jueves, 11 de junio de 2020

VICENTIN


Una crisis terminal puede devenir en oportunidad estratégica. Un Caso de Harvard. Tenemos que sumar toneladas, no perderlas. Si la ciencia no desafiara al consenso todavía la tierra seria plana. No se puede quedar bien con todo el mundo. Inclusive los profesores podemos explicar, pero no podemos hacer nada sobre el raciocinio del receptor para que entienda. Existen compañías señeras de la industria nacional en dificultades financieras severas-antes de la pandemia-, productoras de agro alimentos y exportadoras, con facturaciones portentosas. No se debía permitir que terminaran en manos de bancos por ejecuciones, para luego ser revendidas a empresas multinacionales, con las cuales hemos competido por muchos años en forma eficiente y exitosa. Desconociendo lo que sucedió en términos de corrupción o “no corrupción”, en general es parte del daño que infringió un sistema político financiero perverso que destruyó la industria nacional, una vez más. A la crisis nacional se le sumó el coronavirus.
Si el Estado tuvo que hacer un “take over” para preservar el valor de la empresa y el empleo, es porque la empresa no encontró la solución por la vía privada y porque hay verdaderas razones que lo justifican. Un concurso preventivo puede terminar en quiebra, sobre todo si su la calificación de conducta es fraudulenta. Este podría ser el leading case, punta de lanza para evitar destrucción de riqueza.
En el sector alimenticio es donde la Argentina posee ventajas comparativas. Las empresas del sector extranjeras y nacionales solían ser muy prósperas. El Gobierno no puede permitir que se pierda el ingreso de dólares genuinos, mientras hace pie para analizar la influencia de los precios de la cadena alimenticia en la inflación. Si el Estado es accionista de una empresa-como en otras partes del mundo-no necesita realizar regulaciones odiosas para el capital privado, simplemente puede sentarse “como par” cuando se discute. Puede ayudar a orientar precios en un mercado interno complicado e  indócil que no le encuentra la vuelta hace décadas.
Hoy existen muchas razones para intervenir. Dejaremos las del derecho penal de lado. Una de ellas es que Vicentin le debe mucho dinero al Estado y a los bancos nacionales. Si las capturan los bancos privados la van a desguazar y revender a multinacionales cuyas regalías y dividendos se envían al exterior.
Desde hoy los trabajadores de Vicentin evitan la zozobra de perder sus empleos, en medio de una crisis mundial de dimensiones desconocidas.
Para evitar la quiebra se necesita capitalizar una parte de la deuda y reestructurar otra. Para esto los bancos privados pueden darle plazo al Estado-así evitan previsionar las eventuales pérdidas, castigando sus balances-. Las entidades financieras privadas ahora pueden asegurarse la recuperación de los préstamos, librándose de una actividad que desconocen. De esta forma, el Estado garantiza y visualiza el potencial del complejo oleaginoso. Protección de la industria nacional y trabajo argentino.
Es hora de exportar botellas de aceite y tapitas hechas por la industria metalúrgica, en lugar de vender aceite a granel y bicicletear los dólares de la prefinanciación de exportaciones. Gran oportunidad para seguir atentos la disminución de la dependencia de los oligopolios y las multinacionales. La materia prima de los alimentos es Argentina.
Este diario esbozo la propuesta. La quiebra no tenia porque suceder. Los tiempos de la política y la pandemia, marcaron el ritmo.
Hablamos de diferentes soluciones: capitalización de deudas del Banco de la Nación y Provincia-solución a dos puntas- y, salvataje con los bancos privados que refinancien sus deudas con cobro seguro. Salvarían miles de puestos de trabajo directos y otros miles en forma indirecta. Pueblo propio y aledaño viven de la actividad de esa empresa.
EL SALVATAJE NO ES CONFISCATORIO. ES MUY DEL SECTOR PRIVADO
Un “Cramdown” tipo EE.UU. Reestructuración de deuda sustentable. Dijimos que el Estado debería realizar una propuesta para hacer viable un acuerdo de capitalización de deuda de la concursada o sustitución del capital empresario cesante y no un “subsidio por naufragio”.
Un salvataje de empresa posibilitaba futuros arribos de adquirentes del capital social, como consecuencia de haber logrado una solución con los acreedores de la concursada. La ley prevé un sistema. Si el salvataje no existiera, las empresas enfrentarían inexorablemente la quiebra. El actual Gobierno no podría ser funcional al plan de negocios gestado e implementado en el periodo anterior, que destruyendo empresas nacionales fomentaba para esta nueva etapa, nuevas privatizaciones y adquisiciones multinacionales.
EL FUTURO ESPERANZADOR SIN PANDEMIA
En Argentina podríamos ver una recuperación rápida una vez que el virus esté contenido, pero  no sabemos cuánto durará la pandemia. Recuerde la “recuperación en V” que experimentamos  después de caer 16% entre 2000-2002, comenzamos a crecer entre 8%, 9% anual por muchos años-con interrupción de la crisis de Lehman Brothers, retomando al mismo ritmo-. Eso sucedió  sin crédito externo, sin crédito interno, bajísima IED y, con inflación menguada creciendo muy por debajo (para lo que es Argentina). Lo mismo sucedió en EE.UU. después de la Gran Depresión “recuperación en V”, aunque con inflación paralela al mismo ritmo de crecimiento del PBI (alta para lo que es EE.UU.). 
EL PRESENTE EN MEDIO DE LA PANDEMIA
Teníamos grandes desequilibrios, la recesión era profunda en 2018, pero ahora estamos viendo una depresión (extendida y profunda recesión). Estamos en medio de una tragedia.  La apertura de negocios requerirá tiempo para revertir pérdidas y restituir la acumulación de deudas.  Por otra parte los cambios que se están consolidando en los aspectos laborales pueden devenir permanentes. Esto va a expulsar trabajadores que llevará tiempo reubicarlos. 
No se predice una depresión larga, pero no podemos especular con que ello no ocurra. Pensar en forma reflexiva, creativa e imaginativa es la clave. Ninguna receta estándar aprovecha hoy. Las fórmulas tradicionales-de estimulo-, las imprescindibles, ya están en marcha.
Estatizar la deuda privada como se hizo en 1982 no será una opción-como lo ha sido-, ni el Estado resiste más  apropiaciones de recursos públicos por parte del sector privado concentrado con dinero de los contribuyentes.
MEDIDAS COMPLEMENTARIAS DEL BCRA
En estos días deberíamos pensar en medidas financieras complementarias posibles para accionistas que quieran levantar sus empresas.
Por ejemplo el BCRA debería redoblar la apuesta asistiendo en forma directa el financiamiento a grandes empresas, creando ventanillas y salteándose a los bancos del sistema, dada la velocidad de caída de la economía.
Para la actividad más vulnerable la banca oficial y privada, otorgando facilidades de financiamiento para el consumo y expandiendo el crédito hipotecario, básicamente para pequeños negocios, emprendimientos y empresas de la economía popular; evitando las restricciones tipo, por circular del BCRA.
Aliviar a deudores hipotecarios enganchados con créditos UVA, cambiando definitivamente la fórmula actual por una tasa de interés fija. Los bancos deben implementar la refinanciación de deudas vencidas y postergar los vencimientos 2020, comenzando desde la última cuota de amortización actual. Ayuda directa a los deudores morosos, mediante refinanciación a plazos posibles de pago. El BCRA debería ordenar a los bancos abrir canales de asistencia directa a determinados sectores y otorgar préstamos a tenedores de tarjetas de crédito.
PRESTAMOS EN LUGAR DE NUEVOS SUBSIDIOS DEL TESORO
Préstamos directos a grandes empresa desde el BCRA, salteando a los bancos comerciales, mediante caución de acciones de empresas. De la misma manera que el BCRA toma una Letra del Tesoro y presta, aquí tomaría activos financieros (acciones) de la economía real.
Préstamos back to back con tasas bajas. Se desembolsarían préstamos con garantías sobre cuentas del exterior o instrumentos financieros locales. Si no se cancelan existe una contrapartida real.
Préstamos con avales personales de los accionistas. Pueden ser garantías reales del país (constitución de prendas e hipotecas).
Swap con contrato de recompra de acciones. El BCRA retiene en garantía una proporción de acciones a cambio de un préstamo, y los grupos empresarios se comprometen a recomprar dichos activos mediante opción de compra. Se pacta la retribución temporal.
El BCRA puede inyectar dinero contra garantías reales sobre activos de residentes argentinos con fondos o bienes declarados en el blanqueo o antes de ello en el exterior.
Adelanto de inversiones para capitalización por 18 meses. Los grupos empresarios que cuenten con activos por encima de los u$s 50 millones deberían ser sometidos a un rápido test de stress financiero para determinar la inyección de capital necesaria. Estos grupos empresarios tendrán hasta 18 meses de plazo para capitalizar sus empresas o conseguir inversores privados dispuestos a capitalizarlas. Las empresas que no logren atraer suficiente capital privado serán capitalizadas con fondos del Tesoro que podrá adquirir hasta un 40% de acciones preferidas con una tasa de interés fija de 6% anual en dólares. Si las acciones preferidas suscriptas por el Tesoro no son rescatadas en cinco años, automáticamente se transformarán en ordinarias (derecho a voto y cobro de utilidades). Y, podrán ser subastadas en la Bolsa de Comercio.
Fondo de inversión temporal en activos privados por 5 años. Una empresa aumenta el capital y el Estado suscribe e integra, estableciendo el plazo de salida del Fondo estatal. Las acciones que oportunamente no hayan sido rescatadas por sus accionistas originarios pueden salir a la oferta pública en la Bolsa de Comercio.
Stress Debt Fund-“SDF” o (fondo para deudas en situación estresante). Por dar un ejemplo, el Banco Chino de Desarrollo y el Banco Chino de Importación-Exportación. Los chinos se convirtieron en la principal fuente de crédito soberano para un conjunto de países con dificultades de acceso a los mercados globales de capitales. Ampliemos al sector privado. Los bancos chinos intervinientes, podrán ofrecer a empresas chinas que tengan interés de ingresar al mercado argentino a realizar inversiones que generen “mano de obra argentina.
¿Por qué GARANTIAS?
Argentina necesita que los empresarios tengan compromiso. Si los accionistas no confían en la recuperación de la empresa, el Estado debería replantearse la ayuda. No es el Estado (en abstracción) el que está financiando los sueldos. Es el contribuyente que en el futuro va a pagar impuestos para ayudar hoy  a una empresa o unos accionistas que probablemente tienen sus dólares en el exterior.
-¿Qué garantías tiene un contribuyente que los impuestos que deberían pagar sus hijos en el futuro no están financiando capitales que se fugaron al exterior en los últimos años?- La sociedad no puede ser socia de las perdidas, en todo caso el Estado puede ser “financista temporal” o “asesor financiero”.
De la misma manera que la lluvia de inversiones no llega a los países donde sus mandos públicos nacionales tienen su propio dinero en el exterior; los bancos no prestan dinero a las empresas cuyos accionistas no asumen riesgos en su propia defensa. Si el accionista no confía en la recuperación de su empresa. ¿Por qué debería el Estado confiar en el accionista?
*Profesor de Postgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Presidente de www.hacer.com.ar  . Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. hacer@hacer.com.ar . 


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