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domingo, 12 de octubre de 2008

La confianza en una economía fuerte

El presidente estadounidense George W. Bush afirmó hoy (11/10/2008) en Washington que Estados Unidos tiene "la economía más fuerte y de mayor capacidad de recuperación en el mundo", al enfatizar las medidas de su gobierno para resolver la actual crisis económica. “Desde mi posición, la economía parece ser fuerte y se hace más fuerte," dijo el presidente Bush el 21 de Marzo de 2006 en Washington.
Al tratar de encontrar paralelos en la historia encontramos muchos ejemplos de naciones y líderes que confiaban en su propio sistema político y su economía: activos, capacidad de creación de empleo, sistema político, poderío militar y seguridad. Con algunas excepciones, casi todas tuvieron un amortiguado o fulminante desvanecimiento internacional, y aparenta ser esta una regla, a la hora de establecer antecedentes.
Cuando una potencia atrae capitales y coloca bonos del tesoro para expandir el crédito, luego una familia pide préstamos para poseer objetos materiales, tomar vacaciones, experimentar entretenimientos, etc. Si esto se practica en forma invariable, en algún momento se lo hace financiando un consumo innecesario y desordenado. Hace ya muchos años que algunos países lucen indiferentes ante un mundo que padece; alejándose de sus valores más caros, pero también lo logran apartándose de la racionalidad. Podríamos hablar extensamente de ascendientes que creyeron poder seguir gastando indefinidamente, porque además, su gente se lo demandaba, puesto que ya estaban habituados y familiarizados, se había convertido en cultura. Para seguir adelante, su liderazgo utilizaba cada vez más cobre realizando aleaciones en sus monedas, o viajaban con más intensidad hacia tierras remotas en tiempo de conquista. Menos oro (devaluaciones metálicas), impulsado por más gasto para mantener un statu quo, y cada vez menos valor y ausencia de eficacia para predominar.
Comprar casas y después hipotecar cada lote y habitación, ha sido el deporte nacional de muchos habitantes en los Estados Unidos. Todo esto en medio de la ocupación de dos países, con financiamiento comunista, luce cuantimás extravagante.
Este fin de semana, las naciones del mundo se concentran en la resolución de la crisis financiera internacional, y alguno se preguntará acerca de la vulnerabilidad futura del dólar-no en el corto plazo-, porque es moneda de reserva de países que están hasta las orejas de dólares o títulos en dólares. Pero si en el mediano y largo plazo, porque esos billetes y títulos están en manos de países “impredecibles”, que tienen en su poder, billones de dólares. Más de la mitad de la deuda estadounidense ya estaba fuera de los Estados Unidos desde hace unos años. Eso explica en parte el porque de un repentino arrebato por las nacionalizaciones, fusiones y adquisiciones entre el estado y los privados locales (estadounidenses y europeos, básicamente anglo sajones). Si así no fuera, en el futuro los acreedores orientales podrían anhelar un canje de títulos por empresas o bancos. -¿Por qué no?- Recuerde “la capitalización de la deuda externa Argentina”, mediante privatizaciones a favor de empresas extranjeras, tenedoras de títulos argentinos. Recordemos que China ya pretendió comprar acciones de empresas energéticas estadounidenses y esto no le fue concedido.
Los argentinos llevamos la vanguardia en el cataclismo, y no pudimos eximirnos de nuestra responsabilidad ante el default, la devaluación y la pesificación asimétrica. Los organismos multilaterales de crédito, las calificadoras de riesgo y Wall Street nos condenaron al ostracismo hace justo siete años. Fuimos víctimas por acción u omisión de la ruina que provocó nuestro propio liderazgo, aconsejado por los economistas egresados de las mejores universidades del mundo. En este momento los inocentes ciudadanos estadounidenses, no podrán evitarse los costos que la irresponsabilidad sustentada en “las mentes brillantes”, les está repartiendo.
Sin embargo, hay que reconocer que se abre una gran oportunidad para corregir los manejos licenciosos sustentados en falacias insostenibles. Al enfrentarse a una situación similar a la de naciones y pueblos que muchas veces fueron incomprendidos, juzgados y ridiculizados por su liderazgo, los estadounidenses tienen una verdadera oportunidad para sentar jurisprudencia.

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