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miércoles, 9 de junio de 2021

A 20 AÑOS DE LA CRISIS 2001



Los fenómenos que vienen sucediendo en Chile, Colombia y Perú, no son episodios aislados ni desconocidos. Los estallidos sociales con violencia tampoco fueron un hecho nuevo en América Latina, en 2001. Nombres como el “Bogotazo” o el “Caracazo”, la revuelta popular que estalló en Caracas de 1989, momento en el que la protesta se convirtió en uno de los aspectos más característicos de la vida cotidiana en la capital de Venezuela – y que contribuyó a crear las condiciones políticas que llevaron a Hugo Chávez al poder en Venezuela- son recordados como sucesos de fuerte conflicto político y social.

En la historia argentina son varios los episodios de conflictos y violencia social que han marcado hitos. En el verano de 1919, tuvo lugar la llamada “Semana Trágica”. Durante los años de la Primera Guerra Mundial comienza uno de los periodos huelguísticos más importantes de la historia argentina. Este alcanza en 1919 el número de huelguistas y de huelgas más elevados en los cuarenta años del siglo, afectando casi el ochenta por ciento de la población obrera de Buenos Aires. La ola de huelgas coincidió con un periodo de aumento del costo de vida y una disminución del salario real, que alcanzaba, en ese mismo periodo, el índice más bajo registrado entre 1900 y 1940. Hipólito Yrigoyen-presidente popular-promediaba su primer gobierno, cuando tienen lugar en la Capital Federal huelgas que se prolongan, represión policial con víctimas, violencia y nueva represión en el sepelio de militantes obreros caídos y un encadenamiento de hechos violentos en los cuales la protesta obrera y la militancia anarquista convergieron para generar una situación de desborde, en la cual fueron tomadas comisarías y edificios públicos. La magnitud de la conmoción social de enero de 1919, dejaría profundas huellas en la memoria popular, y en las diferentes clases de la sociedad argentina. Haría su aparición, una literatura de carácter social[1].

Medio siglo después, la expansión del movimiento político juvenil durante la década del sesenta fue parte del proceso de cambio, el comienzo de la lucha armada, los primeros conjuntos de rock nacional, signos de la emergencia cultural y política de la juventud como sujeto activo y como destinatario de mensajes especialmente dirigida a ella[2]. Todo esto se prolongo durante la década del setenta. Pero hubo un pico en la represión dura de 1969 durante el gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía, donde tuvieron lugar en Córdoba los hechos de violencia que fueron conocidos como el “Cordobazo”. El “Cordobazo” marcó un hito y en alguna medida fue el inicio de la década más violenta de la Argentina que fueron los años setenta. Luego de un breve periodo democrático, el régimen instaurado en 1976 intentaría inmovilizar las posibilidades de protesta social, e imprimir un carácter técnico a su gestión. Así se clausuraron muchos canales de participación popular y se apuntaba a la desmovilización social mediante la represión[3].

Retomando la línea de los estallidos, en 1989, ocurren los saqueos generados por la hiperinflación. Fue un hecho de génesis predominantemente social, con menos ingredientes políticos e ideológicos que los anteriores y que responden a una nueva realidad social que es la existencia de un segmento importante de personas que están fuera del sistema formal y que son trabajadores en negro y subocupados, que en la vorágine de la hiperinflación quedan fuera de la posibilidad de consumir alimentos. Entre el 16 de mayo y el 9 de julio, hubo 676 saqueos a lo largo de un período de 52 días. Alfonsín dicta el estado de sitio sin convocar a las Fuerzas Armadas y el orden recién se restablece cuando asume Menem, cinco meses antes de la fecha prevista. Los saqueos se repiten con menor intensidad a comienzos de 1990 (se realizan 95) durante la hiperinflación que se produce al comienzo del gobierno de Menem.

Diciembre de 2001

En Diciembre de 2001, pasada más de una década, los saqueos afectaron nuevamente a la sociedad argentina. La restricción a los depósitos generaba una drástica caída de los ingresos del 60% de la población que estaba fuera del sistema formal, en esos momentos el desempleo llegaba al 20%, siendo el récord histórico, luego que el país sufriera tres años y medio de recesión. La limitación del uso del efectivo, acentuaba la impotencia de las clases medias que ambicionaban comprar dólares para cubrirse de las contingencias futuras, y agravaba la insuficiencia alimentaria de los marginados, fue así que se ponía en marcha el cacerolazo[4].

Entre el 13 y el 20 de diciembre de 2001, tuvieron lugar 461 saqueos, con un fenómeno que en magnitud supero al de 1989, pero que comparado, el desempleo era más del doble y la violencia social y la delincuencia se habían incrementado considerablemente, con lo cual la situación se fue haciendo más delicada. El ex Presidente De la Rúa decretó el estado de sitio.

Los movimientos sociales que comenzaron a tener trascendencia en la década del noventa en la argentina fueron variados[5], pero empezaron con los denominados “piqueteros”, que enfrentaron la enajenación de YPF[6], por parte del gobierno del ex presidente Carlos Saúl Menem. Poco a poco se fueron sumando los movimientos de trabajadores de empresas en quiebra, organizaciones de desocupados y asambleas barriales, otros espacios como los grupos de trueque, quienes reemplazaron las operaciones de compra-venta de transacción monetaria y en algunos casos, mas tarde se convirtieron en cooperativas de trabajo.
En el origen, la gran mayoría de las organizaciones sociales estuvieron originadas en el desempleo estructural de larga duración que promedio los dos dígitos, durante toda la década de los años noventa,  teniendo en cuenta que nunca descendió de 10% en el Gran Buenos Aires (GBA) y diversas localidades del interior del país.

Las condiciones socio-económicas fueron la causa principal del fenómeno de los movimientos sociales, que junto a la oposición oficialista, acelero el proceso de deterioro del gobierno del ex presidente De la Rúa, periodo en el cual finaliza más de una década de aplicación de políticas neoliberales[7].

La crisis se espiralizó: Domingo Cavallo diseñaba y anunciaba el famoso “corralito” bancario, que implicaba un congelamiento de depósitos por 90 días. Argentina lograba cubrir sus vencimientos de deuda el 14 de diciembre, pero el gatillo de la crisis era social: tras dos semanas de “corralito”, y con el efectivo retenido, comenzaron los saqueos y la desesperación. Estallo la violencia y el estado de sitio. Fernando De la Rúa renunció y se fue en el ya célebre helicóptero presidencial dejando tras de sí, un país en llamas.

 

 



[1] Reyna Almendos, Hacia la anarquía. Examen de la política radical, 1919; Villalobos Domínguez, Evitemos la guerra social, Buenos Aires, Editorial: Tor 1919; Gancedo A, Justicia social. Hacia la paz. Buenos Aires, Imprenta Rinaldi, 1920; Magia Floreal, Enero rojo, semana negra, Buenos Aires, Editorial Cartago, 1974; Viñas David, En la semana trágica, Buenos Aires, Editor: Jorge Álvarez, 1966

[2] Clementi, Hebe, Juventud Política en La Argentina, Buenos Aires, Siglo XX 1982.

[3] Jorge Rafael Videla, The Times, Londres, 4-1-78, “Un terrorista no es simplemente alguien con un fusil o una bomba, sino alguien que despliega ideas que son contrarias a la civilización occidental y Cristiana”

[4] Kammerer María Luján y Sánchez Roncero María Victoria, “El cacerolazo como nueva forma de expresión popular”

 

[5] Marisa Revilla Blanco, Nueva Sociedad 227, Pág.60 cit. Episodios y procesos: ¿cambios en los repertorios de acción en América Latina?: Desde finales de los 90, se observa una tendencia general al incremento de la conflictividad. La conflictividad en ese periodo se concentra en la zona andina, mientras que en el Cono Sur se puede observar una disminución, con las excepciones de Argentina y Paraguay

[6] Calderón (2006) y Escobar (2010); Para superar expectativas frustradas, se unen quienes habían planeado su vida y desarrollo alrededor de una empresa del Estado.

 

[7] Garretón, Manuel Antonio,  “La transformación de la acción colectiva en America Latina”, Capitulo V, Pag. 13. El cambio de matriz sociopolítica en América Latina El neoliberalismo como intento de negar la política a través de una visión distorsionada y unilateral de la modernización expresada en una política instrumental  que sustituye la acción colectiva por la razón tecnocrática y donde la lógica del mercado parece aplastar cualquier otra dimensión de la sociedad.

sábado, 13 de julio de 2013

Cristina Fernandez de Kirchner es peronista

Hoy me decía un amigo que asumía que como el oficialismo había ganado por “semejante paliza” en 2011 (casi 55%), el gobierno mostraría una mejor disposición para avanzar en la construcción de consensos con la oposición. Lo cierto es que la oposición no es un partido político, y nunca le dio tregua; por otra parte el oficialismo, redobló la apuesta y aceleró la profundización de su modelo político y estilo. La criticada "lógica del conflicto y la confrontación" encarna la esencia misma de las reformas encaradas y la resistencia. “Conflicto”, no tiene porque ser una mala palabra. A comienzos del siglo XIX había en Europa un profundo conflicto entre liberalismo y democracia. El liberalismo era admisible para el mundo en general, aunque hablar de democracia era en extremo despectivo, como lo es actualmente hablar de populismo. En aquel tiempo la democracia se identificaba con el jacobinismo, o el gobierno de la turba. Fue necesario transitar conflictos y revoluciones durante todo el siglo XIX, para que se diera un compromiso estable entre liberalismo y democracia. En Latinoamérica aquel liberalismo europeo inteligente que aceptó la democracia, nunca existió. Las aspiraciones del pueblo latinoamericano nunca fueron viables a través de las políticas liberales, ni los liberales tampoco han sido liberales. Cada vez que las aspiraciones del pueblo comenzaban a convertirse en reclamos políticos, los supuestos liberales, apelaban al totalitarismo que albergaba enfoques económicos emparentados con el liberalismo, pero más bien conservadores y, claramente opositores a cualquier causa popular.
A través de la democracia, el peronismo simbolizó la alternativa frente a las dictaduras militares argentinas, que desdibujaron la visión demo-liberal, y aun los nacionalismos que hubo en algunas dictaduras. Hoy vemos en la región, gobiernos de centroizquierda, con ideología nacional y popular (como el peronismo), que no menosprecian las formas democráticas liberales.
En nuestros países, cada vez que asoma un riesgo para la democracia, nunca proviene de un proceso político popular, sino más bien, del desvío del falso liberalismo, conservador y autoritario.
Esta semana, la Presidenta de la Nación tuvo que aclarar que siempre fue peronista, porque quienes-literalmente la odian-le atribuyen etiquetas de "gobierno autoritario" o “socialista”, para invocar y exacerbar los sentimientos más reaccionarios de quienes todavía no soportan la democracia. También se hacen comparaciones antojadizas con otros países de la región, no desprovistas de una intencionalidad pecaminosa. Se aprovechan porque no todos los ciudadanos distinguen entre los populismos de Latinoamérica. Cada gobierno en la región, expresa distintas expresiones y grados de profundidad populista-que tampoco es una mala palabra-; y definitivamente, no son iguales. No se puede comparar la Argentina de Cristina peronista, con la Venezuela de Maduro socialista, es absurdo; cada experiencia tiene la perspectiva cultural de sus propias tradiciones e historia. Si el modelo venezolano en la Argentina es indeseable para un amplio sector de la sociedad, también vale la pena decir que es políticamente inviable, por lo cual no debería ser necesario refutar una hipótesis de futuro "a la bolivariana".
En la Argentina hay una sociedad que creó un perfil mas afín al de sociedades más desarrolladas, y está mucho mas estructurado. Cada país tiene sus propias carreteras en América Latina, aunque existan elementos comunes. Uruguay y Brasil con gobiernos de centro-izquierda, no han realizado cambios profundos, pero son populares. Brasil es cauteloso, tiene una experiencia histórica distinta, y es un país regionalizado, por eso en estos dias Dilma se encuentra articulando intereses diferentes, y no confrontando. Tratemos de profundizar nuestra educación política, para que los “picaros” no nos engañen, no todo es lo mismo, y peronismo-aunque con diferentes expresiones- hay uno solo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Fortalezas


Todos los países Latinoamericanos tienen déficit de Cuenta Corriente, Argentina NO; hay que decirlo, algunas fortalezas tenemos los argentinos.
Para JPMorgan, si bien el “Real brasilero” se depreció en términos reales 3%-en los últimos 12 meses-frente a sus socios comerciales, está apreciado 24% respecto del tipo de cambio real promedio de los últimos 10 años, y 73% frente al promedio de los últimos cuarenta años.
Brasil tiene déficit de cuenta corriente, un salto fuerte en los egresos de turismo y viajes que también sugieren cierto atraso cambiario. Según Thomson Reuters, el costo de oportunidad de las compras de divisas entre mediados del 2010 y Noviembre del 2012 bordea los u$s 13.900 millones, más de u$s 11.000 millones sólo en Brasil, sin considerar las fluctuaciones de la moneda.
En Chile, los operadores están preocupados por el peso, que se ha apreciado un 10% en 2012. Perú ha adquirido la cifra récord de u$s 13.000 millones en lo que va del 2012. Colombia compro un 18,5% más de dólares a/a en los 11 meses 2012. Pero esas operaciones tienen un alto costo debido a la diferencia entre los bajos rendimientos de la deuda de Estados Unidos y las más altas tasas de interés locales. Datos de bancos centrales revelan que Brasil, Chile, Colombia y Perú han comprado cada uno 135.000 millones de dólares para poder mantener un control sobre sus monedas desde mediados del 2010, esterilizando con títulos. ¿Que pasa si se revierte la voluntad del mercado y le dejan de comprar títulos en moneda local con buenos rendimientos, dada la baja inflación? Carísimos en moneda local, frente a Treasury.

CUENTA CORRIENTE EN LATINO AMERICA

(Como porcentaje del PBI)

 


Pais

2012

Argentina

0,3

Brasil

(-2,6)

Chile

(-3,2)

Colombia

(-3,9)

México

(-0,9)

Perú

(-3,0)

Uruguay

(-3,0)

FUENTE: IMF World Economic Outlook (WEO), October 2012

 

Se expresa insensatez cuando se quiere comparar; hablamos de países con problemáticas distintas que Argentina, con mayor inequidad distributiva, sistemas políticos que están varios escalones abajo en términos políticos y sociales (derechos humanos, distribución del ingreso, etc.)  Todos los latinoamericanos disfrutamos de los precios de los commodities, pero hay casos de 90% de minería, 80% de petroleo. Argentina (habiendo estado desindustrializada) esta “semi industrializada”, Colombia, Venzuela, Uruguay, Chile y Perú son economias distintas.

 

sábado, 12 de diciembre de 2009

La pobreza en Brasil

LULA DIXIT:“Hay gente tan imbécil, tan ignorante, que todavía sigue diciendo que los planes sociales son para personas perezosas porque quien recibe el beneficio no quiere trabajar”. “No me voy a ofender más con esas cosas, dicen que el Bolsa Familia es asistencialismo, demagogia y muchas cosas más, pero esas personas creen y creyeron siempre que una persona vive en una casa precaria, en una favela, porque quiere, y que no trabaja o no estudia porque no quiere. Los ignorantes no saben que Brasil está dividido entre los que tuvieron oportunidades y los que no”. En el informe sobre las Perspectivas Económicas de América Latina, del Development Centre de la OCDE se expresa que América Latina, no ha podido escapar al contagio general de la crisis, sin embargo la magnitud del impacto en la región ha sido muy inferior que en otras ocasiones. La recuperación es mucho más explícita que en otras regiones, destacandose Brasil. Los indicadores de exposición a los shocks mundiales que expresan la intensidad de los vínculos con el resto del mundo y determinan las balanzas por cuenta corriente o de resistencia, (asociados a la diversificación de los ingresos por exportaciones y los procedentes de las remesas de emigrantes, así como la disposición de instrumentos de política económica anticíclica) ponen de manifiesto que la región ha cambiado en estos últimos años. Sin profundizar demasiado en todos los indicadores, es un hecho que la situación financiera de la mayoría de las economías de la región es mucho más resistente a los shocks de carácter exógeno. La deuda pública es más reducida, los vencimientos están mejor perfilados y la composición por moneda es mucho más adecuada, con una participación significativa de deuda en moneda nacional. Agreguemos que los tipos de cambio de las monedas locales se encontraban en una posición amenazada. Cuando se desencadenó la crisis, los saldos por cuenta corriente de la mayoría de las balanzas de pagos eran excedentarios, aunque estos fueron a financiar la fuga de divisas, eufemísticamente llamada “flight to the quality”. Las insuficientes soluciones emanadas de políticas sociales son los responsables de que la pobreza vuelva a avanzar este y el próximo año en la región. Más de 39 millones de personas caerán por debajo del umbral correspondiente, anulando los avances conseguidos en los cinco años anteriores, hablar es facil.