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lunes, 2 de septiembre de 2013

Economia y Universidad

Para el economista, la economía es su problema. En general, todo problema se plantea en forma de pregunta, aunque el economista formado en las universidades de los últimos 35 años no se pregunta nada; dispara automáticamente respuestas inapelables. Existen ciertas preguntas que se podría formular un economista reflexivo. El problema es que el economista fue formado en el enfoque y el “ carácter monetarista”, por eso no se hace preguntas; sino, refiere “juicios indiscutibles, incontrovertibles”.
-¿Que cosas son las que a un economista le impiden dudar y reflexionar, teniendo en cuenta que dispone de Internet y otros avances científico-tecnológicos que les permiten tener información al instante?-
La primera razón es que este arquetipo de economista estandarizado por la universidad, cree reconocer los síntomas sin la necesidad de cuestionar su impresión. Presume pronósticos sobre la evolución futura, y explica las causas previas de los problemas económicos, sin la necesidad de analizar desde ninguna otra perspectiva que la establecida.
En segundo lugar, a pesar de disponer de modelitos y medios tecnológicos cada vez más poderosos a la hora de investigar; los entornos de poder y la información disponible desde ese ecosistema, le facilita y fortalece la “postura” expuesta en el párrafo anterior.
Por ultimo, piensa siempre en utilizar las mismas herramientas (instrumentos de política macroeconómica) estandarizadas para cambiar acontecimientos que son claramente diferentes. Y, como lo aprendido en su “adiestramiento” involucra la inducción de prejuicios ideológicos-condicionamientos del poder a la enseñanza-, todas estas restricciones hacen que para ellos los problemas sean inabordables desde ciertas perspectivas.
Pongamos por caso la inflación. Un tiempo después de la sanción de la Ley de Convertibilidad-época del Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo-, la inflación ya no era considerada peligrosa, puesto que había sido controlada. Hasta 1991 se había intentado frenar el aumento de los precios relativos, a través de políticas contractivas (recesión y desempleo) que establecían estancamiento, sin resolver la inflación (stagflation)
Luego de 10 años de estabilidad-ancla cambiaria-, en 2001 estalla la crisis y se descubre el carácter pernicioso y endosable socialmente, de haber resuelto la inflación mediante un mecanismo de endeudamiento creciente. El truco consitia en emitir títulos (152 en diferentes tipos de moneda y tasas) en lugar de pesos, condicionando el futuro económico en el mediano y largo plazo.
Hasta mediados de los setenta en el mundo, se contaba con controles y regulaciones que mantenían un cierto aislamiento de las conductas especulativas perniciosas. Expandiendo la base monetaria y aumentando el gasto publico se atacaba el debilitamiento de la demanda agregada, combinando estas medidas con políticas activas de ingresos, consistentes con la creación de empleo y aumentos de salario.
La eficacia de estos métodos fue cuestionada cuando la crisis del petróleo genero “stagflation” en los EE.UU., básicamente  Es decir, la ciencia económica que había logrado sacar a la economía mundial de “La Gran Depresión” (1930-1970), y ya  sabía cómo, y por qué no debía permitir una depresión, no estaba al corriente de cómo remediar las causas de la inflación.
Fue con el resurgimiento de los clásicos (neo-clásicos/neoliberales) y "el revival" del monetarismo, que la política monetaria logro controlar la inflación, mediante fuertes subas de las tasa de interés y contracción de la base monetaria. En EE.UU. Paul Volcker (presidente de la FED) subió la tasa hasta 20% anual.
No estoy seguro que este sea un ejemplo de vinculación entre conocimientos científicos logrados y resolución de problemas, porque en toda resolución de problemas, como aquellos a los que tienen que enfrentarse los economistas, los conocimientos científicos cumplen un papel fundamental. En este caso hablamos solo de “herramientas monetarias” para lograr la resolución de determinada situación inflacionaria, que con frecuencia no es sustentable en el tiempo.
En el devenir de la economía, muy a menudo, los problemas económicos resueltos, inducen al planteo de nuevos problemas y desafíos. Es interesante rescatar algunos aspectos relevantes:
Todo problema económico requiere un diagnóstico, es decir, una evaluación del estado de situación. Para ello disponemos de información inicial, pero dije antes que hoy en día  resulta ser escasa, poco confiable, insuficiente, y sesgada. Por eso es importante recoger más información, evaluar las fuentes y los intereses a los cuales responden estas. Se debe incluir si estas fuentes reciben esponsorización o mecenazgo.
La selección del tipo de información que será necesaria, así como las vías disponibles para su obtención, son parte fundamental del proceso de cualquier diagnóstico. Una vez obtenido el diagnóstico, se analizarían las distintas alternativas conocidas para su solución; aunque en el caso de la inflación, las herramientas disponibles, mayormente, serían de tratamiento doloroso para la sociedad; mucho mas en un país con la historia Argentina.
Respecto de este punto es importante referirnos a dos cuestiones. Una es que, en economía los instrumentos que denominamos “alternativas de solución” de los problemas, es decir, los tratamientos posibles, suelen estar bastante protocolizados y establecidos. Los economistas neo clásicos/neoliberales-que pululan en el poder mundial y sus organizaciones locales-admiten como válidos ciertos procedimientos estandarizados y ningún otro que no encuadre en un pensamiento dogmático-aunque se niegue, esto es politización e ideología aplicada mediante herramientas que hablan por si mismas. Esto limita el universo de estrategias a elegir, poniendo por encima la acción táctica que ignora intencional y sistemáticamente la existencia de visiones diferentes. Los economistas neoliberales suelen reunirse a efectuar interconsultas (en plazas como el Foro Económico de Davos, la reunión anual del FMI, etcétera) para formar opinión y tomar decisiones, a cual mas cruel, para la sociedad mundial. Y, para ello se toma en consideración la inflación como una anomalía que hay que eliminar de cualquier modo y con cualquier costo. Esto se viene haciendo sin tomar en cuenta los aspectos contextuales de la economía y la sociedad que suelen ser relevantes. La alternativa para combatir la inflación siempre ha generando desempleo, caída del salario, abandono del sistema de salud, reducciones del presupuesto para educación, pensiones-jubilaciones, planes sociales, etcétera.
Todos estos asuntos influyen en un equipo económico de gobierno, a la hora de tomar decisiones estratégicas de fondo. Ni hablar respecto de qué tratamiento táctico se puede llevar a cabo para resolver un problema de coyuntura.
Para la toma de decisión acerca de un plan económico; o estrategia para resolver el problema, debemos considerar las condiciones y el contexto; sumado a los recursos y las restricciones con que contamos.
Es posible que distintos tácticas lleven a un mismo resultado. Alguno puede ser más exitoso que otro, por ejemplo, que implique menos costos sociales, o que el plan de estabilización dure menos tiempo y deje menos secuelas, en términos de desempleo y caída del salario real. En toda decisión, puede haber errores de diagnóstico debido a fallas, escasez de información, falta de conocimientos científicos suficientes; pero lo más grave es cuando no existe error, sino que se ejerce la manipulación, con el objeto de dar respuesta a los intereses establecidos (establishment).
Estoy diciendo que la universidad de ciencias económicas debe formar mentes profesionales más científico-sociales, y menos volcadas al “interés por el dinero”. No se trata de plantearles a los alumnos, cuales son las opciones que se deben realizar para satisfacer a las elites, sino situaciones problemáticas a resolver, de modo similar a las que se les presentan a otros profesionales y, obviamente, vinculadas con los contenidos que tienen que incorporar a través del aprendizaje.
Un problema económico le permitirá a los alumnos diagnosticar-como se hace en las ciencias de la administración-, requerir y recoger información complementaria y significativa, evaluar los recursos disponibles propios y externos, proponer caminos alternativos para obtener soluciones, y por ultimo tomar decisiones respecto a cual es la opción que consideran "la mejor"; reflexionando en base a qué criterios las eligieron y finalmente evaluando los resultados de su aplicación.
En todo este proceso educativo deberían poder entrar en juego sus hipótesis y concepciones previas acerca de la economía-incluyendo sus prejuicios-, de modo que, lo más probable es que logren niveles de avance y, por lo tanto, “nuevos aprendizajes”.
En este sentido, si descubriésemos conocimientos científicos económico-sociales, estos constituirán nuevas herramientas y a la vez, en la medida de lo posible, logros que se den a través de procesos de producción intelectual. Incluso para los “inconversos económico-sociales”, los conocimientos científicos teóricos cobrarían sentido y cabal comprensión cuando fueran contrastados y puestos en práctica.
Algo similar que lo que sucede en el aprendizaje tradicional de cualquier tópico, debería suceder con la economía. No hace falta ser un constructivista ortodoxo para acordar que los conocimientos se desarrollan en el contexto de situaciones donde son problematizados, y el planteo de problemas a resolver es una situación de aprendizaje por si sola.
Así, los conocimientos teóricos que el alumno debe aprender en la universidad, los conocimientos previos que dispone como bagaje de lectura, y la infraestructura cognitiva para acceder comprensivamente al mundo, se pondrán en interacción, a través del planteo concreto de los “problemas económicos”, y no de rústicas abstracciones matemáticas que devienen en simple razonamiento vertical y lógico.
Si estos problemas son puestos en determinados contextos, para que no sean sólo problemas como aquellos que se plantean experimentalmente sino situaciones a resolver en la realidad o en simulaciones de la realidad, entonces pondremos a los alumnos de ciencias económicas en situaciones similares a las que se les presentan a los Ministros de Economía de los países.
Es obvio que los alumnos no son Ministros de Economía, pero tampoco son científicos; y esto, ni siquiera cuando están graduados. Es decir que el modelo más afín para imitar en el trabajo del aula seria el modelo del Ministro de Economía o el Secretario de Finanzas, de Industria, de Comercio, etcétera; porque en todo caso, contribuirá también al aprendizaje de aquellas nociones que son propias de las ciencias económicas, en lugar de sostener idealizaciones inconducentes y repetir letanías hipnóticas heredadas del siglo XVIII.


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