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miércoles, 16 de septiembre de 2009

El crecimiento, consideraciones

En tanto que el “pensamiento único” me distraía, y el riesgo de desplegar un proceso de avance nacional me agobiaba, casi me convenzo de la impotencia de los argentinos y calcino toda la biblioteca que construí, durante años. Me decía a mi mismo: “no se nada, no entiendo nada, las cosas son distintas”. Influía sobre el mundo una perspectiva casi esotérica, se trataba de entender un nuevo orden mundial. -¿Estaría el poder concentrado en “los masones”, “la logia de los huesos y la calavera” y, demás excentricidades, de manera fatal?-
Es cierto que sobrevivir fuera de las cofradías que operan en los mercados y las empresas, se hace difícil para los profesionales de un país como Argentina, establecer y defender valores propios, nunca fue fácil. Toda la estrategia neo clásica parecía consistir en otorgar seguridades y dar señales de confianza a los mercados, con el objeto de atraer inversiones volátiles y colocar 152 clases de títulos en diferentes monedas, legislaciones y tasas de interés-eso es lo que hicimos literalmente-. Al inquirir a un ex ministro de economía por esto en una reunión, me espetó: Mirá Pablo, “si colocamos tanta deuda como tu dices, es porque los mercados confían en nosotros”. Algunos sonreían al mirar mi perplejidad, porque esta era la manera de “pertenecer”-sin caerse de la profesión, o ser la comidilla de cuanto colega arrogante pululaba por los lugares comunes, tanto en Washington como Buenos Aires, créame-. Era muy difícil no sentirse un "bicho raro" con semejante cofradía de fanáticos durante los felices noventa. Recuerde que Stiglitz y Krugman eran unos idiotas que no sabían nada y, Rudy Dornbusch, Staley Fischer, Henry Paulson y Alan Greenspan las “mentes brillantes”. Lo mismo nos pasó con la Ley de Entidades Financieras-21526 RF/77-, responsable de un esquema de regresión económica y social, nunca visto, que además en 3 años terminó con el desplome del Banco de Intercambio Regional, Banco de Los Andes, Banco Internacional, Banco Latinoamericano y la lista es muy extensa para seguirla. Fuimos precursores. Lehman Brothers, Madoff no inventaron nada, avísenle a algún profeta auto proyectado que se convirtió en defaulteador serial (himself), debutando con Cavallo antes de defaultear con Lehman.
Los profesionales utilizan matemática y estadística para encontrar evidencias empíricas que respalden o acompañen conclusiones en el análisis. Yo también detesto los círculos cerrados que no sean para comprar automoviles, la prepotencia y la arrogancia K, o de cualquier signo-sin preferencias-. En cambio, no tengo nada contra las carteras de Louis Vouiton y las señoras coquetas. Pero más allá de los gustos e intereses personales, el desempeño de la economía argentina-desde 2002 en adelante-ha sido un testimonio concluyente del potencial argentino y, el daño previo que, en comparación, le profirieron las políticas que le precedieron. Hablemos de la obtención de un fenomenal tiempo de superávit de cuenta corriente, record de reservas de divisas y recaudación con un elevado superávit primario de seis años consecutivos. Para verificar un tiempo igual debemos bucear 106 años de historia. La salida de la convertibilidad y pesificación recuperó al BCRA como autoridad monetaria, luego de un largo periodo de intolerancia monetarista. Es cierto que tuvimos “viento de cola”-hablando de precios de los commodities exportados por el país-, pero también es cierto que esos precios, llegaron para quedarse. En unos años se incorporarán más de 800 millones de habitantes a una clase media que cada vez ha de comer mejor. La política económica implementada, permitió que la Argentina creciera a más del doble de la tasa de crecimiento promedio del mundo, en los mejores años de la historia global. El canje de la deuda externa en el 2005 fue previamente boicoteado por sus detractores que juraban que no era viable una quita de semejante magnitud. Nos íbamos a caer del mundo. Vivir con lo nuestro pasó de utopía desarrollista a realidad sustentable, en términos de financiamiento y ahorro interno, sustituyendo un endeudamiento crónico que explotó en el traumático default de 2001. Una inversión en base a ahorro doméstico superó ampliamente la relación inversiones/PBI de toda la década del noventa, donde supuestamente éramos los mejores alumnos del FMI. La producción y el empleo, despegaron y crecimos 68 meses consecutivos-el PBI creció 58% hasta el tercer trimestre de 2008, comparado con el primer trimestre de 2002, en ese periodo se duplica la relación inversión/PBI y el desempleo cae a un tercio de la crisis.
Desde mi juventud, nunca había experimentado el restablecimiento de la autoridad plena en el ejercicio de sus funciones de un titular del Poder Ejecutivo, tampoco en la determinación-diseño e implementación de la política económica nacional-. Por el contrario desde muchachito, aprendí de memoria las condicionalidades del FMI, para obtener el tramo de facilidades extendidas.
Cuando estalla la crisis en 2007, reeditada la burbuja de las Dot Com, reemplazada por la burbuja de las hipotecas sub prime; el desplome de la economía y el comercio mundial impactó fuertemente, contrayendo el gasto, el nivel de actividad y el empleo en las economías desarrolladas y aún, en las de mayor dinámica en los países emergentes. Los precios de los commodities cayeron por efecto dominó, y la economía argentina resistió un tornado de frente, superior a cualquier embate histórico. Normalmente en la Argentina un shock externo generaba corrida bancaria y terminaba con una devaluación, producto del estallido de una crisis por recurrencia de déficit gemelos (fiscal y de cuenta corriente). Inclusive se caían gobiernos civiles y militares.
No obstante, a que negarlo; en forma coincidente, se venían acumulando algunos problemas propios económicos y políticos que complicaron la situación. El conflicto del campo, las dudas del INDEC, la sequía y la gripe A; se conjugaron para atentar contra la estabilidad y el grado de bienestar creciente. El proceso electoral y la disputa política echaron leña al fuego en el primer semestre de 2009. Con eso y todo, el sistema financiero demostró una madurez y robustez envidiable, aún desde los países más ricos. El superávit comercial no amaina, la deuda se mantiene estable y las finanzas públicas sufren la caída de la recaudación, pero están bajo control. A pesar de padecer una fuga de capitales de 47 mil millones de dólares, no se produjeron las corridas bancarias del colapso De la Rúa-Machinea-breve López Murphy-Pou-Macarone-Cavallo. Concisamente, la economía argentina,-como vengo afirmando desde que se insinuaba la crisis-, está mejor parada que en ocasiones anteriores. El potencial necesario para impulsar el crecimiento está intacto, si Dios lo permite y en el norte se aquietan las aguas, retomamos la senda del crecimiento en 2010, pero empezando desde el tercer trimestre de este 2009.

1 comentario:

estarbol dijo...

¡Qué bueno es leer a alguien que no tira mierda todo el tiempo! Lo sigo desde que escuché su entrevista en CNN con el periodista colombiano que habla de economía en ese canal. Fue brillante cómo contuvo sus ataques.