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jueves, 28 de abril de 2022

EL CRÉDITO. UNA LIMITACIÓN INSOSTENIBLE

 


Ya no es posible que los depositantes sean argentinos y los receptores del crédito empresas extranjeras que a su vez le venden a ciudadanos argentinos y luego envían sus utilidades a sus casas matrices. Necesitamos direccionar el crédito bancario. Antes de la RF 6/77, las empresas extranjeras debían fondearse con sus casas matrices o con sus bancos extranjeros. Lo que necesita el Ministerio de Economía y el BCRA es recalibrar la Ley de Entidades Financieras.

Debe establecerse un plan en que la banca se parezca más a las necesidades de los argentinos. Precisamos que existan mecanismos que garanticen el incremento de los préstamos personales, emprendedores tecnológicos, emprendedores de la economía popular, incluyendo obviamente a las PYMES, para estimular la demanda domestica, el crecimiento y el desarrollo. El sistema bancario argentino no es competitivo como el de los países desarrollados donde se otorgan préstamos a tasas bajas, financia capital de trabajo, estimulan la inversión productiva y las exportaciones de manufactura.

La calamidad que nos abate hace 45 años (RF.6/1977) no se resuelve con burocracia privada y mejoras incrementales. Aun el régimen financiero oficinesco de los bancos es ineficaz para atender al cliente. Es necesaria una reingeniería fundamental de todo el sistema financiero, incluyendo la declaración oficial como “servicio público parcial con actividad esencial”. Los bancos tienen que hacer alguna cosa gratis. No es posible que cada persona bancarizada pague $60.000 anuales solo para tener tarjeta y una cuenta corriente. Eso genera “anti bancarización, y por lo tanto, altos niveles de actividad en negro”. Los bancos deben cumplir mínimamente una función con compromiso con el bienestar general y el Estado.

No puede ser que en el partido de Lomas de Zamora para llegar a un cajero automático haya que transitar 20 cuadras y los bancos ahora mismo estén cerrando sucursales. No hay suficiente personal en las sucursales ni bastantes cajeros automáticos en todo el país. Para conseguir depositar en cajeros de nuestro banco, en un barrio acondicionado de CABA, algunos tienen que recorrer 20 cuadras

Alberto Fernandez arrancó con un programa sencillo y propósitos moderados para atender a los damnificados del efecto “tierra arrasada”, detrás sobrevino el COVID que amplió las necesidades iniciales de forma amplificada y, ahora la guerra en Europa. La creación de “espacio fiscal” obtenida por Martin Guzmán para estimular la demanda quedará completamente desactualizada en un par de meses, por una serie de shocks exógenos. Por lo tanto es necesario crear un fondo financiero para el desarrollo y, otorgar a las PYMES y las empresas de la economía popular créditos no reembolsables por alrededor de 2% del PBI. No todo es subsidio directo. Con dinero secundario bien administrado, se puede hacer mucho.

El BCRA debe impulsar una política monetaria mucho más expansiva. En la Argentina no hay crédito y el que se ofrece es caro. Es necesario procurar también el descenso de las tasas de interés, suministrando liquidez e  impulsando el crédito al sector privado; como lo hizo y continúa haciendo EE.UU. y Europa por 14 años (desde 2008), aun hoy, en medio de una inflación altísima.

En este preciso momento los países desarrollados están aplicando medidas que problematizan la mano invisible como razonamiento para alcanzar el bienestar social máximo mientras se busca el interés propio. El sometimiento argentino desde 1976 de la lógica financiera llevó el país a la ruina. No existe ningún país que haya alcanzado un alto grado de desarrollo con una estructura económica basada en exportación de recursos naturales y especulación financiera. El resultado es que después de 45 años de sometimiento a esa “sensatez”, alrededor de 37% de los argentinos clama por comida y trabajo.

Según las autoridades del ministerio de economía del gobierno cívico militar de Videla y Martínez de Hoz, la reforma de 1977 había sido impulsada con la finalidad de modernizar el sistema financiero argentino y mejorar el funcionamiento del BCRA. Todo esto para apegarse a la creación de ahorro, uno de los principales problemas constantes de la economía argentina, desde siempre. A través de este progreso que traían los economistas de la dictadura, los bancos otorgarían abundantes préstamos para el desarrollo, pudiendo estimular la competencia entre bancos, para que los costos procedieran a la baja y los usuarios pudieran apalancar sus actividades productivas. Sucedió todo lo contrario. Así proliferaron entidades sin ningún tipo de control cuyos depósitos a plazo fijo eran endosables y garantizados por el BCRA. Falsificaciones a granel, en tres años solo el BIR (Banco de Intercambio Regional le costó al país, 3.000 millones de dólares de 1980). Se desbordaron los límites del disparate.

La realidad es que las distorsiones que ha dado lugar aquella Ley (21.595) contribuyó a la destrucción de la industria argentina, mediante una pésima asignación de los recursos financieros, creando un creciente espíritu de financiarización especulativa que hizo multimillonarios a unos pocos grupos industriales argentinos y empresas extranjeras reconvertidos para dedicarse a la “timba financiera”. Desde entonces el alto costo financiero se ha convertido en uno de los problemas estructurales de nuestra economía. Cada eslabón de la actividad económica se esfuerza bajando costos de todo tipo para seguir manteniendo el gasto financiero y trasladarlo. Esta es una de las claves de la inflación en la Argentina. Un préstamo promocional en 12 cuotas a un cliente excelente en un banco privado le cuesta por todo concepto-incluyendo impuestos- 60.55% anual. Hoy están creando expectativas inflacionarias de no menos de 60% para los próximos 12 meses. (TNA 40%), (TEA 48.21%), (CFTEA 60.55%).

El abandono de los instrumentos elementales de regulación condujo a una serie de abusos legalmente dañinos que atentaron contra el desarrollo de la economía argentina, y continúan castigando la producción desde hace cuarenta y cinco años.

Hay que decir que antes de la mencionada Ley, los préstamos tampoco eran abundantes y el sistema financiero era bastante acotado. Pero las empresas podían acudir al  Banco Nacional de Desarrollo para comprar maquinarias, al Banco Hipotecario para comprar una planta industrial. Con la descentralización de los depósitos se echaron las bases de un sistema financiero que incentivó el mecanismo de endeudamiento y fuga con estímulos evidentes y facilidades extraordinarias para desangrar la economía argentina. En 45 años la deuda pública creció 50 veces. Es decir por cada 1 dólar que debíamos debemos 50 dólares. Ni remotamente vivimos en un país 50 veces mejor, para empatar.

Claramente nunca se estimuló la prestación de un servicio financiero de reducido costo, de fomento, ni eficiente. Se puso en manos de bancos, financieras y mandatarias privadas el manejo de las variables estratégicas fundamentales del sistema para que arbitren entre su propia rentabilidad y el desarrollo de la actividad productiva, científica y cultural del país.

La singular contenida avaricia de los banqueros se volvió frenética al otorgársele semejante espacio. Antes de la descentralización de los depósitos tenían que trabajar y asumir riesgos para generar utilidades. Ahora basta con inventar un debito automático imperceptible de 1 dólar por mes de la cuenta corriente, para recaudar 12 dólares anuales,  de 1 millón de clientes anestesiados que aportaran 12 millones de dólares “haciendo una vaquita” mensual para mantener accionistas de bancos extranjeros.

Es necesario introducir ajustes de magnitud a los abusivos spreads que todavía hoy se están aplicando, sin contar el despojo que produjo el déficit cuasi fiscal registrado en los últimos seis años. Las consecuencias públicamente conocidas que derivaron en mayo de 2017 con 2.3 bases monetarias, mediante un creciente vinculo especulativo (LEBAC, LELIQ, CREDITO DE CONSUMO) combinado con la flexibilidad de entrada y salida de capitales del macrismo, no solo ha dificultado las posibilidades de alcanzar niveles óptimos de crecimiento de la actividad económica, sino que la destruyeron literalmente. Y, este Gobierno aun sigue sin solucionarlo.

Por las circunstancias sucintamente expuestas, en el actual contexto social y economico resulta indispensable reintegrar al BCRA la dirección del sistema financiero (tercerizado en los bancos privados nacionales y extranjeros hace 45 años), a fin de que vuelva a constituir la fuente natural de financiación de la industria, el comercio, la economía popular, las PYMES y los particulares, creándose condiciones que posibiliten un uso adecuado del ahorro argentino.

Es ineludible proceder a la centralización y direccionamiento del crédito bancario por parte del BCRA. Desde allí los bancos recibirán cupos para los fondos, en carácter de mandatarios y no de consignatarios del ahorro argentino.

Es inconcebible lo funcional que es el sistema para perpetrar una estafa por un grupo empresario al Banco de la Nación Argentina. No hablemos más del costo del subsidio a la energía, cuando el BNA le otorgó 300 millones de dólares a un solo grupo economico, que nunca pensó en devolverlo.  Es paradójico que para no ir presos consiguieron 10 millones de dólares en 5 minutos. Los directorios de los bancos oficiales deben tener una participación mayor de los sindicatos de la economía formal y de la economía popular.

El sistema financiero no puede ser el único sector de la economía que mantenga sus márgenes de beneficio con pandemia, con guerra, con recesión, con default, siempre. Por su actual actividad de intermediación entre depósitos y créditos se le puede reconocer a los bancos una comisión o spread razonable como en el resto de “los países serios”. El BCRA podría canalizar los créditos mediante redescuentos y adelantos a las entidades según renovados criterios de distribución, alineados a la actual crisis internacional, privilegiando los objetivos de desarrollo humano y productivo. La relación bancos-clientes se podría mantener sin variantes.  

El sistema tiene que tener como propósito maximizar el control monetario por parte del BCRA y apegarse a una adecuada optimización de los recursos financieros argentinos, de acuerdo a las necesidades y requerimientos de una economía de guerra. Debemos retomar los instrumentos clásicos de regulación y el ejercicio de esa función mediante la asignación directa de fondos dirigidos a las actividades que el Gobierno nacional priorice en estas horas aciagas.

No se puede seguir manteniendo un sistema financiero ineficiente, no podemos aplicar contribuciones del conjunto de la sociedad para sostener el estatus actual. Ha llegado la hora de ponerle punto final a 45 años de fracaso.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

viernes, 27 de octubre de 2017

LA ECONOMIA DEL DESASTRE


Con Descartes, la razón se ubicaba en el centro del conocimiento; con Galileo, la técnica dominaba la ciencia; con Duran Barba se separaron los ideales monetaristas de la política. Los tecnócratas de De la Rua y Cavallo perdieron la perspicacia que tenían, convirtiéndose en rehenes de fuerzas que los exceden y los poseen.
Los economistas neoclásicos, monetaristas, heterodoxos críticos y aun estructuralistas; decían no entender al gobierno anterior (2002-2015). Obviamente, no se puede leer la economía desde esas representaciones y entender la perspectiva nacional y popular. El marco teórico no es ninguno de esos, por eso es como tratar de leer chino con el alfabeto latino. La “particularidad” que guía a un gobierno nacional y popular, obliga al gobernante a depender del pueblo, ser sensible a su voz y respetuoso de sus demandas. Melconian y Sturzenegger analizaban una economía nacional y popular, desde su perspectiva monetarista, Leiva desde su heterodoxia critica, Lavagna desde su moderada hetero-ortodoxia. Aspiro a no cometer ese error de aquellos que perdiendo las elecciones o siendo desplazados, pretendían que se aplicase su enfoque económico.
La solución de la inflación que era lo mas fácil de resolver, según el presidente Macri, se eterniza y vamos por el 4to semestre que no se alcanza el objetivo. La meta era 1% mensual (1.9% representa un error de 90% en la meta). Según Sturzenegger-Dujovne, la inflación, un impuesto confiscatorio que no se trata en el Congreso y afecta más a los sectores más vulnerables era mala praxis para un gobierno popular, pidiendo disculpas es aceptable para ellos, y la población le ha ratificado su confianza.
Existen estos límites fiscales y externos para la segunda línea de la tecnocracia De la Rua, lo marcan los déficits gemelos que exceden ampliamente a los del último periodo de Cristina Fernández. Comparando en forma homogénea, cuando uno mira el déficit fiscal-sin tomar los ingresos del blanqueo que son por única vez-, el déficit global crece. Ya se ubicaba alrededor de 9/10% del PBI computando el déficit provincial, municipal y cuasi fiscal, en el trimestre pasado.
En otro orden de cosas, el creciente déficit de la cuenta corriente indica que 2017 puede terminar con un déficit externo de alrededor de 5% del PBI. La balanza comercial ya acumula un déficit de 5.200 millones de dólares en solo 9 meses de 2017. Solo en septiembre el déficit fue de u$s 765 millones, contra un superávit  de u$s 242 en 2016.
Déficit gemelos:
Siempre que Argentina tuvo déficits gemelos de esta envergadura, experimentamos una crisis. En la historia contemporánea, sólo tuvimos déficits gemelos superiores a estos en dos oportunidades, en 1975 antes del Rodrigazo y en 1981-1983, luego de Martínez de Hoz. Hubo otras dos ocasiones con déficits gemelos con Alfonsín en 1987, terminamos en hiperinflación y, finales de Menem-De la Rua en 1998-2001 donde aun con indicadores inferiores y menos riesgosos a los actuales, finalizamos en default y estallido social.
¿Descarrilamiento en cámara lenta o shock?
Dos demonios acechan al neoliberalismo macrista, camuflado de desarrollista. En este momento el déficit de cuenta corriente es el resultado de la ausencia de la lluvia de inversión y el exceso de déficit fiscal.
Lo gobiernos de Alfonsín y la Alianza, descarrilaron en cámara lenta.
En cambio en 1975 los déficits gemelos de la Argentina intentaron ser resueltos con un shock, por Celestino Rodrigo-Ricardo Zinn y sus muchachos (una tercera línea de Chicago Boys-que llegaba para quedarse con la dictadura) y, obviamente terminó afectando la gobernabilidad en pocos meses.
En 1981-1983, con todo el apoyo financiero inicial, los déficits gemelos estallaron al cesar el financiamiento externo al mismo tiempo que aumentaron las tasas de interés en EE.UU., generando una crisis.
En aquél entonces el ajuste se produjo con devaluación y recesión. En 1981 el PBI cayó 5.2% y en 1982 con guerra de Malvinas a cuestas 0.7%, mientras que la inflación pasó de 105% en 1981 a 343% en 1983 (punta a punta, 433% diciembre contra diciembre). Por último, el tipo de cambio real multilateral mejoró 233% (punta a punta), devaluándose el peso un 70% en términos reales.
En 1987 (del plan Austral al plan Primavera) cuando los déficits gemelos treparon a 9% del PBI, la Argentina pasó de 175% de inflación anual a hiperinflación, alcanzándose en 1989 una tasa del 4.923% (punta a punta). El PBI cayó 11% en 3 años. El tipo de cambio real subió 128%, devaluándose el peso un 56% en términos reales.
Por último en 2001, al final de la Convertibilidad, aunque entonces los déficits gemelos alcanzaron un nivel inferior al actual-6% del PBI-, el corte abrupto del financiamiento externo llevó a una caída acumulada del PBI de un quinto en 4 años.
Como se evalúa desde el actual marco teórico, nunca resulta intrascendente la figura de déficits gemelos recargados. Si los préstamos del exterior se atascan y la emisión monetaria se reduce por la caída de la demanda real de moneda local en una economía semi libre, suele suceder una crisis macroeconómica.
En esta oportunidad, si bien la presencia de elevados déficits gemelos y exposición en dólares hace a la Argentina muy vulnerable, existe la posibilidad de evitar un mal desenlace. Eso depende de la buena voluntad o la avaricia de los prestamistas.
¿Qué es lo que posibilita esta valentía de los prestamistas?
La avaricia que ciega el riesgo real. La “liviana herencia”, que dejó un bajísimo nivel de deuda pública en términos del PBI, el pago casi a los fondos buitres pagando el máximo posible, que sentó un precedente. “Siempre pagaremos, ya encontraremos el candidato”.
El triunfo de CAMBIEMOS debe ascendernos a la categoría “emergentes”. Así aumentarían las probabilidades de mejorar el rating de calificación crediticia, con lo cual se podría seguir pidiendo prestado 7% del PBI durante 2018 y 2019, dejando una pesada herencia. Los dólares en el mundo abundan, hoy faltan clientes que paguen tasas extravagantes como las que viene sufragando Argentina.
Resumiendo: “viento de cola” financiero. Si esto se mantiene, y el mundo lo admite-el FMI, las calificadoras de riesgo, la banca de inversión, los bancos comerciales, las empresas internacionales deciden mirar para otro lado-; el endeudamiento se ira tornando mas comprometido y en algún momento pasara factura como ya lo ha hecho antes.


domingo, 12 de junio de 2016

Macri: inconsistencias macroeconomicas

Cuando Macri tomó el poder tenía una agenda impuesta incontrovertible. Arrancó devaluando, eliminó las retenciones, ajustó las tarifas, arregló con los fondos buitres y subió las tasas en forma violenta. Nunca mostró un programa económico, lo único planeado fue atender las emergencias de su esponsorización y mecenazgo para evitar que le “suelten la mano”. En su apuro por satisfacer a lo “uno”, subestimó el impacto negativo de lo “otro”. Inexcusable impericia técnica de un equipo ortodoxo,  al cual se le “escapó la tortuga” (la inflación). El resultado, un golpe en la masa salarial real, y fuerte caída de la imagen presidencial en las encuestas de opinión.
El nivel de actividad del segundo trimestre se hizo pomada, contrayéndose a un ritmo anualizado de alrededor de 7%. La meta de inflación del 20/25% que alardeó Prat Gay para todo 2016 será alcanzada en solo 6 meses. La inflación de mayo fue 3.5%, y junio podría estar alrededor de 3%, con lo cual la inflación permanecerá en 45% anual por varios meses, es decir el doble de la inflación de Cristina Fernández.
¿Que hacia el marxista de Kicillof en estos casos? – Pues, lo mismo que van a hacer los capitalistas de Macri. Una política fiscal expansiva y una política monetaria más laxa para acelerar el consumo y el nivel de actividad, nuevos subsidios sociales, y medidas para evitar despidos. Macri les está pidiendo a sus ministros gastar más, mientras se registra una enorme caída real de la recaudación (eso le paso a Cavallo en Octubre de 2001). Van muy rápido. En el primer cuatrimestre los ingresos crecieron muy por debajo de la inflación. En mayo, la recaudación creció sólo 17%-sin Seguridad Social-, y la inflación del período fue del 40/45% anual. Todo indica que el ritmo de gasto, podría llegar a 6.5% del PBI, mas de 2% que el ultimo año de Cristina Fernández. Al “despilfarro” en gasto social, se le suma ahora el Programa Nacional de Reparación Histórica para Jubilados. Este paquete previsional incrementará el gasto público en 2016.
La pregunta es: - ¿No que la política fiscal expansiva ya no tenía efectos sobre el nivel de actividad y el empleo privado que venia estancado por años? – Entonces ¿por qué ahora podría ser distinto?
Ya se. Con este gobierno habría menos "choreo" (tal como lo definió el distinguido ministro Prat Gay), por lo cual, con el mismo gasto en obra pública, habría más impacto sobre el nivel de actividad que con Cristina. ¡Que disparate!
Yo pensé que era probable que el multiplicador de la política fiscal fuera mayor que por el mejor clima de inversión y la confianza que esta administración acercaría a la Argentina, pero el Banco Wells Fargo recomienda “no invertir” en Argentina.
Según los monetaristas el problema de toda política fiscal expansiva, es su financiamiento, y aquí conviene recordar que los montos a financiar son desorbitados.
El déficit fiscal primario de la Nación podría alcanzar 6.5% del PBI en 2016, mientras que el pago de intereses de la deuda pública suma 1.3%, a eso hay que añadirle las amortizaciones, mas el déficit de las provincias del orden de 0.7% del PBI y el déficit cuasi fiscal de 2% del PBI. Con todo, la Argentina tiene un déficit fiscal global mínimo de 10.5% del PBI, explosivo como el de Brasil.
Lo peor de todo es que el pago a los fondos buitres ha permitido el acceso al crédito externo. Argentina ha podido colocar deuda en el mercado internacional a tasas altas, y ahora ha posibilitado el endeudamiento de las provincias. Ya hay 11 provincias colocando deuda en los mercados globales. Es que el acuerdo con los fondos buitres (que funcionaba como un CEPO al endeudamiento) abrió la caja de Pandora para endeudarse. Como lo demostraron Martínez de Hoz y Cavallo, la deuda es un instrumento peligroso para suplir la falta de ahorro del sector público. Recuerde que la crisis de la Convertibilidad, tuvo que ver con el abuso del endeudamiento externo y con que no se atendieron los efectos regresivamente redistributivos del modelo, como el desempleo y el cierre de industrias. Lo peor es que este Gobierno arranca con un bajísimo nivel de deuda, por eso de ahora en adelante al decir de Lavagna: vamos a tener “un festival de bonos. Además, hay que darle a la maquinita para comprar un dólar planchado (como Cavallo y Martínez de Hoz).
En otro orden de cosas, si el BCRA quiere evitar que siga creciendo el stock de LEBAC que hoy representa el 92% de la base monetaria (están alcanzando otra base monetaria que paga intereses), tiene que emitir para pagar los intereses de las LEBAC y evitar los riesgos de seguir la refinanciación eterna, ya que en las próximas 5 semanas vencen $ 375 mil millones. Si esto no para, el stock de LEBAC seguirá creciendo, además de dejar sin crédito al sector privado.

El volumen de endeudamiento interno y externo comienza a generar dudas sobre la sostenibilidad de la deuda a mediano plazo. Conviene ser conscientes de que la dependencia del endeudamiento externo, hoy  nos vuelve vulnerables a los cambios en las condiciones de liquidez mundiales, y la inminente y planeada suba de la tasa de interés de la Fed.