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miércoles, 21 de abril de 2004

Confiemos, que vamos a poder. Ambito Financiero Comex

El 9 de Marzo era la fecha clave para sortear un nuevo y gran escollo en la negociación con el FMI. Ese obstáculo fue sorteado una vez más, en forma prudente y conveniente para ambas partes. Una administración madura empujó al organismo internacional a seguir acompañando de manera ordenada este difícil proceso de reestructuración. Conseguir la totalidad de los votos del G7 parecía un ejercicio de ciencia ficción cuando solo unos días antes Inglaterra, Italia y Japón, anticipaban a los medios sus votos negativos. Desde entonces, se originaron adelantos ciertos con respecto a la agenda de entendimiento con los distintos grupos de acreedores. Sin embargo, los problemas no están totalmente disipados por los avances parciales. En adelante serán cruciales las argumentaciones que la Argentina presente ante el FMI, con el objetivo de mantener metas posibles de alcanzar en el segundo semestre del 2004 y los años próximos. Cualquier diferencia superior al superávit primario actual, afectaría en el futuro las tasas de crecimiento y consecuentemente alteraría el precario equilibrio social que ayudó a construir la recuperación.
Cuando uno mira las opiniones que preanunciaban tragedias a causa de los presuntos errores tácticos de los negociadores argentinos “ex ante”, se da cuenta que los costos de haber aplicado una cuota templada de confrontación con el FMI, han sido hasta el momento muy bajos.
La semana que pasó, despunta los primeros esfuerzos para alcanzar la mejor y mayor adhesión posible de los acreedores privados. En cambio reiteradamente han vuelto las imputaciones de retórica imprudente, y doble mensaje hacia el gobierno. Nuevamente se dice que se pueden generar dudas y desconfianza que afectarán el regreso de la Argentina al mercado de colocación de deuda voluntaria.- ¿Sería posible agravar la situación crediticia de un país que formalizó el default más significativo de los anales de la economía internacional? - El sector privado que produce e invierte en el país, esta vez deberá revisar su comportamiento comparándolo con los colegas que durante los últimos cuatro trimestres tomaron decisiones arriesgando a que todo saldría bien. Precisamente fue la demora en tomar decisiones esperando catástrofes, las que indujeron a perder las ventajas que se introdujeron en el clima de los negocios. Esto ha constituido un enorme costo de oportunidad. Al no implementarse planes de acción e inversión, se perdió la ocasión de ganar dinero trabajando en una economía que creció a tasas superiores que la mayoría de los países del mundo.
En este punto, hay que decir que las negociaciones con los acreedores privados se realizan hoy en un contexto económico más favorable que el que pronosticaba el consenso perseverante. También los analistas de precios creyeron que se anticipaba el fin de un ciclo favorable para los commodities que tampoco se produjo, no obstante para morigerar inexactitudes ahora se agrega que los márgenes tienden a reducirse en el futuro. Según estos observadores, además del agotamiento del ciclo favorable de la cuenta corriente, pronto se llegaría a la desaparición de la capacidad ociosa y la saturación de la demanda de dinero. Obviamente, por definición, cuanto más tiempo se sostiene una tendencia, más cerca se está del quiebre del ciclo, eso lo sabe hasta un neófito; aún así, la posibilidad puede demorarse en el tiempo.
En conclusión, si se tomara “pronosticadores de pálida” como una variable estadística, y uno aplicara regresión y correlación contra evolución del PBI y/o avances en la renegociación de la deuda; claramente deberíamos apostar por el éxito prefijado de la Argentina de una manera casi científica.

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