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jueves, 18 de marzo de 2010

Corralito en Corea

Un heredero norcoreano de Cavallo, ya no podrá retirarse como víctima de la incomprensión popular, porque a diferencia del Mingo, este hombre ha sido inmolado por el mismo gobierno que lo designó oportunamente.
Una conducta colectiva de acaparamiento masivo, proporcionó un desbarajuste monetario incontrolable. Curiosamente la misma gente que unos meses atrás había estado en la trinchera ante un eventual conflicto bélico contra Corea del Sur, esta vez se levantaba para defenderse de las decisiones políticas de sus propios gobernantes.
El ex ministro de finanzas de Corea del Norte y ex director de planificación y finanzas del Partido Comunista, fue ejecutado tras haber implementado una reforma monetaria que provocó conflictos sociales de magnitud. Fue destituido en Febrero, pero la sanción no se hizo esperar, fue ejecutado la semana pasada en un cuartel en Pyongyang. Es que la revaluación del won (al revés de lo que dicen los manuales), en Noviembre de 2009, provocó una espiral de precios que empeoró la falta de alimentos básicos, provocando tumultos y reacciones de todo tipo.
A través de un DNU Comunista, el 30 de Noviembre se puso fin de un plumazo a la circulación de los billetes norcoreanos, y se impuso el cambio por otros nuevos, a una tasa equivalente de 100 por 1, lo que produjo una revaluación nominal del 100%.
Esta había sido la primera revaluación del won en diecisiete años, destinada a contener el proceso inflacionario y poner fin al auge del mercado negro, sincerando los precios de la economía real. La realidad es que el programa tuvo el efecto inverso, induciendo más inflación y agravando la escasez de alimentos. Al ser limitada la cantidad de dinero que se les permitía cambiar a la gente (corralito coreano), la muchedumbre se lanzó al mercado negro a comprar yuanes chinos o dólares norteamericanos, provocando una verdadera hecatombe, con disturbios, tanto que entre el 5 y 6 de diciembre en la ciudad de Hamhung, se ejecutaron 12 personas, a quienes se les atribuyeron responsabilidades diversas.
Aunque la ejecución de ministros de economía no sea algo corriente, las resistencias sociales son cada vez más comunes, aun en medio de las dictaduras más feroces. Ni tanques, ni picanas, ni programas de ajuste, evitan estallidos populares, o especulación contra la moneda local, cuando son muchos los que exigen mejores condiciones de vida. Esta exigencia representa la mayor amenaza de todas las que se ciernen sobre los gobiernos, tanto comunistas, como capitalistas.

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