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miércoles, 11 de junio de 2003

Ambito, El sesgo ideológico resta objetividad

Para Ámbito
Por Pablo Tigani*

Ciertos comunicadores, y líderes ideológicos ven en el presidente electo, un político que se encuentra en las antípodas de todo lo que demanda el futuro. Lo vieron hace una semana débil y títere de Duhalde; ahora lo ven desafiante, rígido, autoritario y con un tono anti modelo disparatado para ejercerlo después de la campaña. Es curioso, pero sucede que otros presidentes que en ese período presentaron una plataforma y apenas elegidos cambiaron de discurso, parecen más adecuados que quien mantiene lo prometido. Independientemente de Kirchner, la persistente elaboración de conceptos para influir en la opinión pública, consiguió que se llame a lo bueno, malo; y a lo malo, bueno en Argentina. Recuerde que Menem a esta altura de su triunfo electoral, había pasado de la proclamación de la “revolución productiva” y “el salariazo” a anunciar al Ingeniero Álvaro Alsogaray como su asesor económico. Lo mismo pasó un tiempo después con De La Rúa que se quedó sin Vicepresidente en Octubre de 2002, a causa de su decidido alejamiento de la “carta a los argentinos” que lo llevó al poder.
Está claro que en el caso de Kirchner, hasta este momento, las señales son otras. Parece determinado a permanecer firme en sus convicciones.
En la otra orilla ideológica, sospechan que es cuestión de tiempo y que simplemente se producirá el giro a la derecha, apenas transcurran los primeros escarceos con el FMI. Los mismos consideran que Kirchner es la continuidad de Duhalde quien desde su particular forma de ver las cosas, es semejante al ex presidente Menem.
Aunque al presidente Kirchner se lo presento, con intencionalidad política, como un presidente débil que sacó menos votos que Arturo Illia en 1963 (25%); si hubiésemos votado en segunda vuelta, hubiese sacado más ventaja que la fórmula Perón/Perón en 1973 (61,9%). Las encuestas mas serias decían que el anti Menemismo era “de masas”, casi como el “anti comunismo ruso de la perestroika”.
Lo cierto es que, aunque Kirchner no envía un mensaje de calma a los mercados, el BCRA sigue comprando de a cincuenta millones de dólares por día y su caída parece inestimable, lo cual luce como una contradicción para sus críticos. Esto de ningún modo significa que no haya probabilidades que el mercado pruebe la cotización del peso, como lo ha hecho en distintas oportunidades.
Este presidente para gobernar tendrá que recibir una gran ayuda de Dios, ya que ha ratificado la línea nacional y popular, más allá de las operaciones amenazantes de sus antagonistas. El discurso que asume es fuertemente crítico a la política económica de los años noventa. Según parece, el y su equipo económico coinciden con el Profesor Joseph Stiglitz (Premio Nóbel de Economía 2001) quien responsabiliza a la globalización de los mercados y las recetas del FMI por los resultados con que finalizó el gobierno del presidente De la Rúa. Durante la última semana se pronunció a favor de un dólar de tres pesos, indujo a bajar el precio de los combustibles, prometió un plan de obras públicas y advirtió a las compañías privatizadas sobre la revisión de los pliegos. Sobre el aumento de tarifas fue contundente y dijo que no sería posible elevarlas en la magnitud que las empresas lo solicitan.
Está claro que el presidente Kirchner llega con fuertes convicciones en materia económica, mucho más intensas que las que otros presidentes han demostrado al comenzar su mandato. Se declara neo keynesiano y dice que el estado va a retomar ciertas funciones de control. Su gabinete es consistente con sus convicciones políticas y el desarrollo de sus alianzas primarias. Designo sin sorpresas un gabinete compuesto por Duhaldistas, otros ex acompañantes de su grupo de la provincia de Santa Cruz, introduciendo desde un intelectual de centro izquierda, hasta un ex ministro indisciplinado de Carlos Menem.
Puedo conjeturar que será enérgicamente resistido por los partidarios de la distante literatura del pensamiento económico. Para entender su enfoque de pensamiento, hay que separar veinticinco años de cultura económica y entender los costos que ello implica.
*Master en Política Económica Internacional. Presidente de www.hacer.com.ar

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