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lunes, 17 de mayo de 2004

Hacia el segundo round del plan de negociación

Luego de haberla estirado con éxito por 27 meses, mientras la economía se recuperaba, la táctica de ir piloteando en el tiempo el acuerdo por la deuda en default se extinguió y ahora se pone en marcha el segundo round del plan de negociación. La posición asumida por el G-7 impuso demandas muy firmes y difíciles de enfrentar con el perfil díscolo del primer round. Sin embargo, el presidente Kirchner resistió la firma del decreto del comité negociador de bancos, dado que si no, volvíamos a caer en la jurisdicción internacional como la mayoría de los acuerdos de los años noventa, que aceptaba la justicia foránea para las divergencias entre las partes. Los resultados de aquella resignación están a la vista: dos fallos cercanos de la Justicia norteamericana les permiten a los acreedores de la Argentina inhibir bienes públicos y giros a los organismos económicos internacionales. No obstante, la verdadera cuestión en este tramo es que el doctor Kirchner, presidente y abogado comercialista, ambiciona evitar la instalación de los intereses caídos, como usualmente se hace en los concursos preventivos. Ni hablarle tampoco de subir el superávit fiscal arriba de 3%, como sugieren algunos oráculos nativos.  Malos augurios Hasta último momento, muchos se prepararon para el escenario de default con los organismos, habiendo investigado previamente todos los plazos y los países que pasaron por experiencias de este tipo. Las instituciones multilaterales de crédito también lo habían hecho, en forma cuantitativa y simulaciones mediante. Brasil, Uruguay y Chile se apuraron a decir: “un eventual default argentino con el FMI no nos afectará” teniendo en cuenta la tasa de interés actual. Muchos creyeron que el gobierno, que tenía preparado un “plan B”y astutamente lo dejó vislumbrar, convertiría a éste al día siguiente en el “plan A” El escenario de un eventual default fue, claramente, parte de la estrategia negociadora. Una vez más, muchos fantasearon con que aparecería como el escenario de mayor probabilidad estadística asociada. Es más, algunos llegaron a decir que éste sería el tema central del discurso que Kirchner pronunciaría el 11 de marzo al lanzarse el nuevo movimiento frentista que, en realidad, proporcionalmente es cada vez mucho más peronista que transversal. Así, otra vez pronosticadores y prestidigitadores fallaron en la presciencia. La presciencia es un atributo de Dios. Es que no entienden la dinámica del peronismo ni a Néstor Kirchner, un presidente “recontra”peronista. Para algunos analistas pareciera ser que si no hay “marcha”o foto de Perón, o discurso que mencione a Evita, se desliza bajo cuerda el fantasma de Fidel. No es así, justamente Zamora estuvo indignado con el Presidente porque dio la orden de pagarle al FMI.En realidad, parece ser que la Argentina se aproximó un paso más al acuerdo y no quiso malograrlo, aunque les pese a los que especulan de manera constante con escenarios catástrofe. Si la Argentina consigue acordar la renegociación con una quita de 75%, aunque incluya los intereses caídos, y aun comprometiendo un superávit fiscal mayor a 3% en 2005, será un suceso mundial inédito en la historia de los defaults. La capacidad de reflexión del gobierno, al filo del tiempo límite, exteriorizó la racionalidad de la que hablaba Kirchner en sus discursos de campaña, cuando se autodefinía como nacional, popular, progresista y racional. De este modo, una vez más se evitó un incierto y adverso descenlace, con el que especularon hipocondríacos y encantadores de serpientes.