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viernes, 20 de julio de 2012

#Dolar, control de cambios


El pensamiento de los últimos 35 años ha repetido la “teoría económica dice...”, en referencia al enfoque neo clásico, al mediano y largo plazo; el que ignorando el tiempo y el costo social, ha operado por encima de la racionalidad. En las universidades se ha estado educando y guiado a los estudiantes con Milton Friedman, bajo la premisa del libro “Libertad de elegir”, ignorando por ejemplo, que para elegir el mejor colegio para mi hijo necesito tener dinero. Se cumplen alrededor de 35 años restándole importancia a todos los temas sociales y a la democracia misma.
Aquel ambiente de la cultura económica de mediados de los setenta le aposto a la inexpresión social, sobre todo aquellas cuestiones que habían sido rotuladas como obstinaciones dirigistas o estatistas e izquierdistas.
Quienes defendían estos enfoques habían sido catalogados como profesionales técnicamente débiles, en consecuencia hubo una tendencia a reprimir el debate de uno y otro lado. En este contexto era común recibir consejos tales como: “Si dices eso te verán extravagante o van a pensar que tu formación es insuficiente”, van a pensar que eres un resentido porque no fuiste a Harvard o Chicago; no discutas, te ves vulgar cuando lo haces, contrólate, no menciones a Keynes.
Muchos profesionales en ciencias económicas amoldaron su opinión a los cánones generalmente aceptados, y aunque esto implicaba someter o negar sus convicciones, lo hicieron. Parte de que te tuviera en cuenta un colega era amoldarse a aquello que tal o cual eminencia sostenía: la inflación es lo primero, bajar el gasto público es crucial, “achicar el estado es agrandar la Nación” El relato dominante exagero al pretender meter la economía en un molde exclusivamente monetarista, y etiquetar las “herramientas económicas” en buenas y malas. Hoy no saben como arreglarlo.

Los instrumentos de política económica son simplemente herramientas que aplican a una realidad o una necesidad. Emitir no es bueno ni malo. No puedo dejar de emitir si no consigo o no es conveniente colocar títulos en los mercados voluntarios.
Las medidas económicas son reacciones o disposiciones para actuar, ante situaciones y circunstancias diversas.
Como profesionales no podemos eliminar las herramientas de la “teoría económica”, no obstante es necesario cotejar las experiencias y comportamientos que tuvieron en cada ocasión.

Las políticas económicas en cambio, son una opción dentro de un menú del cual la política puede escoger, la decisión representara el componente estructural de un programa que será parte esencial de la estrategia política. La política económica brinda la dirección que se requiere saber para planificar, facilita la toma de conciencia de los operadores de lo que significa el enfoque, al ser ésta expresión fiel de lo que se quiere lograr. En este sentido, la política económica otorga una referencia acertada de lo que ha de suceder (previsibilidad), y provee la energía adecuada para actuar.
Cada una de las componentes de política económica (política fiscal, política monetaria, política cambiaria, etcétera) nos ayudan a consolidar una dirección. Así por ejemplo “ser alcista en tasas” nos informa que la actividad económica no será expansiva, a su vez la expansión monetaria y fiscal nos dice que se va a impulsar la demanda agregada. Pero también existen las cuestiones (para nada técnicas), como la confianza del consumidor o el miedo de los empresarios a invertir. Se puede agregar que existen cuestiones psicológicas e históricas. En Argentina cargamos con la mochila de haber declarado un default, y un corralito que aun nos sigue pasando factura. La frustración de objetivos de estabilidad no alcanzados, la confusión que provoca en los inversores la información contradictoria que mana de las usinas refractarias de cada etapa económica. Cada cuestión tiene su propio mensaje e intensidad.
Hoy debemos lidiar con las “percepciones” o “traumas” de los sectores incómodos con el modelo, impugnando el valor del dólar, expandiendo el temor de otro “corralito”. Con la inflación renacen recuerdos del éxito y la frustración de las expectativas de aquel plan de convertibilidad, se espolea la inseguridad jurídica nacida de la volatilidad normativa de la pesificación asimétrica, etcétera.

Es entonces cuando el gobierno necesita echar mano a las herramientas consistentes con su política económica.
Al enfrentar una situación amenazante, es obvio que se quiera controlar, para que desaparezca, aunque la experiencia muestra que al principio, en general se intensifica. Hay muchas maneras de ejercer controles, el desafío es racionalizarlos, o elegirlos y aplicarlos “al detalle”, y no realizarlos en el caso de que resulten demasiado peligrosos. El resultado del esfuerzo por disciplinar la sangría ha sido parcialmente exitoso, aunque un tanto desorganizado. Retirar hoy los controles cambiarios no haría que desaparezcan las amenazas sobre las reservas, mas bien las aumentarían.

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