Barra de vídeo 1

Loading...

jueves, 31 de marzo de 2016

De vuelta al endeudamiento creciente



El PBI de Brasil crecía a una velocidad anualizada de 10% a principios de 2010, cuando los economistas ortodoxos empezaron a sugerir que se enfriara la economía, hasta que en un punto, lograron convencer al gobierno.  Solo en los últimos dos años, el PBI ha caído 7,4%, el déficit fiscal toca 10% del PBI y la tasa de desempleo pasó de 6,5% en diciembre de 2014 a 9,5% en febrero de 2016. En Brasil se han perdido dos millones de empleos en solo un año. Si este año el PBI cae alrededor de 4% como se pronostica, el PBI per cápita baja 10% con respecto a 2013. El problema de Brasil es la dinámica peligrosa del déficit fiscal financiero, producto de la deuda pública bruta (77% del PBI). La crisis económica es fundamentalmente una crisis de origen financiero fiscal. Cuando la única forma de bajar el déficit fiscal es vía la reducción del gasto primario porque no se pueden tocar los impuestos-están en recesión violenta-, y los cambios se sugieren estructurales, vinculados al gasto público, el perro se muerde la cola. Sin embargo la semana pasada, la Cámara de Diputados aprobó, un aumento del presupuesto en salud, eso algo dice.
Con el pago de servicios de la deuda muy elevados, la oposición pide que Brasil ajuste el gasto público, en un contexto recesivo. Una alternativa podría ser, usar reservas e iniciar un proceso de desendeudamiento como el argentino (en términos de relación deuda/PBI). Para ello seria necesario alcanzar un consenso imposible de lograr. Pero si intentan un superávit primario capaz de cubrir los intereses de la deuda pública, neto del crecimiento del PBI, generaría mas desempleo y caída del salario. Paradójicamente Brasil paga intereses elevados para bajar la inflación y conseguir el financiamiento necesario para cubrir los vencimientos de su voluminosa deuda pública, mientras mantiene un alto nivel de reservas. No es absurdo pagar con reservas, cuando están bien altas, evitando pagar intereses leoninos. La salida no luce fácil, con un gobierno que piso el palito de enfriar la economía, para luego ser vulnerable políticamente. La estrategia estándar. Macri debería tomar nota de lo que le pasó a Brasil, pero más que nada de lo que le pasa a Dilma.
Brasil, principal socio comercial en fuerte recesión, China en desaceleración vertiginosa; Argentina se consumió la devaluación competitiva, y en 2016 retrocedieron las exportaciones.  Por lo tanto existe una salida torpe, “pedir prestamos a como venga”. Dependemos de la “lluvia de dólares”, como entrada de capitales vía la cuenta financiera, porque además el déficit fiscal creció fuertemente. Los países desarrollados producen tasas negativas, así que prestarle al 8% en dólares a la Argentina les resulta muy atractivo.
En el gobierno y el Congreso no parece haber percepción que esa tasa es demasiado elevada, de hecho la gobernadora Vidal coloco deuda al 10%.
Razonando como un ortodoxo monetarista yo diría: cuando la fuente de financiamiento fue la emisión de pesos para financiar el déficit fiscal y cuasifiscal, llegó la hiperinflación; pero, cuando la fuente de financiamiento fue el endeudamiento, terminamos en default. -¿Que orientación tienen estos economistas?- La devaluación no fue exitosa, por el excesivo pre y pass-through (el desplazamiento a precios), que ha causado una estampida inflacionaria y un fuerte aumento de la pobreza. Si después de las paritarias se produjera una espiralización inflacionaria con recesión, habrá que optar por el objetado “asistencialismo” o crisis social, aumentando el gasto y no ajustándolo; volviendo al endeudamiento externo creciente para resolver el equilibrio fiscal, pronto estaríamos en la relación deuda/PBI de 2001.

No hay comentarios: