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jueves, 19 de septiembre de 2002

Ambito, Consecuencias de la Globalización y la ultra ortodoxia

Por Pablo Tigani*
Para: Ámbito Financiero- Comercio Exterior
Las consecuencias procedentes de la globalización de los mercados y las recetas ultra ortodoxas para resolver los desequilibrios macroeconómicos, están siendo expresamente cuestionadas.
Comenzando con los acuerdos comerciales hasta las políticas aconsejadas a los países en desarrollo, se han tomado decisiones en ejercicio de voluntades políticas con una evidente orientación filosófica.
La insistencia de los organismos multilaterales de crédito en prescribir procedimientos estándares que no resolvieron los problemas concretos que trataban, ayudó mucho para examinar cuales serían los riesgos de seguir en esa dirección.
Por muchos años no se ha podido realizar una discusión serena y generosa fuera del enfoque neo clásico. Por estos días anduvo Joseph Stiglitz, lamentablemente interesó poco para la televisión, no más de cinco minutos; ninguna universidad famosa o fundación de estudios económicos organizó un debate con su participación. - ¿Intransigencia intelectual o temor?
En los últimos años, los ejecutivos del FMI y los economistas nacionales excitados en sus recomendaciones, han postergado los problemas de la economía real, ajustándolos a la imposibilidad de proponer innovación alguna. Alguien dijo: ¡No se puede modificar la ley de gravedad! Como si la economía y la física fueran lo mismo. Esos comportamientos absolutistas, son consistentes con otras formas de gobierno y otros tiempos pasados. Abandonar las negociaciones con un país que no siga criterios intransigentes sin objeciones, será en adelante ir a contramano de un mundo que quiere mejorar la globalización.
Economistas contemporáneos: es ineludible inventar. Ingenuity y mucho para mejorar la calidad de vida de los habitantes de los países. Políticas económicas innovadoras y compasión, pueden mejorar mucho la perspectiva para encarar soluciones. Es necesario descubrir nuevas formas de crecer con distribución más equitativa.
En Argentina ya están expresándose las encuestas en términos de intención de voto. La gente joven; los estudiantes y profesionales nos preguntan acerca de las recetas aplicadas, puesto que son las que aprenden hoy mismo en algunas prestigiosas universidades:
-¿No es que privatizamos para ser más eficientes?
-¿Cómo vamos a negociar bajar calidad de servicios con respetables empresas de comunicaciones, en la era del “total quality service”?
-Fortalecimos al sistema financiero subiendo los requisitos de liquidez y capital, pero las tasas de interés nunca reflejaron beneficios para los tomadores.- ¿Fue bueno estimular el endeudamiento del sector privado?
¿No es que con entidades más sólidas desaparecían los bancos que recibían redescuentos extravagantes?
¿No construimos un sistema privado para administrar jubilaciones que no fueran saqueadas por los distintos gobiernos? - ¿y el mercado de capitales emergentes de esos fondos donde está?
Mientras claramente están dadas las condiciones para comenzar una discusión, tratemos de hacerlo con humildad, sin chicanas ni metiendo miedo.
Durante muchos años se sostuvo que los mercados funcionaban a la perfección y que los gobiernos no tenían que intervenir absolutamente en nada. Quienes así se manifestaron en Argentina, ejercieron su derecho; cultivando además, una especie de monopolio de la verdad económica. Ocuparon todos los cargos públicos y defendieron cualquier cosa que apoyara esa línea de pensamiento, inclusive presidentes como Menem y De la Rúa. Es más, algunos dijeron que el FMI fue filántropo con Argentina, disimulando la enorme ineficiencia que describe el hecho de prestar mal.
Es posible que los afectados por esas políticas en toda la geografía (plomeros y carpinteros del Norte y del Sur) y quienes les escuchan, tengan más que decir. Estemos atentos observando y oyendo.
Ningún economista sueña con volver a un estado intervencionista que componga todas las torpezas que operan las plazas financieras. Pero tampoco ya nadie tiene dudas que la globalización, los mercados y la ultra ortodoxia, no están dando respuesta a los problemas sociales que hoy enfrentan los países.
*Master en Política Económica Internacional – www.hacer.com.ar

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