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viernes, 3 de abril de 2009

Call me a pessimist...

Un chocante informe de la revista The Economist, imagina una onda de inestabilidad política y social en diferentes partes del mundo, que no coincide con los sucesos que estamos contemplando. Por supuesto para esta revista, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y otras naciones están a salvo. Irak, Afganistán, Pakistán, Camboya, Ecuador, Bolivia, y varios países africanos, son de muy alto riesgo de inestabilidad. Estas naciones ya han sufrido mucho por sus propios problemas, antes que la globalización los amplifique.
En Sudamérica, solo Brasil, Chile y Uruguay se salvarían de esta maldición. Argentina fluctuaría entre los 33 paises que están entre riesgo alto y muy alto-en 165 países-. El informe presagia amenazas a la continuidad institucional, esta predicción es coincidente con exabruptos, y deseos difíciles de ocultar. Recuerde que los periodistas que escriben en este medio, son adversarios del enfoque económico prevaleciente, hoy en día. Hasta hace muy poco tiempo Islandia e Irlanda eran el paradigma de lo que había que hacer en otros países. Esta revista está siendo fuertemente perjudicada y cuestionada por la realidad de los acontecimientos. El propio gobierno-británico- está haciendo todo lo contrario de lo que los columnistas de The Economist pregonaron por años.
-¿Presagios de proliferación de protestas sociales contra gobiernos populares sudamericanos con superávits, altas reservas, y progresos en materia social?
La lógica del informe no es casual, es consistente con la ideología del medio-los intereses que resguarda y simboliza-, más el negocio que implica dar a su público, lo que desea leer.
No obstante una crisis económica global, con epicentro en los países ricos, está teniendo efectos sociales extendidos en los países emergentes. Sin embargo, esta vez los países más vulnerables son y serán los centrípetos, que inclusive podrían ver afectada su estabilidad social, y hasta política. Luce quimérica mi afirmación, pero sospecho que podrían manifestarse protestas crecientes en ciudades de EE. UU. y Europa. Existen fuertes indicios que estamos transitando nuevos tiempos, imposibles de comparar en la historia. Acabamos de asistir a una desenfrenada protesta en Londres en medio de la reunión del G20, solo semanas después de ver fotos de una marcha con más de un millón de personas en Francia, donde además se secuestran empresarios, con 45% de aprobación pública según encuesta de-diario Le Parisien-. Los trabajadores de Sony France, Caterpillar France y 3M retuvieron a sus directivos como rehenes para ser escuchados en sus reclamos. El mayor sindicato italiano-CGIL-acaba de desfilarle a "Berlusca"-así le llaman los italianos a Berlusconi-nada menos que 200.000 personas, reclamando medidas para combatir la crisis del sistema productivo y la protección social.
Paradójicamente en nuestra región, la estabilidad de los gobiernos no parece amenazada más que por esta imprecación de The Economist. Los presidentes Correa, Chávez y Morales reformaron constituciones, obtuvieron reelecciones con respaldo generoso y expresiones multitudinarias. Bachelet enfrenta estudiantes enojados, pero en Chile no corre riesgo la democracia. Lula es un ídolo en Brasil, y lo es también de Barak Obama, según las propias palabras del presidente estadounidense. Brasil le presta dinero al FMI. Tabaré Vázquez no tiene conflictos, Álvaro Uribe cuenta al mismo tiempo con la aprobación de los EE UU y de su propio pueblo. En la Argentina el enfrentamiento bipolar es folklórico. "Peronismo versus anti peronismo", un clásico como Boca y River, los mismos escenarios con distintos jugadores que cambian de club o se amotinan en el mismo equipo. Ya empieza la campaña para las elecciones, y nadie serio piensa en un estallido social.
En suma, The Economist tiene una visión muy enfrentada con la realidad,-a menos que conozca algo oculto y secreto que todos los ciudadanos sudamericanos ignoramos-. Nuestros países-en Amércica del Sur-, han dado respuestas y tienen recursos para enfrentar esta crisis-que comenzó hace dos años en EE UU-.
Leer The Economist es muy paquete en mi profesión, pero los pronósticos de esta revista vienen siendo inexactos, no han diferido de los del FMI, las calificadoras de riesgo y los departamentos económicos de la desmembrada banca de inversión. El derrumbamiento del prestigio que se asignaba a este tipo de prensa es obvio. Sus artículos han desorientando a muchos pseudo descifradores globales.
Tal vez el anuncio de reformas del G20, debería haber incluido el análisis de la acción mediática global y su impacto desestabilizador en las economías emergentes.

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