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miércoles, 9 de junio de 2021

A 20 AÑOS DE LA CRISIS 2001



Los fenómenos que vienen sucediendo en Chile, Colombia y Perú, no son episodios aislados ni desconocidos. Los estallidos sociales con violencia tampoco fueron un hecho nuevo en América Latina, en 2001. Nombres como el “Bogotazo” o el “Caracazo”, la revuelta popular que estalló en Caracas de 1989, momento en el que la protesta se convirtió en uno de los aspectos más característicos de la vida cotidiana en la capital de Venezuela – y que contribuyó a crear las condiciones políticas que llevaron a Hugo Chávez al poder en Venezuela- son recordados como sucesos de fuerte conflicto político y social.

En la historia argentina son varios los episodios de conflictos y violencia social que han marcado hitos. En el verano de 1919, tuvo lugar la llamada “Semana Trágica”. Durante los años de la Primera Guerra Mundial comienza uno de los periodos huelguísticos más importantes de la historia argentina. Este alcanza en 1919 el número de huelguistas y de huelgas más elevados en los cuarenta años del siglo, afectando casi el ochenta por ciento de la población obrera de Buenos Aires. La ola de huelgas coincidió con un periodo de aumento del costo de vida y una disminución del salario real, que alcanzaba, en ese mismo periodo, el índice más bajo registrado entre 1900 y 1940. Hipólito Yrigoyen-presidente popular-promediaba su primer gobierno, cuando tienen lugar en la Capital Federal huelgas que se prolongan, represión policial con víctimas, violencia y nueva represión en el sepelio de militantes obreros caídos y un encadenamiento de hechos violentos en los cuales la protesta obrera y la militancia anarquista convergieron para generar una situación de desborde, en la cual fueron tomadas comisarías y edificios públicos. La magnitud de la conmoción social de enero de 1919, dejaría profundas huellas en la memoria popular, y en las diferentes clases de la sociedad argentina. Haría su aparición, una literatura de carácter social[1].

Medio siglo después, la expansión del movimiento político juvenil durante la década del sesenta fue parte del proceso de cambio, el comienzo de la lucha armada, los primeros conjuntos de rock nacional, signos de la emergencia cultural y política de la juventud como sujeto activo y como destinatario de mensajes especialmente dirigida a ella[2]. Todo esto se prolongo durante la década del setenta. Pero hubo un pico en la represión dura de 1969 durante el gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía, donde tuvieron lugar en Córdoba los hechos de violencia que fueron conocidos como el “Cordobazo”. El “Cordobazo” marcó un hito y en alguna medida fue el inicio de la década más violenta de la Argentina que fueron los años setenta. Luego de un breve periodo democrático, el régimen instaurado en 1976 intentaría inmovilizar las posibilidades de protesta social, e imprimir un carácter técnico a su gestión. Así se clausuraron muchos canales de participación popular y se apuntaba a la desmovilización social mediante la represión[3].

Retomando la línea de los estallidos, en 1989, ocurren los saqueos generados por la hiperinflación. Fue un hecho de génesis predominantemente social, con menos ingredientes políticos e ideológicos que los anteriores y que responden a una nueva realidad social que es la existencia de un segmento importante de personas que están fuera del sistema formal y que son trabajadores en negro y subocupados, que en la vorágine de la hiperinflación quedan fuera de la posibilidad de consumir alimentos. Entre el 16 de mayo y el 9 de julio, hubo 676 saqueos a lo largo de un período de 52 días. Alfonsín dicta el estado de sitio sin convocar a las Fuerzas Armadas y el orden recién se restablece cuando asume Menem, cinco meses antes de la fecha prevista. Los saqueos se repiten con menor intensidad a comienzos de 1990 (se realizan 95) durante la hiperinflación que se produce al comienzo del gobierno de Menem.

Diciembre de 2001

En Diciembre de 2001, pasada más de una década, los saqueos afectaron nuevamente a la sociedad argentina. La restricción a los depósitos generaba una drástica caída de los ingresos del 60% de la población que estaba fuera del sistema formal, en esos momentos el desempleo llegaba al 20%, siendo el récord histórico, luego que el país sufriera tres años y medio de recesión. La limitación del uso del efectivo, acentuaba la impotencia de las clases medias que ambicionaban comprar dólares para cubrirse de las contingencias futuras, y agravaba la insuficiencia alimentaria de los marginados, fue así que se ponía en marcha el cacerolazo[4].

Entre el 13 y el 20 de diciembre de 2001, tuvieron lugar 461 saqueos, con un fenómeno que en magnitud supero al de 1989, pero que comparado, el desempleo era más del doble y la violencia social y la delincuencia se habían incrementado considerablemente, con lo cual la situación se fue haciendo más delicada. El ex Presidente De la Rúa decretó el estado de sitio.

Los movimientos sociales que comenzaron a tener trascendencia en la década del noventa en la argentina fueron variados[5], pero empezaron con los denominados “piqueteros”, que enfrentaron la enajenación de YPF[6], por parte del gobierno del ex presidente Carlos Saúl Menem. Poco a poco se fueron sumando los movimientos de trabajadores de empresas en quiebra, organizaciones de desocupados y asambleas barriales, otros espacios como los grupos de trueque, quienes reemplazaron las operaciones de compra-venta de transacción monetaria y en algunos casos, mas tarde se convirtieron en cooperativas de trabajo.
En el origen, la gran mayoría de las organizaciones sociales estuvieron originadas en el desempleo estructural de larga duración que promedio los dos dígitos, durante toda la década de los años noventa,  teniendo en cuenta que nunca descendió de 10% en el Gran Buenos Aires (GBA) y diversas localidades del interior del país.

Las condiciones socio-económicas fueron la causa principal del fenómeno de los movimientos sociales, que junto a la oposición oficialista, acelero el proceso de deterioro del gobierno del ex presidente De la Rúa, periodo en el cual finaliza más de una década de aplicación de políticas neoliberales[7].

La crisis se espiralizó: Domingo Cavallo diseñaba y anunciaba el famoso “corralito” bancario, que implicaba un congelamiento de depósitos por 90 días. Argentina lograba cubrir sus vencimientos de deuda el 14 de diciembre, pero el gatillo de la crisis era social: tras dos semanas de “corralito”, y con el efectivo retenido, comenzaron los saqueos y la desesperación. Estallo la violencia y el estado de sitio. Fernando De la Rúa renunció y se fue en el ya célebre helicóptero presidencial dejando tras de sí, un país en llamas.

 

 



[1] Reyna Almendos, Hacia la anarquía. Examen de la política radical, 1919; Villalobos Domínguez, Evitemos la guerra social, Buenos Aires, Editorial: Tor 1919; Gancedo A, Justicia social. Hacia la paz. Buenos Aires, Imprenta Rinaldi, 1920; Magia Floreal, Enero rojo, semana negra, Buenos Aires, Editorial Cartago, 1974; Viñas David, En la semana trágica, Buenos Aires, Editor: Jorge Álvarez, 1966

[2] Clementi, Hebe, Juventud Política en La Argentina, Buenos Aires, Siglo XX 1982.

[3] Jorge Rafael Videla, The Times, Londres, 4-1-78, “Un terrorista no es simplemente alguien con un fusil o una bomba, sino alguien que despliega ideas que son contrarias a la civilización occidental y Cristiana”

[4] Kammerer María Luján y Sánchez Roncero María Victoria, “El cacerolazo como nueva forma de expresión popular”

 

[5] Marisa Revilla Blanco, Nueva Sociedad 227, Pág.60 cit. Episodios y procesos: ¿cambios en los repertorios de acción en América Latina?: Desde finales de los 90, se observa una tendencia general al incremento de la conflictividad. La conflictividad en ese periodo se concentra en la zona andina, mientras que en el Cono Sur se puede observar una disminución, con las excepciones de Argentina y Paraguay

[6] Calderón (2006) y Escobar (2010); Para superar expectativas frustradas, se unen quienes habían planeado su vida y desarrollo alrededor de una empresa del Estado.

 

[7] Garretón, Manuel Antonio,  “La transformación de la acción colectiva en America Latina”, Capitulo V, Pag. 13. El cambio de matriz sociopolítica en América Latina El neoliberalismo como intento de negar la política a través de una visión distorsionada y unilateral de la modernización expresada en una política instrumental  que sustituye la acción colectiva por la razón tecnocrática y donde la lógica del mercado parece aplastar cualquier otra dimensión de la sociedad.

viernes, 26 de octubre de 2018

A 17 años de 2001, confluencias financieras y sociales 2018



A 17 años de la crisis del funcionamiento de las instituciones democráticas en Argentina, hoy puede sostenerse que no se han disipado las amenazas de un retorno al pasado caótico. Esta afirmación se evidencia en las propuestas gestoras de aquellas mismas falencias de quienes gobernaron hasta 2001-muchos technopols repetidos en este periodo- y, una oposición que tiene el desafío de encontrar los mecanismos adecuados para encarar una nueva fase superadora de un paradigma que exhibe claros síntomas de fatiga.
Luego de la catástrofe de 2001, la Argentina tuvo que enfrentar un conjunto de desafíos inéditos promovidos por el incumplimiento de sus obligaciones financieras internacionales y el estallido social interno, que transformaron el escenario político en el que se concedían los vínculos simbólicos. Hoy el furibundo endeudamiento de 30 meses-IS16-2S18-ha concentrado vencimientos imposibles de afrontar desde 2020 hasta 2022 (próximo periodo presidencial). Esto no significa que su percepción por parte de los mercados, anticipe el escenario menos deseable.
Nunca un gobierno argentino se desgastó tanto en tan solo 12 meses de gestión (octubre 2017-octubre 2018) como el de Mauricio Macri. De esta manera, en la Argentina se verificó una tendencia que indica que en los países que vuelven a aplicar las políticas neoliberales, e incurren en crisis financieras, ya al borde de la cesación de pagos, es casi inevitable la intervención del FMI. Todo esto se debe a que la ideología hegemónica dominante se ha orientado desde los países desarrollados hacia los países emergentes, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados y la expansión del capitalismo financiero.
Dada la creciente caída del salario y el empeoramiento de las condiciones de vida de los últimos meses, lo asombroso no es que los ciudadanos ayer se manifestaran pidiendo que no se apruebe el presupuesto, sino que en estos meses, hayan sufrido en forma creciente, en silencio, atolondrados.
Aunque el FMI tiene hoy oficinas en el BCRA, este organismo está dirigido por representantes de los países industrializados, quienes señalan que “el mejor gobierno es un gobierno pequeño que resigna funciones que el estado no desempeña con éxito merced a su consabida ineficiencia y corrupción, a favor de una supuesta-no siempre probada- mayor eficiencia y ética proveniente del sector privado (Stiglitz). En tal sentido, quiere significarse que las políticas públicas-en lo que hace a la política económica-necesita un equilibrio entre el papel de los mercados y el papel del gobierno. Dicha conclusión emerge en forma diáfana, cuando se contextualizan las circunstancias relativas a decisiones de políticas públicas.
En el caso argentino, la presente aplicación de las mencionadas políticas, no solo vienen afectando el funcionamiento de las instituciones-sucesiones de ministros del área económica y presidentes del BCRA-, sino que pueden implicar unos costos inusitados, en términos sociales en diferentes localidades del país, como sucedió en 2001, generando una inestabilidad de magnitud, y aun en todos los aspectos (Gervasoni).
¿Será que nuevamente la dominancia ideológico-tecnocrática del FMI, en contraposición con la aguda brecha social se irá consolidando y finalizará “soltándonos la mano” otra vez, generando una crisis financiera e institucional?  No lo sabemos.
En el interior del Estado argentino, los problemas económicos y políticos acontecen a través de una burocracia disciplinada-exacerbada y con altos  estándares de corrupción-eufemísticamente: conflicto de intereses-, así como un endeudamiento creciente y extravagante que se ha tornado insustentable.
Si el desempleo irá creciendo, esto será antes de un potencial estallido social, que viene expresándose en esta crisis que transcurre desde diciembre de 2017. La desigualdad ya es de gran magnitud, medida por indicadores de distintas entidades. La pobreza es una consecuencia de la desigualdad (Tilly). Es importante esta sencilla ilustración de Charles Tilly, cuando se vuelven a cruzar los temas de pobreza y desigualdad (Stiglitz).
Alain Touraine expresa la insuficiencia de las democracias representativas, debilitadas en las sociedades que se han alejado de la esfera gubernamental con gran impacto social. (…Quisimos que la democracia fuera representativa y estuvo bien que así fuera; sin embargo, actualmente es necesario identificar los intereses que son representables y asegurar que los dirigentes sean efectivamente representativos, más que de los intereses particulares o de su propio interés, del interés general que incluye el respeto y la protección de las minorías. Hay que decir que en ese terreno las democracias han retrocedido, porque las sociedades democráticas actuales ya no están divididas, a diferencia de la sociedad industrial, entre una minoría de dirigentes y una mayoría de trabajadores, sean independientes o dependientes, porque en la sociedad postindustrial dominada por los intereses financieros y regida por las políticas neoliberales, son cada vez mayores los sectores de la población desprotegidos y marginados…) El capitalismo contemporáneo genera todo tipo de desequilibrios y áreas críticas: crisis ecológicas, marginalización, desempleo, y desigualdad en el desarrollo de diferentes sectores de la economía. La vorágine en que se sumergió el país desde 2001 por lo menos hasta mayo de 2002: corralito, resistencia social, estado de sitio, estallido social generalizado, sucesión de autoridades, cesación de pagos, devaluación, depresión continuada, inflación y sobretodo, indignación y perplejidad generalizada ( Laclau). El caos político en que cayó el gobierno de De la Rúa se manifestó en la violencia de los saqueos y en la presencia masiva de gente en las calles, desafiando el estado de sitio y mostrando una desobediencia civil inédita, pero también en la resistencia de las Fuerzas Armadas a distribuir alimentos entre los sectores más pobres de la población (que habría sido solicitada por el Presidente) y, fundamentalmente, en la falta de políticas para atender la emergencia, que luego de las varias sucesiones provisionales-en el marco del sistema presidencialista-, pudieron ser implementadas por Eduardo Duhalde, a partir de su designación por parte del Poder Legislativo. Hoy el gobierno de María Eugenia Vidal suplica a las iglesias católica y evangélica que la ayuden, en circunstancias similares, donde las Fuerzas de Seguridad, están en las fronteras y las que están en las ciudades, se ocupan del “orden interno”.
El gobierno aun está a tiempo de evitar males mayores, la dinámica de una crisis no se puede prever, un estallido social con consecuencias dramáticas como las de 2001 puede evitarse cambiando el rumbo que hace 17 años llevo el país al colapso.



domingo, 26 de agosto de 2018

Macri descartara versiones de default en EE.UU.


El presidente Macri descartara en persona, versiones de default en EE.UU.
Un déjà vu, que significa en francés: “ya visto antes”. No sé si es adecuada la definición de Wikipedia, porque habla de un tipo de paramnesia del reconocimiento-en contraposición a las paramnesias del recuerdo-de alguna experiencia que sentimos como si hubiésemos vivido previamente. Fundamentalmente se trata de un suceso que sentimos que ya vivimos, pero en realidad no. Es que esto puede ser peor. Esto podría ser algo nunca visto..
El fenómeno de las crisis financieras se incorporó oficialmente en la agenda mundial, y por lo tanto en el ámbito internacional, como una preocupación para los Estados de mayor grado de desarrollo económico y los organismos multilaterales de crédito, después de la denominada “Crisis de Lehman Brothers[1], fue luego de aquel “semestre trágico[2]” que pudo posicionarse con fuerza como tema de debate, remarcándose su asociación a las esferas de desregulaciones,  y falta de controles e intervenciones de los gobiernos. Desde 1994 las crisis financieras se han incrementado en distintos países-México, Tailandia, Malasia, Indonesia, Corea del sur, Rusia, Ecuador, Brasil, Argentina. Pero su relevancia adquirió un interés inquietante cuando Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia (2010) comenzaron a ser parte integrante de los desequilibrios internacionales. Todo esto se debía a que la ideología hegemónica por cuarenta años se había orientado y establecido desde los países desarrollados hacia los países emergentes, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados, la expansión del capitalismo financiero. En este entendimiento, la situación financiera internacional se había configurado como un emergente del avance de lo financiero sobre lo político, y  los actores a cargo en los países desarrollados dieron cuenta de ello.
En este marco, la diferencia para resolver los desequilibrios en los países desarrollados y emergentes han perjudicado en mayor medida a estos últimos, y esto responde en parte a la decisión de subordinar las políticas públicas a las diez reglas del Consenso de Washington[3], por ejemplo, para la región Latinoamericana en la década de los noventa[4], dejando paso al FMI, la tecnocracia internacional y las “mejores prácticas del mercado”. Así se trasformo en el rumbo aceptado por numerosos políticos, principalmente los adherentes al neoliberalismo (en Argentina Menem-De la Rúa, Collor de Mello en Brasil, Fujimori, Sánchez de Losada y Gutiérrez; en Perú, Bolivia y Ecuador respectivamente). El FMI había incluido la clásica receta, como factor previo a cualquiera de sus políticas de asistencia financiera. Los avances devinieron en un extraordinario aumento de la desigualdad y la pobreza, debido al endurecimiento de las exigencias de estos organismos y lo que denominare en adelante “el entorno neoliberal”[5]. El tema ha tomado especial protagonismo desde el inicio del nuevo milenio, aunque fue perfeccionado cuando supero las fronteras de los países emergentes, para concernir a los países desarrollados,  lo que elevó la incertidumbre de los países más ricos. Fue en ese contexto que la Argentina, asumió el papel de “mejor alumno del FMI”[6], no resguardando sus intereses, y adaptando sus políticas a los nuevos requerimientos del Consenso de Washington, una década antes de ingresar en el mayor default de la historia mundial, en diciembre de 2001.
Nunca un gobierno argentino se desgastó tanto en tan solo dos años de gestión como el de Fernando de la Rúa. Al momento de renunciar a su cargo de presidente de la Nación Argentina, la imagen positiva era sólo 4%[7]. De esta manera, en la Argentina se verificó una tendencia que indicaba que en los países que habían aplicado políticas neoliberales e incurrido en crisis financieras, ya al borde de la cesación de pagos, era casi inevitable la caída del gobierno (Ecuador[8], Indonesia[9], Malasia[10], etcétera) ante la imposibilidad de manejar sus consecuencias. Ese desgaste del ex presidente De la Rúa, que también afectó a buena parte de la dirigencia política del país. El caos político en que cayó el gobierno de De la Rúa, no sólo se manifestó en la violencia de los saqueos y en la presencia masiva de gente en las calles, desafiando el estado de sitio y mostrando una desobediencia civil inédita, sino también en la resistencia de las Fuerzas Armadas a distribuir alimentos entre los sectores más pobres de la población (que habría sido solicitada por el Presidente) y, fundamentalmente, en la falta de políticas para atender la emergencia, que luego de las varias sucesiones provisionales-en el marco del sistema presidencialista-, pudieron ser implementadas por Eduardo Duhalde[11], a partir de su designación por parte del Poder Legislativo.






[1] PricewaterhouseCoopers International Limited, Lehman Brothers Bankruptcy, “Lessons learned for the survivors Informational presentation for our clients”, August 2009
 
[2] Así se denomino el periodo comprendido entre el ultimo trimestre de 2008-con la quiebra de Lehman Brothers y el final del primer trimestre de 2009, cuando la economía mundial, comienza a recuperarse del shock.
[3] El Consenso de Washington incluye estos 10 puntos: 1. Disciplina presupuestaria de los gobiernos. 2. Reorientar el gasto gubernamental a áreas de educación y salud 3. Reforma fiscal o tributaria, con bases amplias de contribuyentes e impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado. 5. Tipo de cambio competitivo, regido por el mercado. 6. Comercio libre entre naciones. 7. Apertura a inversiones extranjeras directas. 8. Privatización de empresas públicas. 9. Desregulación de los mercados. 10. Seguridad de los derechos de propiedad.
[4] Casilda Béjar, Ramón, “América Latina y el Consenso de Washington”, boletín económico de ICE n° 2803, del 26 de abril al 2 de mayo de 2004
[5] Tigani, Eugenio Pablo, FMI, BCE, Fed, Treasury US, políticos funcionales al marco teórico neoliberal, corporaciones internacionales , banca privada de inversión y comercial, calificadoras de riesgo, nuevos profesionales físicos, matemáticos, y sus nuevos productos derivativos financieros ofrecidos por Wall Street, lobbistas de la desregulación de los mercados contratados por las corporaciones para representar grupos de presión privatizadora en los Congresos, mercados financieros internacionales-bolsas de valores-fondos de inversión, capital de riesgo, private equity funds, hedge funds, fondos mutuales de pensión, fondos buitres, corredores de cambio, fijadores de tasas de interés y cambio-arbitrajistas-, sistema financiero en las sombras, comisión de valores, especuladores, universidades formadoras y promotoras ideológicas, buffetes de abogados top, economistas funcionales, consultores de alta dirección extranjeras y locales, etcétera.
[6] IMF (International Monetary Fund), WBG (World Bank Group) Boards of governors annual meetings, Washington, D.C., Press Release No. 5, October 6 - 8, 1998, Statement by the Hon. CARLOS SAUL MENEM, President of the REPUBLIC OF ARGENTINA, at the Annual Meetings of the Boards of Governors of the International Monetary Fund and the World Bank Group
[9] Sánchez Moreno, Montserrat, “Transición y democratización en Asia-Pacífico: El caso de Indonesia.”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 78, p. 141-158
[10] García, Jaime, “Malasia y la crisis internacional”, Panorama Mundial, boletín electrónico del IDEI,
Año 1 - No 1 - abril 2009


[11] Discurso de Eduardo Duhalde anunciando el lanzamiento del Plan Jefas y Jefes de Hogar en


viernes, 27 de octubre de 2017

LA ECONOMIA DEL DESASTRE


Con Descartes, la razón se ubicaba en el centro del conocimiento; con Galileo, la técnica dominaba la ciencia; con Duran Barba se separaron los ideales monetaristas de la política. Los tecnócratas de De la Rua y Cavallo perdieron la perspicacia que tenían, convirtiéndose en rehenes de fuerzas que los exceden y los poseen.
Los economistas neoclásicos, monetaristas, heterodoxos críticos y aun estructuralistas; decían no entender al gobierno anterior (2002-2015). Obviamente, no se puede leer la economía desde esas representaciones y entender la perspectiva nacional y popular. El marco teórico no es ninguno de esos, por eso es como tratar de leer chino con el alfabeto latino. La “particularidad” que guía a un gobierno nacional y popular, obliga al gobernante a depender del pueblo, ser sensible a su voz y respetuoso de sus demandas. Melconian y Sturzenegger analizaban una economía nacional y popular, desde su perspectiva monetarista, Leiva desde su heterodoxia critica, Lavagna desde su moderada hetero-ortodoxia. Aspiro a no cometer ese error de aquellos que perdiendo las elecciones o siendo desplazados, pretendían que se aplicase su enfoque económico.
La solución de la inflación que era lo mas fácil de resolver, según el presidente Macri, se eterniza y vamos por el 4to semestre que no se alcanza el objetivo. La meta era 1% mensual (1.9% representa un error de 90% en la meta). Según Sturzenegger-Dujovne, la inflación, un impuesto confiscatorio que no se trata en el Congreso y afecta más a los sectores más vulnerables era mala praxis para un gobierno popular, pidiendo disculpas es aceptable para ellos, y la población le ha ratificado su confianza.
Existen estos límites fiscales y externos para la segunda línea de la tecnocracia De la Rua, lo marcan los déficits gemelos que exceden ampliamente a los del último periodo de Cristina Fernández. Comparando en forma homogénea, cuando uno mira el déficit fiscal-sin tomar los ingresos del blanqueo que son por única vez-, el déficit global crece. Ya se ubicaba alrededor de 9/10% del PBI computando el déficit provincial, municipal y cuasi fiscal, en el trimestre pasado.
En otro orden de cosas, el creciente déficit de la cuenta corriente indica que 2017 puede terminar con un déficit externo de alrededor de 5% del PBI. La balanza comercial ya acumula un déficit de 5.200 millones de dólares en solo 9 meses de 2017. Solo en septiembre el déficit fue de u$s 765 millones, contra un superávit  de u$s 242 en 2016.
Déficit gemelos:
Siempre que Argentina tuvo déficits gemelos de esta envergadura, experimentamos una crisis. En la historia contemporánea, sólo tuvimos déficits gemelos superiores a estos en dos oportunidades, en 1975 antes del Rodrigazo y en 1981-1983, luego de Martínez de Hoz. Hubo otras dos ocasiones con déficits gemelos con Alfonsín en 1987, terminamos en hiperinflación y, finales de Menem-De la Rua en 1998-2001 donde aun con indicadores inferiores y menos riesgosos a los actuales, finalizamos en default y estallido social.
¿Descarrilamiento en cámara lenta o shock?
Dos demonios acechan al neoliberalismo macrista, camuflado de desarrollista. En este momento el déficit de cuenta corriente es el resultado de la ausencia de la lluvia de inversión y el exceso de déficit fiscal.
Lo gobiernos de Alfonsín y la Alianza, descarrilaron en cámara lenta.
En cambio en 1975 los déficits gemelos de la Argentina intentaron ser resueltos con un shock, por Celestino Rodrigo-Ricardo Zinn y sus muchachos (una tercera línea de Chicago Boys-que llegaba para quedarse con la dictadura) y, obviamente terminó afectando la gobernabilidad en pocos meses.
En 1981-1983, con todo el apoyo financiero inicial, los déficits gemelos estallaron al cesar el financiamiento externo al mismo tiempo que aumentaron las tasas de interés en EE.UU., generando una crisis.
En aquél entonces el ajuste se produjo con devaluación y recesión. En 1981 el PBI cayó 5.2% y en 1982 con guerra de Malvinas a cuestas 0.7%, mientras que la inflación pasó de 105% en 1981 a 343% en 1983 (punta a punta, 433% diciembre contra diciembre). Por último, el tipo de cambio real multilateral mejoró 233% (punta a punta), devaluándose el peso un 70% en términos reales.
En 1987 (del plan Austral al plan Primavera) cuando los déficits gemelos treparon a 9% del PBI, la Argentina pasó de 175% de inflación anual a hiperinflación, alcanzándose en 1989 una tasa del 4.923% (punta a punta). El PBI cayó 11% en 3 años. El tipo de cambio real subió 128%, devaluándose el peso un 56% en términos reales.
Por último en 2001, al final de la Convertibilidad, aunque entonces los déficits gemelos alcanzaron un nivel inferior al actual-6% del PBI-, el corte abrupto del financiamiento externo llevó a una caída acumulada del PBI de un quinto en 4 años.
Como se evalúa desde el actual marco teórico, nunca resulta intrascendente la figura de déficits gemelos recargados. Si los préstamos del exterior se atascan y la emisión monetaria se reduce por la caída de la demanda real de moneda local en una economía semi libre, suele suceder una crisis macroeconómica.
En esta oportunidad, si bien la presencia de elevados déficits gemelos y exposición en dólares hace a la Argentina muy vulnerable, existe la posibilidad de evitar un mal desenlace. Eso depende de la buena voluntad o la avaricia de los prestamistas.
¿Qué es lo que posibilita esta valentía de los prestamistas?
La avaricia que ciega el riesgo real. La “liviana herencia”, que dejó un bajísimo nivel de deuda pública en términos del PBI, el pago casi a los fondos buitres pagando el máximo posible, que sentó un precedente. “Siempre pagaremos, ya encontraremos el candidato”.
El triunfo de CAMBIEMOS debe ascendernos a la categoría “emergentes”. Así aumentarían las probabilidades de mejorar el rating de calificación crediticia, con lo cual se podría seguir pidiendo prestado 7% del PBI durante 2018 y 2019, dejando una pesada herencia. Los dólares en el mundo abundan, hoy faltan clientes que paguen tasas extravagantes como las que viene sufragando Argentina.
Resumiendo: “viento de cola” financiero. Si esto se mantiene, y el mundo lo admite-el FMI, las calificadoras de riesgo, la banca de inversión, los bancos comerciales, las empresas internacionales deciden mirar para otro lado-; el endeudamiento se ira tornando mas comprometido y en algún momento pasara factura como ya lo ha hecho antes.


sábado, 25 de marzo de 2017

PRONOSTICOS DE CRECIMIENTO DEL PBI:


En abril de 2001, el FMI estimaba que en 2002 Argentina crecería 4.4% (Cavallo y casi todo el equipo económico actual-no estaban todos los actuales economistas en el sector publico, pero muchos de ellos, si estaban- coincidía con pequeñas diferencia de decimales).
En octubre de 2001, días antes de la elección de "medio tiempo" (como la que se aproxima en octubre de 2017 ), unos 70 días antes de la renuncia de De la Rua, las consultoras privadas que hoy apoyan 100% al gobierno nacional, daban un pronostico de crecimiento para 2002 de 3.6%. 
Luego de la renuncia del ex presidente, en 2002 Argentina tuvo una caída del PBI de (-10.9%). Los pronósticos no son seguros y un "error" de 14.5% en la tasa de crecimiento nunca se ha dado en el mundo a solo 70 días. Hubo en aquel tiempo una pequeña minoría de profesionales que predicaba en el desierto, afirmando que dentro de las probabilidades asociadas de ocurrencia, había mas de 50% de posibilidades de caer 10%. Nadie nos escucho, Cavallo tampoco.




lunes, 2 de enero de 2017

STURZENEGGER AL COMANDO


Hoy el que no ve los beneficios economicos de las medidas de este gobierno soy yo. 
Recuerde, desde la dimisión del Vicepresidente Carlos Álvarez (octubre de 2000), hasta la renuncia del presidente Fernando De la Rua (diciembre de 2001) pasaron solo catorce meses. Fue una profundización de medidas de ajuste como las que están preparando los dos nuevos "subordinados" de Sturzenegger, las que dieron cuenta de la magnitud y velocidad de los acontecimientos del devenir de la crisis en 2001. El otorgamiento de facultades a Cavallo apuro normativas con ayuda de su intelectual más preciado: Federico Sturzenegger. Esperemos que Federico no tropiece dos veces con la misma piedra, porque en Noviembre de 2001, después de probar "de todo", con la novedad del corralito, renuncio para dar clases en el exterior, dejando a Cavallo explicando semejante decision, solo y en llamas.
Entre los funcionarios mas destacados que condujeron a la Argentina durante el desenlace de la crisis financiera, estaba el actual presidente del BCRA, el mismo que ahora le gano la pulseada a Prat Gay. 
El proceder de Macri de “delegar responsabilidad”-algo absurdo desde la gestion de una empresa-, conlleva transferir el poder político del circulo rojo al Foro de Davos para naturalizar la dominancia financiera. Macri luce extenuado, y esta “delegando responsabilidad” como lo hizo en la C.A.B.A. con Rodríguez Larreta, desapareciendo a descansar. 
Solo un trimestre antes del estallido social de 2001 se daba un debate sobre las políticas a implementar entre los sectores afines; estaban quienes señalaban la conveniencia de mantener vigente el rumbo, y los que pretendían escalar el ajuste fiscal. Ayer y hoy ganaron los profundizadores del ajuste, la gran diferencia es que la herencia de 2015 fue muy sólida comparando ambos escenarios. Un pais creciendo 2.5%, desendeudado en dolares, con bajo desempleo. Existe margen, pero los antecedentes no les favorecen. 

En algunos casos, reconstruir e identificar los actores involucrados en la crisis de 2001, nos conducirá a las mismas personas como mencione, pero además, ahora nos recuerda el rol de Domingo Cavallo. Nuevamente el fenómeno de desplazar el poder político y ponerlo en manos de funcionarios subordinados a los centros de poder financiero internacional. Ayer fue Domingo Cavallo, hoy es Federico Sturzenegger-quien en 2001, era Director de Política Económica de Cavallo-. Por otra parte digamos que el actual ministro de Hacienda también fue funcionario de Fernando De la Rua y Carlos Menem.

lunes, 23 de noviembre de 2015

FINAL: LA COYUNTURA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA CRISIS DE 2001 SERIE (13era. parte)

Desde la renuncia del Vicepresidente Carlos Álvarez, hasta la renuncia del presidente Fernando De la Rua, la implementación de medidas de ortodoxia fiscal y monetaria extremas, los cambios de 3 ministros de economía y la renuncia de 5 ministros del gabinete, dan cuenta de la magnitud y velocidad de los acontecimientos.
El Congreso otorgo facultades extraordinarias al ministro de economía, instrumentando los principales aspectos de las normativas, leyes y las políticas públicas relacionadas con el otorgamiento de mayores poderes al ministFMI, ro de economía y su equipo, el mismo incluyo la perspectiva del desplazamiento del poder, ya formalmente, planteado desde la política a nivel del Poder Legislativo, representado por el escenario acotado a las ordenes emanadas de los organismos multilaterales de crédito. Fue en ese escenario que la estructura local del gobierno, hizo énfasis en apurar las normativas locales, para responder a las exigencias de las instituciones que eventualmente otorgarían apoyo. Eso no sucedió, y requiere una revisión pendiente del juicio de la historia, ya que el FMI rehuyó en Octubre de 2001 su obligación de prestamista de última instancia.
Las medidas de políticas públicas, y la jaqueada gobernabilidad, conducen mas tarde al desenlace de la crisis, que da cuenta de la situación del desplazamiento absoluto del poder político al denominado “entorno neoliberal”.
Aunque un trimestre antes del estallido se daba un debate final sobre las Políticas a implementar entre los sectores ortodoxos, dentro del enfoque de diferentes puntos de vista ortodoxo-aquellos de orientación estrictamente monetaria, los ortodoxos en materia fiscal- y los heterodoxos; quienes debatían acerca de la conveniencia de mantener vigentes las Leyes 23.928 del 27 de Marzo de 1991 (de Convertibilidad) y la Ley 25.152 de 1999 (Convertibilidad Fiscal), Ley 25.466 de 2001 (de Intangibilidad de los Depósitos), se produjo la caída, que a esa altura lucia inexorable, por la fuga de los depósitos del sector privado, las reservas internacionales que completaban un panorama desolador[1]. Se ha tratado así de reconstruir e identificar los actores estatales involucrados en la crisis de 2001, a partir de los textos seleccionados, describiendo el rol que jugaron en la coyuntura los actores, y los líderes que luego fueron siendo desplazados del Poder Ejecutivo, y de los funcionarios que se encargaron del desarrollo de las políticas públicas respectivas, lo cuales permitieron plantear la relación de la norma, las leyes, las políticas públicas y la realidad cotidiana del fenómeno de desplazamiento del poder político a manos de una tecnocracia economicista, subordinada a los centros de poder internacional. A esta altura se podría derivar el surgimiento de una hipótesis que podría plantear, en que medida, la cesión del poder político a la tecnocracia y/o las finanzas, ha tenido una incidencia decisiva en el devenir de la crisis argentina de 2001, fundamentalmente, como se expresaba antes del límite de la respuesta a la segunda pregunta, al seguir  las recomendaciones que “establecían los organismos multilaterales de crédito” y las “mejores practicas de mercado; entendiendo que los legítimos responsables políticos (el poder ejecutivo primero, y el poder legislativo mas tarde con la sanción de la Ley denominada “de poderes especiales”), delegaron en funcionarios del ministerio de economía las decisiones políticas, y a su vez estos últimos, aceptaron la totalidad de las condicionalidades del FMI[2], incluyendo las recomendaciones del mismo organismo, como de la banca de inversión, consultoras internacionales y locales. Una hipótesis secundaria podría inducir la profundización de la investigación, para determinar en que medida existió un epifenómeno donde se podría apoyar la idea que los funcionarios argentinos del ministerio de economía-quienes en Marzo de 2001 llegaron a recibir “plenos poderes” del Congreso-, no hicieron lo suficiente para preservar los intereses locales, ejerciendo los derechos soberanos de establecer las propias políticas publicas, que incluyeran aspectos económicos, sociales e internacionales, y si en ese caso no podría descartarse que sus decisiones hayan coincidido con las imposiciones externas de la biósfera ideológica y política internacional, que como antes se expresaba, será evocada como el “entorno neoliberal".

martes, 4 de agosto de 2015

LA COYUNTURA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA CRISIS DE 2001 (SERIE) (2da. parte)


Nunca un gobierno argentino se desgastó tanto en tan solo dos años de gestión como el de Fernando de la Rúa. Al momento de renunciar a su cargo de presidente de la Nación Argentina, la imagen positiva de de la Rúa era sólo 4%[1]. De esta manera, en la Argentina se verificó una tendencia que indicaba que en los países que habían aplicado políticas neoliberales emergentes del Consenso de Washington[2], e incurrido en crisis financieras, ya al borde de la cesación de pagos, era casi inevitable la caída del gobierno (Ecuador, Indonesia, Malasia, etcétera) ante la imposibilidad de manejar sus consecuencias[3]. Todo esto se debe a que la ideología dominante en los noventa se ha orientado desde los países desarrollados hacia los países emergentes, como reflejo de la expansión de la globalización de los mercados, la expansión del capitalismo financiero (En el “todo vale de los noventa” -frase de Stiglitz-[4]). Si bien Gervasoni presenta una hipótesis y un modelo teórico, su trabajo se centra en colapsos financieros de países en vías de desarrollo-de distintos perfiles que los que coinciden con caídas de gobierno, como el caso del gobierno de la Alianza-, haciendo énfasis y exponiendo que las “crisis financieras”, son eventos frecuentes en el mundo. Gervasoni ejemplifica haciendo foco en el periodo (1997-2001),  señalando una diversidad de países: del sudeste asiático, latinoamericanos y europeos, euro-asiático (Tailandia, México, Rusia, Corea del Sur, Brasil y Turquía). Sin embargo, podemos distinguir que no en todos los casos mencionados sucedieron los mismos incidentes, ni tuvieron las mismas consecuencias políticas: por ejemplo aunque todas las monedas mencionadas fueron depreciadas, solo en Rusia se produce un default de la deuda, y no necesariamente en estos países caen los gobiernos, que por otra parte poseen distintos sistemas políticos.
Podemos mencionar de paso, que el desgaste del ex presidente De la Rua, que también afectó a buena parte de la dirigencia política del país, tuvo su primera expresión en el bajo nivel de voto positivo de las inmediatamente posteriores elecciones legislativas del 14 de octubre de 2001 (CARTECO Noviembre de 2001), donde casi 40% del padrón optó por anular su sufragio o votar en blanco. El caos político en que cayó el gobierno no sólo se manifestó en la violencia de los saqueos y en la presencia masiva de gente en las calles, desafiando el estado de sitio y mostrando una desobediencia civil inédita [Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una dicotomizacion del espectro político local a través del surgimiento de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas… Las peticiones se van convirtiendo en reclamos…A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen una subjetividad social más amplia, denominaremos demandas populares, comienzan así a construir al “pueblo” como actor histórico potencial. Aquí tenemos en estado embrionario, una configuración populista[5]] la resistencia de las Fuerzas Armadas a distribuir alimentos entre los sectores más pobres de la población (que habría sido solicitada por el Presidente) y, fundamentalmente, en la falta de políticas para atender la emergencia, que luego de las varias sucesiones provisionales[6]-en el marco del sistema presidencialista de los países latinoamericanos[ Como comentario general, se puede señalar que de los 18 regimenes presidenciales latinoamericanos que califican como democracias o semi democracias 8, es decir 44%, experimentaron renuncias o destituciones de presidentes][7]-, pudieron ser implementadas por Eduardo Duhalde, a partir de su designación por parte del Poder Legislativo. [ …la vorágine en que se sumergió el país desde 2001 por lo menos hasta mayo de 2002…corralito, resistencia social, estado de sitio, estallido social generalizado, sucesión de autoridades, cesación de pagos, devaluación, depresión continuada, inflación y sobretodo, indignación y perplejidad generalizada[8]].




[2] El Consenso de Washington incluye estos 10 puntos: 1. Disciplina presupuestaria de los gobiernos. 2. Reorientar el gasto gubernamental a áreas de educación y salud 3. Reforma fiscal o tributaria, con bases amplias de contribuyentes e impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado. 5. Tipo de cambio competitivo, regido por el mercado. 6. Comercio libre entre naciones. 7. Apertura a inversiones extranjeras directas. 8. Privatización de empresas públicas. 9. Desregulación de los mercados. 10. Seguridad de los derechos de propiedad.
[3] Gervasoni, Carlos, “Crisis política y crisis financiera en el Gobierno de la Alianza en la Argentina (1999-2001), UCA/UTDT, UCEMA, Visiting Resource Professor at LLILAS/UT-Austin, October 2002. (Gervasoni tiene como objeto plantear hipótesis y presentar evidencia empírica preliminar sobre el impacto de factores políticos en la génesis de las crisis financieras en los países en desarrollo)
[4] Stiglitz Joseph E., “Los felices noventa, la semilla de la destrucción”, Capitulo 6, Pág. 183, Ed. Taurus, Buenos Aires, 2003
[5] Laclau, Ernesto, “La razón populista”, capitulo 4, “El pueblo y la producción discursiva del vacío”, algunos atisbos ontológicos. Fondo de Cultura Económica, México, 1996
[6] Hopenhayn, Benjamin y Barrios Alejandro, “Las malas herencias”, Capitulo 4, Pág.135, Fondo de Cultura Económica, Noviembre, 2002, Buenos Aires [Luego de la profunda crisis institucional de fines de año 2001 y de la renuncia del ex presidente De la Rua, el Congreso Nacional decidió por mayoría, para completar el periodo inconcluso, los sucesivos recambios presidenciales: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Caamaño y finalmente (¿) Eduardo Duhalde]
[7] Mustapic, Ana María, “America Latina, las renuncias presidenciales y el papel del Congreso”, en Política, Vol.47, Pág.59, Universidad de Chile, Santiago de Chile (2006)
[8] Hopenhayn, Benjamin y Barrios Alejandro, “Las malas herencias”, Capitulo 4, Pág.121, Fondo de Cultura Económica, Noviembre, 2002, Buenos Aires