Si el Poder Ejecutivo gana la batalla de las reservas, el aumento del gasto primario del sector público nacional impulsado en los últimos años, se consolidara. Es un “objetivo estratégico” solapado, que condicionara cualquier intento futuro de volver a los felices noventa.
Acá no existe ningún error, nada de parches, no se quedaron cortos, no buscan caja, ni se trata de una locura; esta es parte de la estrategia que comenzó en Diciembre de 2005, con la cancelación al FMI. Terminar con las condicionalidades del FMI, permitió establecer una estrategia propia, y fijar un nivel de asignación de recursos que solo el Congreso podría modificar en un futuro, si asume el riesgo de enfrentarse con buena parte de la sociedad beneficiada por la redistribución del ingreso establecida por los gobiernos “K”.
Con más gasto público, mayor será la dificultad para que el próximo presidente pueda volver a cambiar de rumbo la estrategia iniciada en 2002. No será fácil volver a las AFJP, ni bajar las jubilaciones y, ni hablar de los “nuevos viejitos incorporados por el sistema”. Mucho menos debilitar sindicatos volviendo a destruir la industria.
En suma, el Gobierno “cree” en lo que esta haciendo, es su estrategia de largo plazo, y fue parte de su plataforma electoral; cambio la composición del ingreso nacional.
En su perspectiva, mantener alto el gasto agregado, aunque sea a costa de algo más de inflación, es un problema de corto plazo. Por eso es que recibe embates feroces de la ortodoxia y sus aliados, por seguir apuntalando la FMI, y mejorando los niveles de actividad, en base a un manejo fiscal de deterioro extra.
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