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sábado, 13 de julio de 2013

Cristina Fernandez de Kirchner es peronista

Hoy me decía un amigo que asumía que como el oficialismo había ganado por “semejante paliza” en 2011 (casi 55%), el gobierno mostraría una mejor disposición para avanzar en la construcción de consensos con la oposición. Lo cierto es que la oposición no es un partido político, y nunca le dio tregua; por otra parte el oficialismo, redobló la apuesta y aceleró la profundización de su modelo político y estilo. La criticada "lógica del conflicto y la confrontación" encarna la esencia misma de las reformas encaradas y la resistencia. “Conflicto”, no tiene porque ser una mala palabra. A comienzos del siglo XIX había en Europa un profundo conflicto entre liberalismo y democracia. El liberalismo era admisible para el mundo en general, aunque hablar de democracia era en extremo despectivo, como lo es actualmente hablar de populismo. En aquel tiempo la democracia se identificaba con el jacobinismo, o el gobierno de la turba. Fue necesario transitar conflictos y revoluciones durante todo el siglo XIX, para que se diera un compromiso estable entre liberalismo y democracia. En Latinoamérica aquel liberalismo europeo inteligente que aceptó la democracia, nunca existió. Las aspiraciones del pueblo latinoamericano nunca fueron viables a través de las políticas liberales, ni los liberales tampoco han sido liberales. Cada vez que las aspiraciones del pueblo comenzaban a convertirse en reclamos políticos, los supuestos liberales, apelaban al totalitarismo que albergaba enfoques económicos emparentados con el liberalismo, pero más bien conservadores y, claramente opositores a cualquier causa popular.
A través de la democracia, el peronismo simbolizó la alternativa frente a las dictaduras militares argentinas, que desdibujaron la visión demo-liberal, y aun los nacionalismos que hubo en algunas dictaduras. Hoy vemos en la región, gobiernos de centroizquierda, con ideología nacional y popular (como el peronismo), que no menosprecian las formas democráticas liberales.
En nuestros países, cada vez que asoma un riesgo para la democracia, nunca proviene de un proceso político popular, sino más bien, del desvío del falso liberalismo, conservador y autoritario.
Esta semana, la Presidenta de la Nación tuvo que aclarar que siempre fue peronista, porque quienes-literalmente la odian-le atribuyen etiquetas de "gobierno autoritario" o “socialista”, para invocar y exacerbar los sentimientos más reaccionarios de quienes todavía no soportan la democracia. También se hacen comparaciones antojadizas con otros países de la región, no desprovistas de una intencionalidad pecaminosa. Se aprovechan porque no todos los ciudadanos distinguen entre los populismos de Latinoamérica. Cada gobierno en la región, expresa distintas expresiones y grados de profundidad populista-que tampoco es una mala palabra-; y definitivamente, no son iguales. No se puede comparar la Argentina de Cristina peronista, con la Venezuela de Maduro socialista, es absurdo; cada experiencia tiene la perspectiva cultural de sus propias tradiciones e historia. Si el modelo venezolano en la Argentina es indeseable para un amplio sector de la sociedad, también vale la pena decir que es políticamente inviable, por lo cual no debería ser necesario refutar una hipótesis de futuro "a la bolivariana".
En la Argentina hay una sociedad que creó un perfil mas afín al de sociedades más desarrolladas, y está mucho mas estructurado. Cada país tiene sus propias carreteras en América Latina, aunque existan elementos comunes. Uruguay y Brasil con gobiernos de centro-izquierda, no han realizado cambios profundos, pero son populares. Brasil es cauteloso, tiene una experiencia histórica distinta, y es un país regionalizado, por eso en estos dias Dilma se encuentra articulando intereses diferentes, y no confrontando. Tratemos de profundizar nuestra educación política, para que los “picaros” no nos engañen, no todo es lo mismo, y peronismo-aunque con diferentes expresiones- hay uno solo.

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