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viernes, 4 de septiembre de 2009

Coeficiente Gini, China

La continuidad de 30 años en la reforma económica ha implicado un crecimiento del PBI a tasas del 8% anualizada. Este crecimiento ha ido acompañado por la acumulación de un importante excedente comercial, sostenido por un aún más pronunciado crecimiento de las exportaciones.
Esta dinámica se potenció tras la incorporación de China a la OMC y coincidió con la salida de la crisis del arroz. No obstante la magnitud del comercio en crecimiento, un constante ingreso de divisas producto de los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) han consolidado el modelo de desarrollo reformista, donde por un lado se registró una evidente reducción en los índices de pobreza absoluta y, por otro, en términos relativos, China pasó de ser uno de los países mas igualitarios del mundo, a uno de los más injustos. (Medido por el coeficiente Gini) la desigualdad ha crecido desde un índice de 0,3 en 1978-levemente superior a la desigualdad en Suecia y los países nórdicos, hasta el 0,46 en 2006, cerca del índice de Brasil.
La acometividad de las políticas patrocinadas por las autoridades ha llevado a un fuerte repunte de la demanda agregada y a una aceleración del crecimiento en dicho país, en medio de la crisis mundial. Se ha impulsado una política fiscal expansiva (equivalente a los 585 mil millones de dólares, prevaleciendo la inversión pública, en parte al sector manufacturero productor de bienes transables. El Banco Popular de China mantiene muy bajas las tasas de interés, se subsidia la energía y las commodities, y se han otorgado créditos garantizados por el Estado. Se mantiene un yuan depreciado frente al resto de las monedas con el fin de mantener las condiciones de competitividad.
Con la misma presencia estatal en la construcción institucional que predominó en el periodo reformista-lleva 30 años- China tiene hoy la oportunidad de hacer una reingeniería económica, siendo menos dependiente de las exportaciones y la inversión, aumentando la importancia del consumo privado, previniendo el incremento de la conflictividad social que podría poner en peligro la continuidad de la reforma económica. Todo esto sin renunciar a su modelo de crecimiento, consolidando las exportaciones, pero incentivando un mayor consumo, que incorpore regiones y sectores de la sociedad que aún no se enteran de los progresos alcanzados por China.

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