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viernes, 14 de junio de 2002

El Cronista - La desintegración familiar

Tengo suficientes fundamentos para pensar que nos hallamos en el tramo final de una guerra extravagante. Debo admitir que he sido sorprendido por el grado de desconocimiento de los funcionarios, en cuanto a como se conduce la otra parte en discusión. Nos volvimos a consumir otra gesta torpemente, pensando que nuestro contrapuesto desentendía el modo de hostilizarnos.
San Pablo, consiente de la realidad de la guerra, aconsejó en una de sus cartas: "no ignoren los propósitos del adversario".
Venimos a enterarnos, que delante de nosotros teníamos un grupo de contendientes de propósitos uniformes para tratar "indisciplinados". Sus insistentes presiones ¿no se dirigían a ganar la pulseada que le planteó un país díscolo?
Sostengo que el gobierno reconoció recién ahora, que existían medios para desbaratar países y gobiernos que no asumen roles militantes en la globalización.
Si habíamos determinado resistir, hubiese sido de suma importancia conocer los códigos y prever las consecuencias de un enfrentamiento.
Lo supo la URSS manifiestamente.-¿Por qué razón finalizó de un plumazo una revolución de setenta años, sin disparar un solo tiro para defenderla? - China decidió abrir su economía e integrarse al comercio mundial porque no quiso derrochar energías.
Es una tragedia que millones de argentinos vivamos en la zozobra, siendo objeto de nuevos y más feroces ataques. Somos una sociedad que ya viene sufriendo hace cuatro años. Antes con el "sálvese quien pueda". Luego le agregamos pobreza, y ahora destrucción de las familias con sus´integrantes yéndose al exilio.
El primer tema, la mayor catástrofe que puede experimentar un país; la desunión. La caída de Argentina no es cuestión del último año, es un proceso que comenzó con la ceguera acaparadora de quienes han construido fortunas de dudosa procedencia, desde la nada. Allí es cuando se provocó el descenso de la Nación, y la decadencia de sus dirigentes. La estrategia más conocidas para enfrentar una Nación que se pone en pie de guerra, desde antiguo, es por medio del hambre. Si los habitantes de ese país están mal alimentados, se mantendrán desnutridos y como consecuencia debilitados. Ningún endeble estará en condiciones de pelear en forma efectiva. Argentina inició esa dirección apenas la abandonó el crédito internacional en Octubre del 2000. Este principio funciona en la guerra, y como vemos también en la beligerancia económica.
La tercera situación destructiva actual es, permitir que las familias argentinas se separen, y entonces, abandonando el segundo vínculo saludable de una sociedad. La desintegración es un hecho sumamente lamentable.

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