Desde muy joven se me me hacia un poco raro, el colega que juzgaba a toda "una corriente politica" por la supuesta deshonestidad de algunos o muchos de sus miembros, sobretodo en democracia. Mas bien me parecia intolerancia. Estare observando ahora las opiniones de los mismos jueces, a pesar que lo unico que me importa son las respuestas a las demandas de la sociedad.
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lunes, 11 de abril de 2016
Los noventa
Dos profesionales, veiamos el mismo cuadro, pero los planes de salida eran completamente distintos (en los noventa). Cuando el elemento popular se opone a la ideología a la cual adhiere la opinión dominante es durísimo...Hoy, a 15 años de 2001, la historia es diferente...La viabilidad social de un plan, es ineludible.
Platón consideraba que un número infinito de ideas podía explicar cualquier observación, y que aun a partir de estudios empíricos nunca se podría determinar exactamente cual de ellas era verdadera. Las teorías son herramientas útiles, no descripciones de la verdadera realidad. Las posturas, antes de la crisis mundial de 2008 eran "inapelables".
En las antiguas democracias, las elites recelaban de algun pensante que proviniera del pueblo, esa idea oligárquica vuelve a estar viva hoy, pero hay que debatir, una Ceocracia no es una democracia moderna, y paradojicamente la nuestra, carece de la ilustracion de aquellas elites griegas.
sábado, 13 de julio de 2013
Cristina Fernandez de Kirchner es peronista
Hoy me decía un amigo que asumía que como
el oficialismo había ganado por “semejante paliza” en 2011 (casi 55%), el gobierno
mostraría una mejor disposición para avanzar en la construcción de consensos
con la oposición. Lo cierto es que la oposición no es un partido político, y nunca
le dio tregua; por otra parte el oficialismo, redobló la apuesta y aceleró la
profundización de su modelo político y estilo. La criticada "lógica del conflicto y la confrontación"
encarna la esencia misma de las reformas encaradas y la resistencia. “Conflicto”, no tiene
porque ser una mala palabra. A comienzos del siglo XIX había en Europa un profundo
conflicto entre liberalismo y democracia. El
liberalismo era admisible para el mundo en general, aunque hablar
de
democracia era en extremo despectivo, como lo es actualmente hablar de populismo. En aquel tiempo la democracia se identificaba con el
jacobinismo, o el gobierno de la turba. Fue necesario transitar conflictos y
revoluciones durante todo el siglo XIX, para que se diera un compromiso estable
entre liberalismo y democracia. En Latinoamérica aquel liberalismo europeo
inteligente que aceptó la democracia, nunca existió. Las aspiraciones del
pueblo latinoamericano nunca fueron viables a través de las políticas liberales,
ni los liberales tampoco han sido liberales. Cada vez que las aspiraciones
del pueblo comenzaban a convertirse en reclamos políticos, los supuestos
liberales, apelaban al totalitarismo que albergaba enfoques económicos
emparentados con el liberalismo, pero más bien conservadores y, claramente
opositores a cualquier causa popular.
A través de la democracia, el peronismo simbolizó
la alternativa frente a las dictaduras militares argentinas, que desdibujaron la
visión demo-liberal, y aun los nacionalismos que hubo en algunas dictaduras.
Hoy vemos en la región, gobiernos de centroizquierda, con ideología
nacional y popular (como el peronismo), que no menosprecian las formas
democráticas liberales.
En nuestros países, cada vez que asoma un riesgo para la
democracia, nunca proviene de un proceso político popular, sino más bien, del
desvío del falso liberalismo, conservador y autoritario.
Esta semana, la Presidenta de la Nación tuvo que aclarar que
siempre fue peronista, porque quienes-literalmente la odian-le atribuyen etiquetas de
"gobierno autoritario" o “socialista”, para invocar y exacerbar los
sentimientos más reaccionarios de quienes todavía no soportan la
democracia. También se hacen comparaciones antojadizas con otros países de la región,
no desprovistas de una intencionalidad pecaminosa. Se aprovechan porque no todos
los ciudadanos distinguen entre los populismos de Latinoamérica. Cada
gobierno en la región, expresa distintas expresiones y grados de profundidad populista-que tampoco es una mala palabra-; y definitivamente, no son iguales.
No se puede comparar la Argentina de Cristina peronista, con la Venezuela de Maduro
socialista, es absurdo; cada experiencia tiene la perspectiva cultural de sus
propias tradiciones e historia. Si el modelo venezolano en la Argentina es
indeseable para un amplio sector de la sociedad, también vale la pena decir que es políticamente inviable, por lo cual no debería ser necesario refutar una hipótesis de futuro "a la bolivariana".
En la Argentina hay una sociedad que creó un perfil mas afín al de sociedades más desarrolladas, y está mucho mas estructurado. Cada país tiene sus propias
carreteras en América Latina, aunque existan elementos comunes. Uruguay y
Brasil con gobiernos de centro-izquierda, no han realizado cambios profundos, pero son populares. Brasil
es cauteloso, tiene una experiencia histórica distinta, y es un país
regionalizado, por eso en estos dias Dilma se encuentra articulando intereses diferentes, y no
confrontando. Tratemos de profundizar nuestra educación política, para que los “picaros”
no nos engañen, no todo es lo mismo, y peronismo-aunque con diferentes expresiones-
hay uno solo.
Publicado por
Pablo Tigani
en
15:33
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Etiquetas:
democracia,
Dilma,
la oposición no es un partido político,
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oficialismo,
populismo,
socialismo
martes, 1 de septiembre de 2009
Democracia, populismo
La oposición pensaba que si el oficialismo perdía, el gobierno mostraría una mejor disposición para efectuar concesiones y avanzar en la construcción de consensos, o sea, la idea era que el gobierno girara hacia posturas más amigables. Lo cierto es que el oficialismo, redobló las apuestas y aceleró la profundización de su modelo político y su forma "unfriendly". Quienes esperaban que la política económica, comenzara a inspirarse en la teoría neo clásica, se sienten defraudados, no obstante los que pronosticábamos un giro al pragmatismo estamos más cerca de haber entendido que eso es lo que está ocurriendo.
La criticada "lógica del conflicto y la confrontación K" es la esencia misma del “populismo”, que no tiene porque ser una mala palabra. Liberalismo, marxismo y, porque no aceptar la realidad del populismo.
La historia se repite, como enseña el libro Eclesiastés. A comienzos del siglo XIX había en Europa un importante malestar entre el liberalismo y la democracia. El liberalismo era admisible para el mundo en general, aunque la democracia era en extremo un término despectivo, como lo es actualmente el populismo. En aquel tiempo la democracia se identificaba con el jacobinismo, o el gobierno de la turba, claro. Fue necesario transitar conflictos y revoluciones durante todo el siglo XIX, para que se diera un compromiso estable entre liberalismo y la democracia. En Latinoamérica la realidad de aquel liberalismo sabio-europeo-que aceptó la democracia, nunca funcionó. Las aspiraciones del pueblo nunca fueron viables a través de las políticas liberales. Cuando las aspiraciones del pueblo comenzaban a ser reclamos políticos, los supuestos liberales, comulgaban con totalitarismos que albergaban enfoques económicos emparentados con el liberalismo, pero mas bien conservadores y, claramente opositores al populismo. También hubo en Latinoamérica dictaduras populares nacionalistas como la de Ibáñez en Chile o el Estado Novo en Brasil. A través de la democracia en cambio, el peronismo, simboliza la alternativa a las dictaduras militares que desdibujaban tanto a la verdadera tradición democrática liberal, como a la tradición nacional y popular. Hoy vemos en la región gobiernos de centroizquierda, con ideología nacional y popular, pero que no menosprecian para nada las formas democráticas liberales. En nuestros países, si asoma un riesgo para la democracia no proviene nunca del populismo, sino más bien, del desvío de aquel virtuoso liberalismo y el marxismo utópico. Concretamente el peronismo nunca ha surgido de una via anti democrática, sin competir con partidos políticos colegas. Sin embargo, la oposición hoy le atribuye etiquetas de "gobierno autoritario", en lugar de "una forma autoritaria" de expresión o de gestión. La diferencia es sutil, pero no es menor. También se hacen comparaciones antojadizas, no desprovistas de intencionalidad. Los populismos en Latinoamérica tienen distintas expresiones y grados de profundidad. No se puede igualar la Argentina K con la Venezuela de Chávez, es absurdo. Cada experiencia tiene la perspectiva cultural de sus propias tradiciones e historia. Si el modelo venezolano en la Argentina es indeseable, también vale la pena decir que es inviable, por lo cual no habría que plantear siquiera la hipótesis. En la Argentina hay una sociedad que creó formas afines a la de sociedades más desarrolladas que la venezolana, y está mucho mas estructurada. Cada país tiene sus propias carreteras en América Latina, aunque existan elementos comunes. Uruguay y Brasil con gobiernos de izquierda, no han realizado cambios profundos. Brasil es cauteloso, tiene una experiencia histórica distinta y, es un país regionalizado. Perón fue líder de una fuerza mucho más homogénea que Vargas. Perón se dirigía a los trabajadores tanto de Buenos Aires, Córdoba como Rosario, que eran la Mayoría del país, un mundo relativamente unificado. En cambio Brasil siempre fue un país de mucha regionalización. Por eso Vargas como Lula lo es ahora, fue un articulador de intereses regionales diferentes.
Tratemos de profundizar, para no generalizar, que las generalizaciones nunca han sido buenas.
La criticada "lógica del conflicto y la confrontación K" es la esencia misma del “populismo”, que no tiene porque ser una mala palabra. Liberalismo, marxismo y, porque no aceptar la realidad del populismo.
La historia se repite, como enseña el libro Eclesiastés. A comienzos del siglo XIX había en Europa un importante malestar entre el liberalismo y la democracia. El liberalismo era admisible para el mundo en general, aunque la democracia era en extremo un término despectivo, como lo es actualmente el populismo. En aquel tiempo la democracia se identificaba con el jacobinismo, o el gobierno de la turba, claro. Fue necesario transitar conflictos y revoluciones durante todo el siglo XIX, para que se diera un compromiso estable entre liberalismo y la democracia. En Latinoamérica la realidad de aquel liberalismo sabio-europeo-que aceptó la democracia, nunca funcionó. Las aspiraciones del pueblo nunca fueron viables a través de las políticas liberales. Cuando las aspiraciones del pueblo comenzaban a ser reclamos políticos, los supuestos liberales, comulgaban con totalitarismos que albergaban enfoques económicos emparentados con el liberalismo, pero mas bien conservadores y, claramente opositores al populismo. También hubo en Latinoamérica dictaduras populares nacionalistas como la de Ibáñez en Chile o el Estado Novo en Brasil. A través de la democracia en cambio, el peronismo, simboliza la alternativa a las dictaduras militares que desdibujaban tanto a la verdadera tradición democrática liberal, como a la tradición nacional y popular. Hoy vemos en la región gobiernos de centroizquierda, con ideología nacional y popular, pero que no menosprecian para nada las formas democráticas liberales. En nuestros países, si asoma un riesgo para la democracia no proviene nunca del populismo, sino más bien, del desvío de aquel virtuoso liberalismo y el marxismo utópico. Concretamente el peronismo nunca ha surgido de una via anti democrática, sin competir con partidos políticos colegas. Sin embargo, la oposición hoy le atribuye etiquetas de "gobierno autoritario", en lugar de "una forma autoritaria" de expresión o de gestión. La diferencia es sutil, pero no es menor. También se hacen comparaciones antojadizas, no desprovistas de intencionalidad. Los populismos en Latinoamérica tienen distintas expresiones y grados de profundidad. No se puede igualar la Argentina K con la Venezuela de Chávez, es absurdo. Cada experiencia tiene la perspectiva cultural de sus propias tradiciones e historia. Si el modelo venezolano en la Argentina es indeseable, también vale la pena decir que es inviable, por lo cual no habría que plantear siquiera la hipótesis. En la Argentina hay una sociedad que creó formas afines a la de sociedades más desarrolladas que la venezolana, y está mucho mas estructurada. Cada país tiene sus propias carreteras en América Latina, aunque existan elementos comunes. Uruguay y Brasil con gobiernos de izquierda, no han realizado cambios profundos. Brasil es cauteloso, tiene una experiencia histórica distinta y, es un país regionalizado. Perón fue líder de una fuerza mucho más homogénea que Vargas. Perón se dirigía a los trabajadores tanto de Buenos Aires, Córdoba como Rosario, que eran la Mayoría del país, un mundo relativamente unificado. En cambio Brasil siempre fue un país de mucha regionalización. Por eso Vargas como Lula lo es ahora, fue un articulador de intereses regionales diferentes.
Tratemos de profundizar, para no generalizar, que las generalizaciones nunca han sido buenas.
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