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viernes, 4 de agosto de 2000

Ambito, Balance de un semestre

Las expectativas optimistas que teníamos particulares y gobierno a principios de año, con el correr de los meses se fueron diluyendo y más que una sensación epidérmica de “malaria generalizada”, son ahora datos de caída del PBI y del gasto doméstico observando (–1,5%) en el primer semestre del año con relación al último trimestre de 1.999, confirmando el palmario estancamiento, que denuncian los diferentes “players” de la economía. Un semestre signado por incertidumbre, lentitud e indefinición en el sector público, tuvo su correlato en menos crédito, ausencia de particulares y empresas dispuestos a endeudarse y escasez de inversores capaces de arriesgar sus capitales comparado con años anteriores. Por lo tanto no parece acertado el método de anunciar medidas en forma aparatosa con inocultables operaciones de prensa, el modo con que podamos conseguir una escalada ansiada de prosperidad que cambie el rumbo de los acontecimientos reseñados. Tampoco son las campañas publicitarias ni mediciones de encuestas las que van a mejorar las perspectivas o inducir a un alto nivel de actividad económica, sino los hechos concretos que llevan a analistas, particulares, empresas, capitales y bancos a especular que pueden tomar y colocar crédito o invertir con grados de riesgo aceptable en unos y otros casos. Precisamente es el panorama depresivo descripto de los párrafos anteriores, (hoy percibidos como nunca por el conjunto de la sociedad), más las buenas noticias del comportamiento independiente de nuestras exportaciones (menos difundidas), lo que nos hace ser más optimistas en esta hora. Recordemos el incipiente crecimiento que vislumbrábamos durante el primer semestre de 1998. Si alguna perturbación externa estallara, podría volver a verse interrumpido cualquier atisbo de mejora. No nos olvidemos que con las crisis de Asia, Rusia y Brasil sobrevino una disminución en el flujo de capitales netos hacia las economías emergentes que pasaron de 220.000 millones de dólares a 84.000 en 1999, e hicieron que se duplicara la tasa de riesgo páis, resultando en un aumento del costo financiero interno pavoroso para empresas y particulares usuarios de crédito.
Ante esta situación evidente, un último peligro es ya palpable, comienzan a escucharse voces desafiantes entre el gobierno que impulsará una serie de medidas de políticas activas para descomprimir los focos de tensión social y la ortodoxia inflexible que teme el devenir de una carrera de excesos en las aplicaciones de estas políticas.
Dicen los indicadores que la única variable favorable del tablero de comando del Ministro de Economía son las exportaciones en términos de precios y cantidades físicas, las cuales continúan su tendencia ascendente de manera sostenida, confirmando lo que habíamos descubierto aquellos que incorporamos el comercio internacional al análisis global de la macroeconomía: ¡existe una variable desenganchada de la convertibilidad fiscal y monetaria, que no se deja estrechar por el corset impuesto al conjunto de la economía y la sociedad. El mayor crecimiento experimentado en el giro del “negocio país” se sigue verificando en el segmento de las exportaciones, totalizando 10.570 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, registrando 13,1% de aumento en el mismo periodo que en el año anterior. Pero lo mejor, es que son las manufacturas de origen industrial (M.O.I), las que han retomado la agilidad de los años anteriores a 1.999, cuando creciendo a más del 20% anual en promedio, aumentaban entre 1.993 y 1.998 por encima del 13,5% del promedio general. Este último dato impacta la sensación térmica de un importante sector, tal vez ya no tanto en términos de PBI, pero si en términos de ocupación. Sobre todo si tenemos en cuenta que el año pasado había caído casi un 11%.
Otra vez, no es con anuncios rimbombantes de futuras medidas a aplicar, si no con pruebas concretas de éxito, (en este caso de un sector emblemático), que se pueden resolver los problemas mas acusiantes de la coyuntura.
En conclusión, por un lado ingresamos dólares con más puestos de trabajo y por otro, cortamos ese espíritu de derrota de los actores de la economía que tanta preocupación le crea al gobierno y la sociedad.

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