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jueves, 22 de diciembre de 2005

Tienen casas mas bonitas...

En promedio los habitantes de los países desarrollados de nuestros días, son más ricos que sus padres y sus abuelos, principalmente poseen más bienes y servicios que lo que jamás hubiesen soñado sus mayores. Tienen casas más bonitas, trabajos más modernos y mejor medicina. Sin embargo, mientras que los ingresos se han aumentado exponencialmente, en los países más ricos los ciudadanos no son más felices que sus abuelos.
En la actualidad se han desarrollado técnicas para medir la felicidad y existe un número importante de investigadores efectuando contribuciones. Alguien dijo “la felicidad es el único objetivo sensato para una sociedad educada y para sus miembros”. Los economistas y sociólogos de los países industrializados parecen dar principio con esta frase cuando llegan a la pregunta: - ¿Qué deberíamos hacer de forma diferente para ser más felices?
Las evidencias empíricas de las investigaciones examinadas me sugieren dos cuestiones muy importantes. En primer lugar parece que las comparaciones frecuentes provocan un enorme daño psicológico al ser humano. En segundo término, la sensación de bienestar muchas veces proviene de ocupar una posición de cierta importancia jerárquica (el hecho de estar más arriba).
Armonizando un conjunto de investigaciones con diversos aportes prácticos – estadística, economía, psicología, sociología, filosofía y política, los estudiosos y sus voceros -dos índoles incomparables- están tratando de crear y comunicar una formula que permita entender nuestra sociedad y mejorar las vidas.
La ciencia económica tradicional invariablemente identifica la felicidad con el poder de compra, pero muchos profesionales creemos que esta definición no es acertada ya que la vida es mucho más que recoger sofisticados comestibles de una góndola y el cuerpo es más importante que la moda.
La vida en los países ricos es mucho más confortable, los ciudadanos tienen autos modernos, electrodomésticos, calefacción, aire acondicionado, y divertidas vacaciones. Sin embargo, la gente que vive en los países ricos no es más feliz que la gente que vive en los países pobres, según los investigadores de la economía de la felicidad. En las mediciones esto se cuantifica generosamente.
No pretendo interpretar la felicidad como la encontraron los investigadores de aquellas latitudes, pero me parece que para ellos luce como un estado de ánimo, una sensación agradable, un momento preciso donde se tiene aquello que se desea. Se manifiesta en las personas en forma de excitación interna y les hace sentir bien; por lo tanto, muchos se afanarán por experimentar una continuación extendida, enfocándose en una búsqueda perpetua. Por el opuesto, la tristeza o infelicidad aplasta y provoca melancolía y se conecta con una impresión de percibirse mal por no tener bienes, difícil de soportar.
Es obvio que las sensaciones de felicidad o infelicidad están influenciadas por factores que no siempre son materiales, además de los componentes económicos y sociológicos. No obstante parecería que pesa sobre los investigadores de los países ricos una demanda constante para que encuentren una solución mágica y repentina para mejorar la vida de las personas. Invariablemente aparece un hallazgo que, primero será una prueba de laboratorio, luego se irá desarrollando, pero a la vez lamentablemente, como en este caso, comenzará a difundirse. Digo lamentablemente porque antes de finalizar su comprobación muchas veces, sin planearlo ni desearlo el prototipo se escapará del laboratorio experimental.
Es necesario instalar en la conciencia pública, que los modelos no siempre se pueden traspolar de una sociedad a otra con los mismos resultados. Para algunos la única felicidad importante es la propia. Para otros, la mejor sociedad será aquella en la que los ciudadanos experimenten en conjunto una vida abundante, y no me refiero a la abundancia de bienes, aunque esto es mucho mejor que la escasez, por supuesto. Tener dinero y bienes es algo reconfortante a la hora de tener que utilizarlos. Coincidimos todos en algunos aspectos con la teoría de la felicidad, según los valores que aprendimos, donde “el bienestar de otra persona es tan importante como el nuestro propio”.
Si queremos bienestar, está claro que necesitamos obrar en el concepto del bien común. Esto simboliza mucho más que un plan de ayuda social.
¿Se puede medir la felicidad? –Pues parece que sí, por lo menos a nivel técnico han desarrollado una metodología que luce respetable, aún cuantitativamente. También se han realizado estudios neurológicos mediante electroencefalogramas, resonancia nuclear magnética y tomografías de emisión de postrones, que permite medir la actividad eléctrica de las zonas del cerebro donde se experimentan los sentimientos.
Hay muchas razones por la cual la economía está estudiando la “teoría de la felicidad”, nutriéndose de otras ciencias de apoyo. En primer lugar, en algunos países ricos las cuestiones económico-financieras están en el centro del interés público. Bastan los ejemplo de canales de noticias que mientras informan paso a paso los sucesos de una guerra, al mismo tiempo actualizan precio de las acciones que cotizan en Bolsa.
Retomando las conclusiones de estos trabajos acerca de la felicidad, se especifica que sentirse feliz es beneficioso y deseable física y psíquicamente, ayuda la presión sanguínea y el ritmo cardiaco, además de dinamizar el ingenio motivador.
Particularmente necesito detenerme aquí, ya que identifico un riesgo importante en la búsqueda de estímulos a la felicidad y no gasto tiempo en drogas sexo y alcohol.
En un extremo observo móviles que pueden impulsar a que la gente se acerque únicamente a aquello que le produce agrado, alejándoles de todo lo que puede producir dolor. No es un tema menor la indiferencia, aunque es mucho peor cuando se ve estimulada por razones científicas que nos provee una receta.
Este grupo de referencia también ha comprobado científicamente que el bienestar no está directamente relacionado con la riqueza. Inconfundiblemente lo he verificado en mi actividad, conociendo banqueros y empresarios cuya aflicción nunca está ligada a una cuenta bancaria. Podría confirmar la descripción de los intelectuales al echar un vistazo en personas especificas que han incrementado su estándar de gasto en algún tramo de su vida sin que se vean avances confortadores a la postre. Un Proverbio asegura: “la prosperidad del necio los echará a perder”.
Se estableció en estos ensayos que un PBI per cápita por encima de los 20.000 dólares, no garantiza una mayor felicidad. Una evidencia de este fenómeno es que la depresión, los ataques de pánico, la dipsomanía, la drogadicción, la violación, y las manifestaciones de búsqueda de placer, crece sin cesar, también en los países ricos
Alguien se pregunta ¿Si estos países están tan bien, por qué no son más felices sus ciudadanos?
A un conjunto de alumnos de la Universidad de Harvard se les preguntó qué preferían, si ganar 50.000 dólares al año y que los demás ganaran solo 25.000; o ganar 100.000 dólares al año y que los demás ganaran 250.000. La generalidad eligió la primera alternativa. Esta encuesta demostró varias cosas:
1) El dinero no solamente es un medio de pago que otorga capacidad de compra como presumía la economía tradicional, sino que funciona hoy día como un elemento de comparación con los demás
2) La posición que ciertas personas ejercen respecto a los otros se ha constituido en una fuente de satisfacción en sí misma.
3) No todo lo que viene de un país rico es deseable. Por ejemplo, la forma de ver la vida que tiene los estudiantes que participaron en esta encuesta.

Otra observación de un elemento que influye destructivamente, es la adaptación acelerada a poseer bienes materiales. Las personas se acostumbran rápidamente a la posesión de productos y servicios, y enseguida de tenerlos dejan de producirle satisfacción. En mi observación es así como se genera, un círculo vicioso disparado por el estímulo al consumo que bombardea las mentes a través de los medios. En cambio, existen componentes inmateriales que producen satisfacción permanente, no causan aburrimiento, pero tienen menos difusión, lamentablemente. Creo vehementemente que los recursos económicos existentes deben responder a la responsabilidad general en cualquier área de la sociedad, de este modo pueden ser mucho mejor administrados y de manera mas transparente.
Otro ejemplo y moraleja: Una empleada de un famoso Banco de Inversión, en solo quince meses fue distrayendo periódicamente hasta casi 8 millones de dólares de las cuentas de dos inversores individuales muy acaudalados para los que trabajaba. Ninguno de los dos inversores se dio cuenta sino la auditoria del banco, y eso ocurrió bastante tiempo más tarde. Este incidente valió a los técnicos para afirmar un concepto: el dinero adicional les resulta más displicente a los ricos que a los pobres. Por lo tanto si parte del dinero de una persona rica pasara a una persona pobre, ésta última obtendría una felicidad mayor de la que perdería el rico, y el bienestar promedio de cualquier país aumentaría. Consiguientemente, un país tendrá mayor nivel de felicidad media en términos económicos, cuanto más equitativa sea la distribución del ingreso, independientemente de este ejemplo que luce muy poco feliz.
Cualquiera diría, seguro que los economistas que arribaron a esta conclusión son economistas de la CEPAL, ciudadanos latinoamericanos, o africanos. Pues no, así razonaron los técnicos que están trabajando en universidades e institutos de investigación privados, ellos son británicos mayoritariamente y norteamericanos.
¿Qué es lo que dicen las investigaciones acerca de qué cosas hacen feliz a la gente?
Además del entorno biológico que exacerba nuestra propensión a obtener felicidad, existen cuestiones constitucionales como la edad, la apariencia física, el cociente intelectual y la educación.
Otras características parecen afectar la felicidad con mayor vigor como las relaciones familiares, la situación económica, el trabajo, la sociedad, los amigos, la salud, la libertad, los valores personales y la ética de vida.
En mi percepción la configuración intelectual también tiene una aguda acción que opera en forma mixta sobre la felicidad, esto debería desarrollarse. Desde esta posición los seres humanos construyen o recogen metas para el futuro, pero si esas visiones están demasiado lejos-inclusive geográficamente-, se constituyen en quimeras y estas provocan desánimo e infelicidad, operando en forma opuesta al objetivo que persiguen los científicos.
Yo me atrevo a adicionar que presentar una imagen deseable pero distante, suscitará esfuerzos desgarradores que finalizarán generalmente en naufragios. Mucho se ha hablado estos años sobre liderazgo, e inclusive se ha hecho excesivo énfasis en “motivación”, sin considerar la asignatura “frustración”, un elemento medular en el estudio de esta disciplina.
La frustración se diferencia del fracaso, ya que tiene una connotación pasajera, aunque muchas veces genera reacciones irascibles con consecuencias de magnitud. En el otro extremo la frustración suele ser edificante, cuando prevalece la superación de las restricciones que la provocaron. Existen innumerables casos de empresarios con un sinnúmero de frustraciones antes de alcanzar el éxito. Antagónicamente a la frustración encontramos “el fracaso”, este actúa como constante y tiene un altísimo grado de profundidad en términos de infelicidad.
Un modelo puede fracasar.
Desatender esta realidad implica asumir el riesgo de conducir a la gente y a las organizaciones de un país adelgazado, hacia incorrectos modelos ilusorios referidos a países dotados de recursos financieros.
El punto es entonces la elección de los modelos. Copiar o repetir un concepto aprendido puede que no este mal, aún en la era de la innovación; el problema es - ¿qué es lo que estamos copiando o que es lo que estamos reproduciendo?
La “teoría de la felicidad”, a mi entender ayuda parcialmente a entender por qué las cosas mas estimables no van bien en las sociedades mas ascendidas en términos de ingreso, por lo tanto podemos prevenirnos analizando puntualmente cada aspecto, antes de aplicar a rajatabla sus fórmulas. Dijimos que la salud, el PBI per cápita y las condiciones laborales han progresado en los países poderosos, pero sin embargo la familia, la sociedad y los valores, se han estropeado constantemente.
Ciencia y tecnología frecuentemente mejoran y aceleran procesos, no siempre otorgan respuestas a los problemas, pero otras veces explican ciertas tendencias temerarias. Por ejemplo, el cambio substancial del rol de la mujer desde su incorporación al mundo del trabajo y con ello la alteración de la estructura familiar tradicional. La ciencia ni la tecnología-el progreso- han avanzado para adecuarse a este cambio fundamental desde hace más de 50 años. Yo creo que las niñeras no han reemplazado aún a las mamas, y sería deseable que ninguna alternativa cibernética reemplace a una esposa muy ocupada, aunque eso ya esté ocurriendo.
Las películas, las series, los entretenimientos han influido fuertemente en la vida social y se han infiltrado a través de la vista, comportamientos violentos y prácticas no naturales, que permearon fuertemente en los últimos quince años. Hoy día la mayoría de las series televisivas que provienen de países prósperos, favorecen la aspiración a la opulencia en sus propios países excitando el consumo y la necesidad en sus habitantes, pero también a través de los medios y la globalización de la cultura se introdujo en los países periféricos, creando todo tipo de consecuencias. Vuelvo a considerar los conceptos de frustración y fracaso mencionados en los párrafos anteriores. Esto genera en las personas que no alcanzan ciertos estándares una percepción individual de auto detracción, o de inicio de carreras alocadas para obtener lo que supuestamente hace falta, con consecuencias ruinosas en ambos casos. Al incorporar figuras físicas estereotipadas, muchas mujeres sufren y otras se someten a metamorfosis que en forma externa ayudan a simular la edad alterando las etapas de la vida y la familia. Hoy es habitual ver a dos mujeres de una familia tipo cuyo parentesco es difícil de determinar; por lo tanto, también los roles se trastocan y provocan infelicidad en alguna de las dos. Mucha gente cada día se concentra en cuestiones estéticas menores para lograr objetivos irrelevantes. Mucha gente luce mayor en las fotos de su juventud que en las actuales. Hombres de bien, cuya labor y país donde viven son diferentes al de sus modelos; son embelesados por “el efecto pasarela” de otras prosperidades y sin saberlo muchas veces lucen extravagantes luciendo iguales pero en el lugar equivocado.
Paradójicamente “el progreso” ha desempeñado un rol importante en la declinación que refleja la vida en los países mas desarrollados, y extramuros en una periferia imitadora.
Ciertos gobernantes y líderes bien intencionados sin saberlo, auspician el aislamiento y la competencia montaraz. El individualismo se ha constituido en una doctrina oficial en algunos países y se ha exportado como un dogma, que cuando ha alcanzando ribetes de fundamentalismo multiplicó consecuencias nada confortantes. Este criterio que ya actúa en cualquier ámbito, básicamente se aprovecha de la ingenuidad de sus mismos maleteros, quienes mezclan escuelas de pensamiento que remueven y confunden aún sus bases fundamentales.
Se han creado dos alternativas, no estoy seguro cual sea la más bochornosa: un vacío moral abusivo, o una alternativa moralista engañosa-doble moral-, que crece sin impedimento a juzgar por todo lo que estamos viendo en el mundo.
El individualismo y la exaltación del tener, ahogan la vocación de servicio, apagando el interés por el prójimo. A largo plazo esta pinza tiene consecuencias devastadoras para todos, los abrumados y los preponderantes. No ignoramos que la solidaridad a veces está impulsada por motivaciones equivocadas o son simple apariencia en muchos políticos o dirigentes. El aplauso, la fama y también el deseo de obtener aprobación, muchas veces actúan como motores de felicidad y auto realización.
A la pregunta ¿cómo hacer que la gente se sienta feliz?, el hombre de las encuestas descritas respondió: “mejoren mi calidad de vida”.
Los investigadores han determinado que la mayor felicidad es el principio rector de la política y el criterio apropiado para adoptar decisiones éticas. Por esa razón, los líderes deben procurar el mayor bienestar de sus liderados, concediéndoles la misma estima y satisfacción individual que a sí mismo se dispensan.
En mi opinión la agenda introducida a través de modelos importados podría ayudar mucho si los investigadores y los comunicadores del mensaje tuvieran fundamentos éticos.
Dado que toda la teoría económica tradicional ha demostrado ser ineficaz para resolver los problemas del hombre, no deberíamos transigir en que países que viven bajo su influencia con los resultados descritos, incomprensiblemente nos afecten con sus catálogos, haciéndonos cambiar nuestros fundamentos más sólidos.
La expresión teórica medular de la economía tradicional es el libre intercambio de los bienes y servicios, no obstante para que el resultado de su articulación sea eficaz, según los manuales, deben cumplirse tres condiciones básicas:
1) El mercado debe ser realmente libre (pero no lo es)
2) Los compradores y vendedores deben tener la misma información (pero no la tienen)
3) El intercambio entre las partes no debe producir efectos indeseados sobre terceros (pero lo produce)
El bienestar debería medir la satisfacción media de una población globalizada y esto no es así en la práctica. Ochenta y nueve países hoy se encuentran peor que a principio de 1990. La globalización de los mercados aumentó la brecha entre ricos y pobres. El auge de las comunicaciones no evitó que dos terceras partes de la humanidad nunca haya realizado un llamado telefónico. Un tercio de la población mundial no tiene acceso a la electricidad.
Hasta ahora el instrumento oficial de medida utilizado por los economistas es la renta per cápita-economía tradicional-, y solo sirve para dar una idea del poder adquisitivo promedio de los habitantes de un país.
Los investigadores de la teoría de la felicidad dicen que para medir francamente el bienestar, la renta per cápita debería incluir al menos cinco características:
1) La desigualdad (los ingresos suplementarios importan más a los pobres que a los ricos),
2) Los efectos externos
3) Los valores
4) La aversión a la pérdida
5) El comportamiento incoherente

Entonces, “necesitamos una revolución académica en todas las ciencias sociales” dicen los que se proponen entender las causas de la felicidad. “También necesitamos una revolución en el Gobierno”. La felicidad debería convertirse en un objetivo político, y el progreso de la felicidad nacional debería medirse y analizarse tan estrechamente como el crecimiento del PBI”.
“Todos deseamos tener un estatus social alto y, de hecho, las personas con mayor estatus viven más tiempo y son más felices”. Esto afirman los economistas y sociólogos que investigan o los comunicadores de esta nueva “teoría en curso”.
Durante los últimos quince años en un contexto donde la palabra éxito está relacionada exclusivamente con dinero y bienes, hemos visto operar una cultura donde los premios se adjudican solo por producción o resultados, reduciendo de esta manera la motivación altruista, al limitarla solo a un incentivo de concepción mercantilista. En este pensamiento el descubridor de la vacuna contra el cáncer, sería menos exitoso que un fabricante de productos muy rentables.
Como consecuencia de la fascinación se han dañado muchas vocaciones y se han confundido bastante las motivaciones. La publicidad que estimula a malgastar se coló en ambientes infrecuentes y favoreció la propensión al exceso de trabajo-en el mejor de los casos- claramente en detrimento de la propia familia y de los ejercicios caritativos.
Pablo Tigani*
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*Master en Política Económica Internacional

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