endeudamiento en 2 años fue record mundial. Brasil, Chile, México, Perú, Colombia, Venezuela y Uruguay estuvieron expuestos a las mismas falencias del régimen contractual internacional (peor calidad crediticia), sin embargo consiguieron el “grado de inversión” o Investment grade (Fuente: Juan J. Cruces en base a Institutional Investor magazine). Macri-Prat Gay, Sturzenegger, acordaron en 5 minutos, pero mal. No consiguieron calificaciones ni siquiera cercanas, no sufragaron menos de 7/8% anual (grado especulativo) 3.5/4 veces lo que pago el Gobierno populista, dirigista y estatista de izquierda de Evo Morales.  Económicamente, el beneficio de arreglar en 5 minutos no mejoró los costos nunca en 4 años. Según Cruces en 2013, si Kicillof mostraba voluntad de resolver el problema en términos razonables, reconociendo ciertos derechos de los litigantes, ni siquiera hacía falta pagar todo lo que pedían. Los resultados de litigios de hold outs mostraban que la mayoría pactaba (1976-2010) Fuente: Schumacher, Trebesch y Enderlein, 2014a.

Pero Macri-Prat Gay arreglaron en 5 minutos, y lo positivo se convirtió en negativo, la enorme capacidad de colocar deuda que brindaba un país con bajísimos niveles de endeudamiento (Dujovne), le permitió volver a los mercados financieros globales con una rapidez inusitada. En el primer año de Gobierno de Cambiemos  la colocación de deuda externa fue de alrededor de u$s 42 mil millones. Para cancelar los pagos trabados por Griesa 2014/15 unos u$s 3.000 millones, para pagarle a los fondos buitres u$s 8.700 millones. Al 15 de diciembre de 2015, la deuda total estimada con el sector privado y organismos multilaterales era de u$s 83.710 millones (20% del PBI; 13% del PBI con el sector privado, 7% del PBI con organismos internacionales), “cero con el FMI”, termin siendo 5.5% más del PBI, solo con los fondos buitres, llegando a un total de u$s 106.000; 31% del PBI en deuda intra sector publico- y 5.5% del PBI de LEBAC.

El enfoque ideológico que implicó el apotegma “volver al mundo” se convirtió en solo 2 años en un enemigo autogenerado al servicio del desastre de la política doméstica, muy bien aprovechado por el estrecho vínculo del equipo economico y los bancos e inversores internacionales, tras una década de desendeudamiento. Las visitas de Obama, Trump, Renzi, Hollande, Merkel, Macron y la fiestita propia del G20, nunca marcaron diferencia en términos de inversión y negocios para la Argentina.

POLÍTICA FISCAL Y MONETARIA

En el mercado de cambios se pasó de un sistema de tipo de cambio fijo con controles de capitales a un sistema de tipo de cambio con flotación sucia sin controles y una política monetaria autónoma (Prat Gay-Sturzenegger), derrumbaron el esquema de control y unificaron el mercado cambiario.

Desde el 29 de enero de 2016, en solo 33 días corridos se perdieron u$s 2.000 millones en reservas. Además se eliminaron retenciones a las exportaciones y subió el mínimo no imponible a las Ganancias, mientras aumentaron las tarifas eléctricas y de gas, en forma extravagante. Las tasas de LEBAC y el call se establecieron entre 36.5% y 38%, permitiendo una bicicleta jamás alcanzada. El BCRA acumuló pérdidas en el mercado de dólar futuro por más de $75.000 millones ($42.450 millones en diciembre 2015, $9.000 en enero 2016, y $25.000 en febrero 2016) por efecto de la devaluación. Contra su propia opinión el equipo economico apeló casi exclusivamente a una política monetaria contractiva sin corrección fiscal. Así resintió excesivamente el crédito y el nivel de actividad económica. El Gobierno comenzó su mandato con aceleración de la inflación y caída del nivel de actividad.

Si bien se fijaron metas de reducción gradual del déficit fiscal y de inflación, para 2016 se anunció una meta de déficit primario de 4.8% del PBI y una meta de inflación de 20/25%, que en realidad fueron 7.5% y 41% respectivamente. En otro orden de cosas, la inversión alcanzó apenas 14 puntos del PBI, el menor ratio de toda la región, y más bajo que en todas las recesiones anteriores. En materia de inversión-desde el comienzo-la administración Macri no pudo generar optimismo, sino todo lo contrario.  Como el PBI no creció, cayó la relación capital/producto. Asimismo, una parte del stock de capital se tornó menos productivo como consecuencia de la eliminación paulatina del subsidio necesario para la energía y del aumento del precio de oferta del gas para estimular producción-absolutamente innecesario-que afectó la competitividad de las industrias intensivas en gas. El año terminó con una caída de 2.3% del PBI, en lugar de crecimiento de 3.5% como había previsto el equipo económico. Un error de pronóstico de alrededor de u$s 30.000 millones, viajaron 5.7% del PBI.

El déficit fiscal y LA DEUDA EN LA ARGENTINA

Según el mismo estudio, el resultado final del sector público argentino (nacional + provincial + municipal) como porcentaje del PBI: 1961-2013, proporcionó un déficit promedio 1961-2013 de 4.2% del PBI (Juan José Cruces, Ph.D in Economics, University of Washington, rector de la Universidad Torcuato Di Tella). Entonces si quitáramos los 7 años de superávit y 3 años de bajo déficit del periodo kirchnerista, hubiésemos superado el 7% de déficit, incluyendo el periodo de convertibilidad. ¡Uf! -¿Un éxito fiscal el kirchnerismo?- Esto es data.

En todas partes, pero especialmente en la Argentina, la deuda pública históricamente detiene la acumulación de capital, coloca en riesgo la estabilidad del sistema económico y financiero, haciendo que resulte imposible administrar la política monetaria y más tarde es difícil evitar el estallido social (2001). Los elevados déficit gemelos record de 2017, a través de la deuda redistribuyeron la carga proyectada para el largo plazo y, se volvieron un grave inconveniente, al registrarse un vertiginoso acervo en solo 2 años. En diciembre de ese año se había alcanzado el máximo de  casi 3 décadas (alrededor de 13% del PBI).

Los sucesivos gobiernos se verán obligados a subir los impuestos o bajar el gasto primario para cancelar deuda. No obstante se alcance el equilibrio presupuestario, si los mercados y los organismos multilaterales de crédito accedieran al simple roll over (renovación permanente de la deuda), se debería colocar mas deuda para pagar los intereses sobre el stock, o la misma iría creciendo en forma consistente con la tasa de interés promedio que se vaya devengando.  

LA MENTIRA COMO CARÁCTER

Para cristianos y judíos La Biblia reprueba la mentira en cuanto refute y, especialmente cuando destruya la comunión basada en la fidelidad que la persona le debe a Dios y a sus semejantes. Este es el sentido del mandamiento: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”. También habla de la persona que es genuina, congruente, amiga y merecedora de confianza; Jesús dice sobre Natanael: “He ahí un israelita de verdad en quien no hay doblez”. La mentira es doblez, deslealtad, falsedad, hipocresía, etcétera. La autenticidad es la clave de un dirigente que construye su liderazgo con eficacia. Con hechos concretos que respaldan sus dichos, ya que el supuesto fundamental para producir credibilidad política o financiera consiste en que el orador que adquiera un compromiso lo cumpla, de modo que se pueda confiar en él. En el sector privado la franqueza es el recurso más fácilmente identificable para obtener vínculos con el mercado. Y se logra siendo consecuente lo más iterativamente posible con el cumplimiento de las promesas. “Los mentirosos no heredaran el Reino” (San Juan 8:44), pero además no deberían poder engañarnos otra vez.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

 

 

miércoles, 9 de junio de 2021

MEJORA DE INDICADORES MACRO Y LAS VACUNAS. LA REGIÓN ESTA EN LLAMAS

 




Llegaron los primeros 300 litros del componente activo para fabricar la Sputnik V y, mientras avanza el acuerdo con el FMI, la industria superó en 4.1% los niveles de actividad pre pandemia, el BCRA sigue comprando dólares (proyectando 6 mil millones de dólares en menos de 6 meses), cae el riesgo país debajo de los 1500 basis points, suben los bonos argentinos en dólares y los progresos incrementales. Ya en 2020 dos tercios de las necesidades  de dólares se cubrieron con  reservas, alrededor de u$s 6.300 millones, el  excedente de demanda de  dólares del sector privado se  financió con ventas de  reservas del BCRA, -alrededor de u$s4.200 millones-y, asimismo  no se quitó el ojo del cumplimiento de los pagos de la  deuda pública.

Los  pagos al FMI de septiembre y diciembre están siendo tratados en forma circunspecta y laboriosa por Martin Guzmán. Postergando los pagos de capital con el Club de  Paris y el FMI más otros desembolsos de organismos para refinanciar la totalidad de los  vencimientos, las reservas seguirán creciendo. A todo esto hay que sumarle más de u$s 4.300 millones de Derechos Especiales de Giro.

El mercado de cambios oficial está más despejado por el  aumento de la oferta de divisas, con lo cual el BCRA compra el superávit  comercial cambiario. Con eso alcanza para  pagar los vencimientos de deuda en dólares del Tesoro, para financiar  obligaciones del sector privado y comprar títulos con reservas  internacionales.

El equipo económico está enfocado en la coyuntura-como corresponde en un escenario VICA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad)-. El equipo de Guzmán actúa con gran profesionalismo y academicismo, tomando en cuenta los  límites que imponen las restricciones fiscales y monetarias. Esta hetero-ortodoxia viene siendo extremadamente más prudente que la ortodoxia extrema que le antecedía. Pero ahora llega el tiempo de volver a cambiar. El Gobierno aplicara controles y  regulaciones por la suba de los precios internacionales y locales. Es que la Argentina tiene un enfoque que obedece a los nuevos equilibrios, hasta el momento viene aplicando hetero-ortodoxia para corregir y estabilizar la macroeconomía. Pero claramente ha desistido de los planes de estabilización del antiguo FMI de Christine Lagarde, con el objeto de discontinuar el fracaso  económico y la estanflación en que quedó sumida la Argentina en 2019. El largo plazo post pandemia es una quimera en todo el mundo. Probablemente con un  equipo economico como el actual, el PBI potencial de la Argentina crecerá y saldrá de los problembocaas de oferta que incentivaron la desinversión productiva y están impulsando la inflación.

Los problemas estructurales ya no se resuelven con más Consenso de Washington, en ninguna parte del mundo. Hay que  repasar la visión del Presidente Joseph Biden, líder de la primera potencia del mundo libre. Ciertos exponentes del pensamiento único, deben hacer un esfuerzo intelectual y dejar atrás sus posiciones dogmaticas que no fueron confirmadas con evidencias empíricas como lo requería Milton Friedman: “si los supuestos no se verifican no hay validación teórica”.

Los programas de estudio no han contemplado el entendimiento del marco teórico keynesiano para salir de una crisis. No se trata de “Boca River o Libertad y Comunismo”, esas escenificaciones de café, carecen de rigor académico. Lord John Maynard Keynes ha sido el exponente más lúcido de la macroeconomía moderna, su enfoque teórico salvó al capitalismo cuando Europa marchaba al socialismo. Ya se había roto el primer eslabón según el marxismo (URSS), Inglaterra, Alemania, Francia e Italia lo podían seguir, porque la izquierda y el anarquismo crecían en forma vertiginosa. Alguien dijo, solo era cuestión de tiempo. Hoy Latinoamérica está en llamas volviendo al progresismo estadounidense más por necesidad que por virtud. Pero es el rumbo.

El Consejo de Asesores Económicos de Joseph Biden exterminó las políticas ortodoxas, reivindicó la inversión pública y el rol del Estado como instrumentos fundamentales para promover el crecimiento económico, el empleo y una distribución del ingreso y la riqueza más justa. Creado en la posguerra-durante la presidencia de Harry Truman, el Consejo Económico tiene la misión de asesorar al Presidente en forma racional en la formulación de la política económica, nacional e internacional. Según la definición oficial, el Consejo basa sus recomendaciones y análisis sobre la investigación económica y la evidencia empírica, utilizando los mejores datos disponibles para apoyar al Presidente en la fijación de la política económica del país. Pero no solo es EE.UU. Las principales economías del mundo llegaron a un acuerdo para implantar un impuesto mínimo global a las empresas multinacionales. Los ministros de Finanzas del grupo G7, acordaron luchar contra la evasión fiscal a través de medidas para que las empresas paguen en los países donde hacen negocios. También acordaron una tasa impositiva corporativa mínima global que será, en principio, del 15%. El acuerdo alcanzado por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá, Italia y Japón ejercerá presión sobre otros países para que sigan su ejemplo.

 

Después de la peor recesión global en décadas, ha quedado descubierta la inequidad fiscal y la desigualdad. Las diferencias del proceso de arribo de vacunas donde 11 países recibieron el 90% de los envíos no merecen mayores comentarios. Por otra parte la capacidad de sostener estímulos y apoyar la recuperación de las economías es diferente en grado sumo entre desarrollados y emergentes.

Necesitamos contextualizar.

El riesgo de profundización de la conflictividad social que venimos observando en Chile, Colombia y Perú, puede desbordar la ya ardiente zona Andina. La pandemia mundial está demostrando que el marco teórico político y economico hegemónico  del mundo no está pudiendo resolver las  demandas de la sociedad global.

En la Argentina donde el número de  contagios ascendió y los  fallecimientos por Covid-19 superaron todas las marcas anteriores, no es posible ignorar  los problemas sociales. Tenemos una historia. América Latina toda parece vivir más intensamente la crisis global, que coincide con su estancamiento económico y sus decepcionantes indicadores sociales. Las crisis en Chile, Colombia y Perú se dan en países con éxito en términos de tasas de inflación y crecimiento. La protesta que ha enfrentado Chile durante 18 meses fue moderada por el timing de la pandemia. Un conejo de la galera que le cayó al Gobierno de Piñera que estaba tambaleando. El problema economico-social devino político en Chile, la derecha fracasó en obtener un tercio de los constituyentes para poder vetar reformas constitucionales y la primera vuelta de la elección presidencial es más que aleatoria. La propensión a la izquierda crece. Al cierre de esta edición Pedro Castillo, maestro socialista llevaba la delantera. Colombia sufre las protestas violentas más importantes de las  últimas décadas (la guerrilla lleva más de 70 años, los paramilitares y los carteles del narcotráfico casi el mismo tiempo). Por más que sean citados por argentinos, nadie que defiende esas economías quiere vivir como se vive en esos países.

En la Argentina el Senado aprobó el proyecto para destinar al gasto social el  dinero de los derechos especiales de giro del FMI. La “proclama” del 25 de mayo firmada por alrededor de 2.000 dirigentes políticos y sociales, académicos, profesionales; tiene un claro mensaje: en medio de la pandemia: “los recursos son escasos y deben destinarse al gasto social”. Los indicadores sociales muestran un fuerte deterioro en 2020, profundizando la caída anterior 2015-2019 donde el PBI per cápita cayó 11% (Sturzenegger). Los datos del INDEC para el último cuatrimestre de 2020 arrojan  una pobreza infantil que alcanza al 62,9%.

La historia nos muestra la inviabilidad de encarar un ajuste

Los fenómenos que vienen sucediendo en Chile, Colombia y Perú, no son episodios aislados ni desconocidos. La Argentina en 1998, asumió el papel de “mejor alumno del FMI”, no resguardando sus intereses nacionales, y adaptando sus políticas a los nuevos requerimientos del Consenso de Washington, una década antes de ingresar en el mayor default de la historia mundial, en diciembre de 2001.

Los estallidos sociales con violencia tampoco son un hecho nuevo en América Latina. Nombres como el “Bogotazo” o el “Caracazo”, la revuelta popular que estalló en Caracas de 1989, momento en el que la protesta se convirtió en uno de los aspectos más característicos de la vida cotidiana en la capital de Venezuela son recordados como sucesos de fuerte conflicto político y social.

En la historia argentina son varios los episodios de conflictos y violencia social que han marcado hitos: la “Semana Trágica” primero. Medio siglo después, la expansión del movimiento político juvenil de la década del sesenta, el comienzo de la lucha armada, que se prolongo durante la década del setenta. La represión dura de 1969 durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, el “Cordobazo”, un hito y en alguna medida el inicio de la década más violenta de la Argentina. Luego el régimen instaurado en 1976 cuando que apunto a la desmovilización social y no hizo más que impulsarla de cara al futuro.

Retomando la línea de los estallidos, en 1989, ocurren los saqueos generados por la hiperinflación en Diciembre de 2001, pasada más de una década, afectaron nuevamente a la sociedad argentina.

Malo para la clase media

En 2001 la limitación del uso del efectivo, acentuaba la impotencia de las clases medias que ambicionaban comprar dólares para cubrirse de las contingencias futuras, y agravaba la insuficiencia alimentaria de los marginados, fue así que se ponía en marcha el cacerolazo. Entre el 13 y el 20 de diciembre de 2001, tuvieron lugar 461 saqueos, con un fenómeno que en magnitud supero al de 1989, pero que comparado, el desempleo era más del doble y la violencia social y la delincuencia se habían incrementado considerablemente, con lo cual la situación se fue haciendo más delicada. El ex Presidente De la Rúa decretó el estado de sitio.

Las condiciones socio-económicas fueron la causa principal del fenómeno de los movimientos sociales, que junto a la oposición oficialista, aceleró el proceso de deterioro del gobierno del ex presidente De la Rúa. Cuando la crisis se espiralizó; Domingo Cavallo diseñaba y anunciaba el famoso “corralito” bancario, y tras dos semanas de “corralito”,  con el efectivo retenido, comenzaron los saqueos y la desesperación. Estalló la violencia, que termino con 39 muertos; Fernando De la Rúa renunció y se fue en el ya célebre helicóptero presidencial.

Con las evidencias históricas y el actual momento regional y local descripto, proponer la contracción del gasto para pagar deuda, en lugar de expandirlo y reestructurar pasivos a largo plazo, violaría  cualquier manual de crisis y, en medio de la pandemia sería verdaderamente un disparate que este Gobierno no parece procurar.

(*) Profesor de Posgrado UBA y universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani en Twitter

 

 

A 20 AÑOS DE LA CRISIS 2001



Los fenómenos que vienen sucediendo en Chile, Colombia y Perú, no son episodios aislados ni desconocidos. Los estallidos sociales con violencia tampoco fueron un hecho nuevo en América Latina, en 2001. Nombres como el “Bogotazo” o el “Caracazo”, la revuelta popular que estalló en Caracas de 1989, momento en el que la protesta se convirtió en uno de los aspectos más característicos de la vida cotidiana en la capital de Venezuela – y que contribuyó a crear las condiciones políticas que llevaron a Hugo Chávez al poder en Venezuela- son recordados como sucesos de fuerte conflicto político y social.

En la historia argentina son varios los episodios de conflictos y violencia social que han marcado hitos. En el verano de 1919, tuvo lugar la llamada “Semana Trágica”. Durante los años de la Primera Guerra Mundial comienza uno de los periodos huelguísticos más importantes de la historia argentina. Este alcanza en 1919 el número de huelguistas y de huelgas más elevados en los cuarenta años del siglo, afectando casi el ochenta por ciento de la población obrera de Buenos Aires. La ola de huelgas coincidió con un periodo de aumento del costo de vida y una disminución del salario real, que alcanzaba, en ese mismo periodo, el índice más bajo registrado entre 1900 y 1940. Hipólito Yrigoyen-presidente popular-promediaba su primer gobierno, cuando tienen lugar en la Capital Federal huelgas que se prolongan, represión policial con víctimas, violencia y nueva represión en el sepelio de militantes obreros caídos y un encadenamiento de hechos violentos en los cuales la protesta obrera y la militancia anarquista convergieron para generar una situación de desborde, en la cual fueron tomadas comisarías y edificios públicos. La magnitud de la conmoción social de enero de 1919, dejaría profundas huellas en la memoria popular, y en las diferentes clases de la sociedad argentina. Haría su aparición, una literatura de carácter social[1].

Medio siglo después, la expansión del movimiento político juvenil durante la década del sesenta fue parte del proceso de cambio, el comienzo de la lucha armada, los primeros conjuntos de rock nacional, signos de la emergencia cultural y política de la juventud como sujeto activo y como destinatario de mensajes especialmente dirigida a ella[2]. Todo esto se prolongo durante la década del setenta. Pero hubo un pico en la represión dura de 1969 durante el gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía, donde tuvieron lugar en Córdoba los hechos de violencia que fueron conocidos como el “Cordobazo”. El “Cordobazo” marcó un hito y en alguna medida fue el inicio de la década más violenta de la Argentina que fueron los años setenta. Luego de un breve periodo democrático, el régimen instaurado en 1976 intentaría inmovilizar las posibilidades de protesta social, e imprimir un carácter técnico a su gestión. Así se clausuraron muchos canales de participación popular y se apuntaba a la desmovilización social mediante la represión[3].

Retomando la línea de los estallidos, en 1989, ocurren los saqueos generados por la hiperinflación. Fue un hecho de génesis predominantemente social, con menos ingredientes políticos e ideológicos que los anteriores y que responden a una nueva realidad social que es la existencia de un segmento importante de personas que están fuera del sistema formal y que son trabajadores en negro y subocupados, que en la vorágine de la hiperinflación quedan fuera de la posibilidad de consumir alimentos. Entre el 16 de mayo y el 9 de julio, hubo 676 saqueos a lo largo de un período de 52 días. Alfonsín dicta el estado de sitio sin convocar a las Fuerzas Armadas y el orden recién se restablece cuando asume Menem, cinco meses antes de la fecha prevista. Los saqueos se repiten con menor intensidad a comienzos de 1990 (se realizan 95) durante la hiperinflación que se produce al comienzo del gobierno de Menem.

Diciembre de 2001

En Diciembre de 2001, pasada más de una década, los saqueos afectaron nuevamente a la sociedad argentina. La restricción a los depósitos generaba una drástica caída de los ingresos del 60% de la población que estaba fuera del sistema formal, en esos momentos el desempleo llegaba al 20%, siendo el récord histórico, luego que el país sufriera tres años y medio de recesión. La limitación del uso del efectivo, acentuaba la impotencia de las clases medias que ambicionaban comprar dólares para cubrirse de las contingencias futuras, y agravaba la insuficiencia alimentaria de los marginados, fue así que se ponía en marcha el cacerolazo[4].

Entre el 13 y el 20 de diciembre de 2001, tuvieron lugar 461 saqueos, con un fenómeno que en magnitud supero al de 1989, pero que comparado, el desempleo era más del doble y la violencia social y la delincuencia se habían incrementado considerablemente, con lo cual la situación se fue haciendo más delicada. El ex Presidente De la Rúa decretó el estado de sitio.

Los movimientos sociales que comenzaron a tener trascendencia en la década del noventa en la argentina fueron variados[5], pero empezaron con los denominados “piqueteros”, que enfrentaron la enajenación de YPF[6], por parte del gobierno del ex presidente Carlos Saúl Menem. Poco a poco se fueron sumando los movimientos de trabajadores de empresas en quiebra, organizaciones de desocupados y asambleas barriales, otros espacios como los grupos de trueque, quienes reemplazaron las operaciones de compra-venta de transacción monetaria y en algunos casos, mas tarde se convirtieron en cooperativas de trabajo.
En el origen, la gran mayoría de las organizaciones sociales estuvieron originadas en el desempleo estructural de larga duración que promedio los dos dígitos, durante toda la década de los años noventa,  teniendo en cuenta que nunca descendió de 10% en el Gran Buenos Aires (GBA) y diversas localidades del interior del país.

Las condiciones socio-económicas fueron la causa principal del fenómeno de los movimientos sociales, que junto a la oposición oficialista, acelero el proceso de deterioro del gobierno del ex presidente De la Rúa, periodo en el cual finaliza más de una década de aplicación de políticas neoliberales[7].

La crisis se espiralizó: Domingo Cavallo diseñaba y anunciaba el famoso “corralito” bancario, que implicaba un congelamiento de depósitos por 90 días. Argentina lograba cubrir sus vencimientos de deuda el 14 de diciembre, pero el gatillo de la crisis era social: tras dos semanas de “corralito”, y con el efectivo retenido, comenzaron los saqueos y la desesperación. Estallo la violencia y el estado de sitio. Fernando De la Rúa renunció y se fue en el ya célebre helicóptero presidencial dejando tras de sí, un país en llamas.

 

 



[1] Reyna Almendos, Hacia la anarquía. Examen de la política radical, 1919; Villalobos Domínguez, Evitemos la guerra social, Buenos Aires, Editorial: Tor 1919; Gancedo A, Justicia social. Hacia la paz. Buenos Aires, Imprenta Rinaldi, 1920; Magia Floreal, Enero rojo, semana negra, Buenos Aires, Editorial Cartago, 1974; Viñas David, En la semana trágica, Buenos Aires, Editor: Jorge Álvarez, 1966

[2] Clementi, Hebe, Juventud Política en La Argentina, Buenos Aires, Siglo XX 1982.

[3] Jorge Rafael Videla, The Times, Londres, 4-1-78, “Un terrorista no es simplemente alguien con un fusil o una bomba, sino alguien que despliega ideas que son contrarias a la civilización occidental y Cristiana”

[4] Kammerer María Luján y Sánchez Roncero María Victoria, “El cacerolazo como nueva forma de expresión popular”

 

[5] Marisa Revilla Blanco, Nueva Sociedad 227, Pág.60 cit. Episodios y procesos: ¿cambios en los repertorios de acción en América Latina?: Desde finales de los 90, se observa una tendencia general al incremento de la conflictividad. La conflictividad en ese periodo se concentra en la zona andina, mientras que en el Cono Sur se puede observar una disminución, con las excepciones de Argentina y Paraguay

[6] Calderón (2006) y Escobar (2010); Para superar expectativas frustradas, se unen quienes habían planeado su vida y desarrollo alrededor de una empresa del Estado.

 

[7] Garretón, Manuel Antonio,  “La transformación de la acción colectiva en America Latina”, Capitulo V, Pag. 13. El cambio de matriz sociopolítica en América Latina El neoliberalismo como intento de negar la política a través de una visión distorsionada y unilateral de la modernización expresada en una política instrumental  que sustituye la acción colectiva por la razón tecnocrática y donde la lógica del mercado parece aplastar cualquier otra dimensión de la sociedad.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Fortalezas


Todos los países Latinoamericanos tienen déficit de Cuenta Corriente, Argentina NO; hay que decirlo, algunas fortalezas tenemos los argentinos.
Para JPMorgan, si bien el “Real brasilero” se depreció en términos reales 3%-en los últimos 12 meses-frente a sus socios comerciales, está apreciado 24% respecto del tipo de cambio real promedio de los últimos 10 años, y 73% frente al promedio de los últimos cuarenta años.
Brasil tiene déficit de cuenta corriente, un salto fuerte en los egresos de turismo y viajes que también sugieren cierto atraso cambiario. Según Thomson Reuters, el costo de oportunidad de las compras de divisas entre mediados del 2010 y Noviembre del 2012 bordea los u$s 13.900 millones, más de u$s 11.000 millones sólo en Brasil, sin considerar las fluctuaciones de la moneda.
En Chile, los operadores están preocupados por el peso, que se ha apreciado un 10% en 2012. Perú ha adquirido la cifra récord de u$s 13.000 millones en lo que va del 2012. Colombia compro un 18,5% más de dólares a/a en los 11 meses 2012. Pero esas operaciones tienen un alto costo debido a la diferencia entre los bajos rendimientos de la deuda de Estados Unidos y las más altas tasas de interés locales. Datos de bancos centrales revelan que Brasil, Chile, Colombia y Perú han comprado cada uno 135.000 millones de dólares para poder mantener un control sobre sus monedas desde mediados del 2010, esterilizando con títulos. ¿Que pasa si se revierte la voluntad del mercado y le dejan de comprar títulos en moneda local con buenos rendimientos, dada la baja inflación? Carísimos en moneda local, frente a Treasury.

CUENTA CORRIENTE EN LATINO AMERICA

(Como porcentaje del PBI)

 


Pais

2012

Argentina

0,3

Brasil

(-2,6)

Chile

(-3,2)

Colombia

(-3,9)

México

(-0,9)

Perú

(-3,0)

Uruguay

(-3,0)

FUENTE: IMF World Economic Outlook (WEO), October 2012

 

Se expresa insensatez cuando se quiere comparar; hablamos de países con problemáticas distintas que Argentina, con mayor inequidad distributiva, sistemas políticos que están varios escalones abajo en términos políticos y sociales (derechos humanos, distribución del ingreso, etc.)  Todos los latinoamericanos disfrutamos de los precios de los commodities, pero hay casos de 90% de minería, 80% de petroleo. Argentina (habiendo estado desindustrializada) esta “semi industrializada”, Colombia, Venzuela, Uruguay, Chile y Perú son economias distintas.

 

viernes, 6 de abril de 2012

#EsoEsUnaMentira



¿Recuerda? - “Eso es mentira, somos pobres”-.
Es indudable que Sudamérica es la zona de mayores reservas de elementos fundamentales para satisfacer las necesidades humanas: alimentos, agua, energía y materia prima en general. Otras zonas del mundo han agotado sus posibilidades de producción alimenticia y de provisión de materias primas, o no son aptas para la producción de estos factores fundamentales. Llevamos una ventaja inicial, pero precisamente es esta circunstancia favorable la que constituye nuestro mayor desafío. Nunca han faltado antes intentos para agrupar esta zona del continente en una unión de países; pero hasta la constitución del Unasur, debemos reconocer que nunca se había logrado un progreso político de tamaña magnitud. Inclusive durante la década pasada, nuestros países habían vivido respondiendo a las decisiones que tomaban  los países centrales con respecto a nosotros, pero lo hacíamos por no tener una unidad como la actual, que nos pudiera conducir a un puerto seguro. No estoy pensando en que Sudamérica vaya a imponer objetivos extra continentales a las potencias en los próximos tiempos, pero si pudiera permanecer en este espíritu de “hacer lo que le conviene a nuestra región”, como en los últimos años, posiblemente podría usufructuar no solo de los logros alcanzados, sino de un potencial aun inexplorado pero previsiblemente extraordinario. Perón, Vargas e Ibáñez estuvieron en esta idea de unir nuestros países y realizar la alianza tan pronto estuvieran en el gobierno (años 40/50). Varias décadas mas tarde, los esfuerzos de los patrocinantes del Consenso de Washington hicieron titubear a un empresariado que se vio tentado aun a dejar atrás los avances realizados durante los primeros años del Mercosur. En los 90’ una clase política timorata y poco virtuosa, fue funcional a ese tipo de modelo que se había asimilado en muchos de nuestros países. Pero esto no es nuevo, como mencionaba anteriormente, desde Perón, Vargas  e Ibáñez, o aun antes; desde los albores de los países latinoamericanos, la influencia europea y norteamericana ha perjudicado primeramente la cultura, y como consecuencia la integración política, económica y social de nuestros países. Hubo antes períodos históricos como el presente, en los que domino la necesidad de acercar nuestros proyectos nacionales, ampliando los negocios regionales. No obstante el repaso de los esfuerzos realizados nos sugiere la necesidad urgente de construir una “identificación regional”, que conceda que se sellen aquellas herencias ilustres, con esta efectiva oportunidad histórica.