Durante los años posteriores al
"crack del 29"-año coincidente con el nacimiento de otro"crack", a su derecha en la foto-, la política económica consistió primordialmente en instrumentar políticas
públicas expansivas con el objeto de estimular la demanda agregada. La política
fiscal tenía un papel sobresaliente, era la clave para apuntalar la demanda
agregada. Aplicar una política de expansión del gasto a través de obras públicas,
aumentos de las nominas de personal, refuerzos de salarios, programas sociales;
era lo mas frecuente.
Como el
énfasis estaba puesto en la restricción de la demanda, el trabajo de los
hacedores de política consistía en incentivar la demanda, y no se hablaba
todavía de la oferta agregada. La polémica universitaria transitaba acerca de
si era la política fiscal o la monetaria la más efectiva a la hora de estimular
la demanda agregada, incluso se machacaba sobre cual era el multiplicador
mayor. Eran tiempos en que predominaban las voces de Paul Samuelson y John
Kenneth Gailbraith, discípulos de Keynes.
A mediados de los setenta, surgen
los monetaristas quienes vienen a ponerle límite al uso de políticas expansivas
de estímulo a la demanda agregada. Edmund Phelps y Milton Friedman incorporan a la perorata el concepto de la oferta
potencial, así es como esta corriente convence a los gobiernos, que las economías
tienen una tasa de crecimiento natural a la que pueden crecer sin generar
inflación cuando alcanzan el pleno empleo. Los monetaristas acometen al mundo entero
sumando y nutriendo discípulos con un estilo corregidor e inmodesto. Esos
nuevos semidioses vienen a sostener en forma “incuestionable”, que mantener el
crecimiento económico con políticas expansivas constituye un error. Que no se
puede crecer a un ritmo superior a esta entelequia de “la tasa de crecimiento
potencial”.
Mas tarde se sumaría Robert Lucas,-otro semidios-con la teoría de las expectativas
racionales, a través de la cual aseguraba que los operadores iban a “descontar futuro”,
instalando como otro error mas, el hecho de pensar que con políticas expansivas
se puede crecer sin generar inflación.
Es interesante que en los EE.UU.,
acaba de demostrase que luego de 4 años de políticas extravagantemente
expansivas, habiendo crecido el PBI-aunque
en forma moderadamente incremental-, la inflación aun no amenaza. En 2011 el promedio de la tasa de crecimiento mundial ya crecia a la tasa potencial; o bien reconozcamos que entre 2003-2007 se crecio por encima de la tasa potencial y no hubo escalada inflacionaria.
A fines de los setenta las economías
estaban en “estanflación” (recesión con inflación). El aumento exponencial del
precio del petróleo-en 1973 y 1979-con la cartelización de la OPEP, tenía “todo
que ver”, más allá que Friedman y sus discípulos tratarían de desviar la
atención hacia los “excesos expansivos”.
Sin embargo los políticos de todo el
mundo influidos por los “Chicago Boys” y sus adherentes-una presunta casta privilegiada de profesionales-; deciden cambiar
sus estrategias económicas concediéndoles lugar a sus teorías y convocándolos para
el gerenciamiento.
En EE.UU., a principios de los
ochenta, un hombre de dos metros de altura con un habano en la mano (Paul
Volcker) ponía en marcha un programa de estabilización brutal. Subiría la tasa
de interés al 20% anual con el pretexto de eliminar el exceso de demanda por
sobre la oferta potencial y de ese modo bajar la tasa de inflación. Como
aplicando políticas restrictivas se había logrado contener la inflación, las
Universidades de Chicago y Minnesota, mas una extraordinaria estrategia de marketing
vivificó la corriente “conservadora-neo liberal”, y la macroeconomía entraría
en una etapa donde comienza a interesar menos la demanda agregada que la oferta
agregada. Las políticas públicas adquieren un “rol político neo conservador”. Recuerde
a Ronald Reagan y Margareth Tatcher. También en países emergentes se aplico este
enfoque económico, con la asistencia de sistemas políticos totalitarios en
algunos, en otros se apelo a la cooperación de una clase política seducida y
encaminada a abandonar los intereses regionales. Uno por uno con la
colaboración de los organismos multilaterales de crédito-instrumentos claves del cambio de paradigma-.
A partir de entonces cualquier aspiración
de aplicar políticas expansivas comenzara a ser objeto de sospechas socialistas
o populistas, y solo estarán bien vistas las políticas contractivas,
argumentando que la economía esta operando por encima de su tasa de crecimiento
potencial o directamente “recalentada”.
Surgen en esta etapa economistas venerados
por sus acólitos y premiados por la Real Academia Sueca. Hacen sus presentaciones como
“majestuosidades exóticas”, el licenciado en historia Robert Lucas, los economistas neo clásicos Neil Wallace, Tom
Sargent; el licenciado en matemática Ed. Prescott y el físico Bob Barro. Es
entones que queda demarcado un tiempo académico y político inmoderado y pertinaz,
entre 1980 y 2008, el período denominado por sus “fans” como “La Gran
Moderación”. Los economistas entusiastas de este enfoque predominante
decidieron que lo prioritario era que las políticas públicas tuvieran un rol
estabilizador, nunca contra cíclico en términos de enfrentar una recesión fuera
de los EE.UU.
Comienza el periodo del doble
discurso, la receta económica para EE.UU. y otra fórmula estupenda para del
resto del mundo. En esta etapa es que los académicos "le dan soporte" a los políticos
y militares gobernantes, más que nunca en la historia contemporánea. Los
hacedores de política económica se subordinan porque entienden que resistirse no
es una opción. Desde entonces las políticas expansivas comienzan a ser “siempre”
inapropiadas, porque conducen a la inflación. Así es que en lugar de evitar que
las economías entren en recesión aplicando políticas expansivas, los hacedores
de política económica empiezan a imponer el objetivo de “la estabilidad de
precios”. De esa manera los tecnócratas físicos-matemáticos pasan a ser la clave
de cualquier gobierno “serio” para administrar las políticas fiscales y
monetarias que con el fin de moderar la inflación; serian funcionales para establecer
un sistema hegemónico que se iría consolidando hasta llegar a principio de los
noventa, al Consenso de Washington. La instrumentación de las políticas
públicas comienza a implementarse argumentando la necesidad de minimizar el
desvío entre el PBI efectivo y el PBI potencial. Empieza a instalarse la idea
de lo importante que resulta la coordinación de las políticas fiscales y
monetarias-preámbulo de la eurozona-,
y se les impone a los gobiernos la necesidad de tener un “Banco Central
independiente”.
En términos simples, la cosa pasa
por manejar toda la política desde la economía, para maximizar los beneficios
de la actividad financiera, manteniendo una tasa de inflación baja y estable. La
etapa de la Gran Moderación constituye entonces, una época de la historia de la
humanidad en que el PBI creció en forma acometedora, aunque los habitantes del
planeta no mejoraron en forma proporcional, ni justa-el PBI per capita no representa en absoluto la realidad de la
distribución de la riqueza-. Los bolsones de pobreza extrema se atomizaron
en el mundo en forma inversamente proporcional a la concentración de la
riqueza. Definitivamente, se concentró el señorío de lo económico por sobre lo
político, cuando aumentó el rol de la política monetaria como instrumento de poder
de la política económica internacional.
La crisis de 2008 fue el resultado
de los excesos permitidos durante 35 años. La desregulación y abolición de los
controles que se fueron produciendo en forma creciente, llegarían a su fin con
el desbarajuste de Wall Street. Es luego de la crisis de Lehman Brothers cuando
se hizo patente e imprescindible un blanqueo
de la situación, con el objeto de poder aplicar políticas expansivas que evitaran
un fin trágico del fundamentalismo financiero. A punto estuvo el sistema
estadounidense, que no se pudieran expender billetes por sus cajeros
automáticos.
Retomando la noción, fue así como con
el fin de apuntalar la demanda agregada los responsables del gobierno aplicaron
una política monetaria extravagante y Lord John Maynard Keynes dejo de ser ese
monstruo socialista. La FED llevo la tasa de interés nominal a casi cero y
aplico políticas monetarias como compra de activos tóxicos, compra de títulos
públicos, otorgamiento de súper préstamos a los bancos y otras creatividades.
Hay que decir que los presuntuosos mecanismos
exaltados en la etapa de la Gran Moderación, en esta etapa ya no se mueven. Queda
claro que lo que fue necesario para moderar la caída libre de la economía, ha
sido aplicar una política monetaria súper expansiva, complementándola con una
política fiscal expansiva hasta los topes del endeudamiento; es decir, volvimos
a la receta Keynesiana que ya una vez había sacado al capitalismo de la Gran
Depresión.