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jueves, 20 de noviembre de 2008

Majestuosidades de las revistas de negocios




Quienes fueron en tiempos pasados las majestades de las revistas de negocios, concluyen hoy como actores de la mayor tragicomedia financiera mundial. La realidad es que estos talentos no encuentran el rumbo a seguir desde mediados de septiembre, cuando se les desplegó repentinamente “la caja de Pandora”. Desde entonces quedó demostrado que las asunciones de racionalidad del comportamiento de los mercados en la teoría económica, no es más que una entelequia.
A pesar de la acciones coordinadas de los gobiernos, la reunión del G20, los anuncios que proclaman que “todos harán de todo” para evitar un colapso internacional; las bolsas no mejoran. Ni recapitalizando a los bancos mediante la compra de acciones preferidas, ni garantizando los pasivos bancarios, ni proveyendo liquidez ilimitada a todo el sistema financiero para restablecer el crédito. Con todas las medidas dispuestas, los mercados siguen volátiles, y ningún profesional serio puede decir hasta cuando se prolongará esta odisea, lo cierto es que va siendo hora de realizar una reingeniería de la economía mundial, sometida desde hace muchos años a un desarrollo insaciable y desordenado de los mercados de capitales en general.
El serrucho descendiente no cesa en los mercados financieros. Los técnicos a cargo de sortear esta situación, no tienen plan, y han cometido errores groseros; habiendo hecho un mal diagnóstico, han actuado con improvisación y temeridad; emprendieron un plan táctico desatinado, con equipos técnicos que no saben ni creen en heterodoxia, y por lo tanto actúan contra sus propias convicciones cometiendo toda clase de errores.
En un intento por traer tranquilidad, los emisarios han soltado un montaje que consiste en decir que los mejores profesionales del mundo, los más adecuados para pilotear una crisis financiera están hoy en el timón. Lo cierto es que no hay ningún premio Nobel heterodoxo presente, y los actuales pilotos de tormenta son los mismos progenitores de la calamidad. Los propios que están bajo “la gran orden”, quienes promovieron el pensamiento único, inventores del mito según el cual la desregulación alienta la innovación, aquellos que convirtieron a los mercados financieros en un fin en sí mismo, en lugar de un medio de la economía. Del mismo linaje, las calificadoras, nunca ayudaron a disminuir los riesgos sistémicos e hicieron una pésima asignación de recursos. Los bancos exportaron al mundo activos inflados por las sociedades que los compraron, con el auxilio de las calificadoras de riesgo que pusieron valoración “AAA” a las titulizaciones subprime. Si es que se equivocaron en sus hipótesis de trabajo, estos últimos genios han sido por lo menos cómplices de los bancos en la sobrevaluación engañabobos que ha inundado el mundo entero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Majestuodidades suena demasiado sofisticado, mas bien se trata de trajes vacíos que venden lo que no son, lo que no existe y lo que compra la audiencia Tinelli de los negocios