Cuando el actual primer mandatario, Carlos Saúl Menem le ponga la banda al Presidente electo Fernando De la Rúa, se cumplirán 10 años de un modelo caracterizado por la apertura de la Economía como nunca antes se aplicó en la Argentina (marcada por la incorporación de capitales para el crecimiento económico, importación y exportación de mercancías de todo tipo y procedencia).
Debemos resaltar que este “modelo” se apoyó con una inédita consolidación de la democracia en el país, cuyo remoto antecedente, se remonta a mediados de la década del 10, donde un ilustre radical (Dr. Hipólito Yrigoyen) se hacía cargo del gobierno.
Esta maravillosa situación de estabilidad política institucional y jurídica indispensable para un ambiente pro- negocios, comenzó en un momento muy especial, coincidiendo con la caída del muro de Berlín y la explosiva globalización de los mercados. Diez años después, asistimos a la revolución de Internet que estandariza un enorme progreso en las comunicaciones.
Como corolario se consolida la brecha de progresos técnicos derivados del proceso de acumulación de capital, con incrementos geométricos de productividad. Pero bajando a la coyuntura y con respecto a los números de nuestro Comercio Exterior, el déficit comercial alcanzó en Agosto de 1.999 los $ 235 millones de dólares, emergentes de $2.098 millones de exportaciones contra $2.333 de importaciones.
En solo 8 meses, el déficit comercial nos cuesta $954 millones, siendo las ventas más castigadas, las manufacturas de origen industrial, con alrededor del 25% de merma. Casi 67% de merma total en las exportaciones se producen a través de la disminución de los envíos al Mercosur ($1.800 millones menos, si comparamos los primeros ocho meses de 1.999 contra el mismo periodo de 1.998).
Si no hubiese sido por esta profunda recesión que impactó sobre las importaciones de bienes de consumo, estas cifras podrían ser aún mayores, al tiempo que discutimos, si las necesidades de financiamiento aumentarán en el próximo ejercicio $1.000 millones en caso que suba la tasa de interés la Reserva Federal, o no en el caso que se produzca el ansiado e imprescindible shock de confianza luego de los anuncios del gabinete económico designado.
Con estos antecedentes se hace cada vez más obvia la necesidad de acceder a los mercados internacionales, proyectando a nuestras empresas al exterior en forma decidida y sin dilaciones.
La implementación de políticas de promoción comercial orientada a las exportaciones, desde el marketing previo hasta la colocación de los productos, pasando por el transporte, organización de misiones comerciales, participación en ferias y exposiciones tienen una cita impostergable en las agendas de los economistas de la nueva conducción, quienes reconocen en esto una materia pendiente de la gran transformación de nuestra actividad económica.
Desde el mes de Enero en que el esquema basado en exportaciones a Brasil entró en crisis, ahora ya evidente e inmodificable para este año perdido, mientras el Dr. De la Rúa reclama en París por la persistencia del lamentable proteccionismo agrícola de los países europeos y cuando el peso de los servicios de la deuda externa está condicionando el crecimiento futuro, no quedan dudas, tenemos que confiar en el aporte de las exportaciones para lograr las divisas que tan angustiosamente nuestro país necesita.
jueves, 11 de noviembre de 1999
jueves, 4 de noviembre de 1999
Ambito, Productos argentinos irrumpen en los mercados internacionales
Es evidente que durante la década del 90 hemos marchado bastante. Nadie sería capaz de cavilar un golpe de Estado ante la frivolidad de ciertos funcionarios, o la corrupción de inexcusables agentes públicos (con cara de cemento) que nos explican en un noticiero ¿cómo hicieron para enriquecerse tan rápidamente?
Los problemas de desocupación y salarios bajos no reciben más propuestas inflacionarias de sindicatos poderosos en el ámbito nacional. Ni siquiera los políticos que representan el ala más progresista del espectro, discuten la necesidad de establecer criterios de austeridad.
Vemos cada vez más convencidos a los empresarios, que ya no discuten ni por un segundo las necesidades de mantener el sistema de convertibilidad.
No obstante estas metas alcanzadas, a través de una gran Reingeniería cultural y social de los actores de la economía argentina, debemos reconocer que tenemos asignaturas pendientes.
Una política de Comercio Exterior, que conceda al resto de los países de la gran aldea, descubrir que existimos comercialmente es prioridad. La centralización del interés, de concentrar nuestros esfuerzos en el Mercosur, nos sorprende ahora, porque no podemos reemplazar esos 8.000 millones de dólares que penden de un hilo. Claramente Brasil no había sido un blanco elegido para colocar nuestros productos, frente a otros mercados menos interesantes.
Los mercados internacionales no reconocen nuestras marcas. Somos tan poco conocidos como exportadores que para referenciar productos alimenticios, nuestros hombres de marketing, tuvieron que ponerle packaging alusivo (marca país) con fotos de Maradona, una pareja bailando tango o Carlos Gardel a excelentes productos.
No se ven esfuerzos por encontrar nichos. Las ventajas competitivas que usufructuamos se desmoronan cuando bajan los precios de los commodities o norteamericanos y europeos subsidian a sus productores. ¡Siempre la misma balada!.
Es lamentable que los economistas sigan hablando de las satisfacciones desde el punto de vista monetario / fiscal y lo peligroso que sería tocar algo, mientras presumen que el mercado de crédito voluntario y los Organismos Económicos Internacionales resolverán para siempre las necesidades de financiamiento (el año que viene, demandarán 24.000 millones de dólares).
Es necesario que se realicen esfuerzos tendientes a imaginar y promover políticas comerciales innovadoras a largo plazo, que apunten a revertir esta situación crónica con recursos genuinos.
Tenemos que bajar y reasignar el gasto y realizar una profunda Reingeniería en el sector público, aunque ya no tenemos 15% de déficit fiscal, ni un país impredecible.
El foco ahora debe centralizarse en una propuesta de política económica basada en generar recursos genuinos, y eso solo es posible a través del comercio internacional. Rotundamente esto no se ve así, las páginas de Economía ocupan en los medios 90% de su espacio con temas monetarios y fiscales, un temor a esta altura desproporcionado, (lo demuestran la cotización de dólares futuro, en los días finales al comicio).
Con 16 años de democracia, sin riesgos de “golpe de estado”, ni “estampida inflacionaria”, “devaluación compulsiva”, “ corridas de depósitos”, ocupémonos de entregar otros aportes. Hay una cita pendiente en nuestra agenda de trabajo que no podemos eludir. En esto tenemos que coincidir, profesionales, empresarios, y partidos políticos. Es necesario aumentar el volumen de nuestro comercio exterior. Es tiempo de un nuevo desafío profesional y otros titulares para los diarios: “Productos Argentinos irrumpen con éxito en los mercados internacionales”
Los problemas de desocupación y salarios bajos no reciben más propuestas inflacionarias de sindicatos poderosos en el ámbito nacional. Ni siquiera los políticos que representan el ala más progresista del espectro, discuten la necesidad de establecer criterios de austeridad.
Vemos cada vez más convencidos a los empresarios, que ya no discuten ni por un segundo las necesidades de mantener el sistema de convertibilidad.
No obstante estas metas alcanzadas, a través de una gran Reingeniería cultural y social de los actores de la economía argentina, debemos reconocer que tenemos asignaturas pendientes.
Una política de Comercio Exterior, que conceda al resto de los países de la gran aldea, descubrir que existimos comercialmente es prioridad. La centralización del interés, de concentrar nuestros esfuerzos en el Mercosur, nos sorprende ahora, porque no podemos reemplazar esos 8.000 millones de dólares que penden de un hilo. Claramente Brasil no había sido un blanco elegido para colocar nuestros productos, frente a otros mercados menos interesantes.
Los mercados internacionales no reconocen nuestras marcas. Somos tan poco conocidos como exportadores que para referenciar productos alimenticios, nuestros hombres de marketing, tuvieron que ponerle packaging alusivo (marca país) con fotos de Maradona, una pareja bailando tango o Carlos Gardel a excelentes productos.
No se ven esfuerzos por encontrar nichos. Las ventajas competitivas que usufructuamos se desmoronan cuando bajan los precios de los commodities o norteamericanos y europeos subsidian a sus productores. ¡Siempre la misma balada!.
Es lamentable que los economistas sigan hablando de las satisfacciones desde el punto de vista monetario / fiscal y lo peligroso que sería tocar algo, mientras presumen que el mercado de crédito voluntario y los Organismos Económicos Internacionales resolverán para siempre las necesidades de financiamiento (el año que viene, demandarán 24.000 millones de dólares).
Es necesario que se realicen esfuerzos tendientes a imaginar y promover políticas comerciales innovadoras a largo plazo, que apunten a revertir esta situación crónica con recursos genuinos.
Tenemos que bajar y reasignar el gasto y realizar una profunda Reingeniería en el sector público, aunque ya no tenemos 15% de déficit fiscal, ni un país impredecible.
El foco ahora debe centralizarse en una propuesta de política económica basada en generar recursos genuinos, y eso solo es posible a través del comercio internacional. Rotundamente esto no se ve así, las páginas de Economía ocupan en los medios 90% de su espacio con temas monetarios y fiscales, un temor a esta altura desproporcionado, (lo demuestran la cotización de dólares futuro, en los días finales al comicio).
Con 16 años de democracia, sin riesgos de “golpe de estado”, ni “estampida inflacionaria”, “devaluación compulsiva”, “ corridas de depósitos”, ocupémonos de entregar otros aportes. Hay una cita pendiente en nuestra agenda de trabajo que no podemos eludir. En esto tenemos que coincidir, profesionales, empresarios, y partidos políticos. Es necesario aumentar el volumen de nuestro comercio exterior. Es tiempo de un nuevo desafío profesional y otros titulares para los diarios: “Productos Argentinos irrumpen con éxito en los mercados internacionales”
lunes, 25 de octubre de 1999
Ambito, Financiamiento necesario para exportar
Una de las características económicas salientes de estos últimos años, ha sido el aumento de volumen de nuestras exportaciones.
Aún en circunstancias desfavorables, con caída en los precios del petróleo, cereales y petroquímicos, si se hubieran mantenido los precios, el valor nominal proyectado en el 98 podía haber alcanzado los u$s 31.200 millones de dólares en lugar de los u$s 28.800 que se registraron.
En los primeros ocho meses de 1.999, se acumulan u$s 15.532 millones, contra u$s 18.306 en el mismo periodo de 1998, (15,2% menos). Lo interesante de esto es que la cifra de disminución de nuestras exportaciones coincide con el declive de los precios de estos commodities y casi no se registra descenso en las cantidades exportadas que permanecen en el estadio del 98 solo (-0,2%) por debajo.
Si tomamos en cuenta el panorama de Brasil y su impacto en los envíos de la industria automotriz (- u$s 1.000 MM EN 8 MESES), no podemos dejar de resaltar un pronóstico más que alentador para los próximos años, mientras comienzan a revertirse los precios de algunos de los commodities mencionados con anterioridad.
Es necesario señalar por caso y para sostener esta afirmación, las excelentes performances y perspectivas de sectores como el pesquero, algodonero, oleaginoso y el vitivinícola con una penetración espectacular en Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo.
Esto demuestra a las claras un cambio de actitud, frente a un pasado de aprovechamiento parcial de oportunidades o reemplazo de clientes locales por coyunturas desfavorables del mercado interno. Esta innovación en la orientación ha ido acentuando la necesidad de disponer de mecanismos financieros de apoyo para sostener en el tiempo nuevas estrategias de diversificación y expansión de nuestras exportaciones. Con el objetivo de posibilitar a los empresarios participar de una competencia en condiciones similares en mercados cada vez más exigentes, es necesario analizar la situación de diferentes regímenes de asistencia financiera que hagan posible competir nuestros productos con países, cuyas tasas de interés para préstamos son sensiblemente inferiores a las de las empresas argentinas. Como es lógico suponer un mayor volumen proyectado, determina mas cantidad de recursos, pero además, mayores plazos en que se realicen las ventas y mejores tasas, para generar iguales condiciones que eventuales proveedores de países industrializados. Para acompañar en los años siguientes una fuerte expansión de nuestras exportaciones a plazos más largos resulta indispensable disponer de líneas de crédito blandas con mecanismos de otorgamiento ágiles y flexibles que permitan ofrecer condiciones de financiamiento internacional. Las restricciones en esta área atentan contra la consolidación de estos logros y un crecimiento sostenido del sector que aporta divisas a un país con serias amenazas por su alta dependencia del ahorro externo. ¿Podrá el B.C.R.A. flexibilizar su enfoque de los años 90, para promover un aporte al crecimiento en base a las exportaciones, teniendo en cuenta la vulnerabilidad a que nos somete (fuerte dependencia de flujos de capitales externos y su volatilidad ante los países emergentes) cualquier crisis internacional?
El profesor del M.I.T.(Premio Nobel de Economía) Robert Solow, en su paso por el XII Congreso Mundial, aconsejó que en casos de shocks externos el gobierno debe tener políticas fiscales más flexibles(sin olvidar que siempre se deben hacer bien los deberes). Cuando un shock es grande, dejar que se resuelva por sí solo es muy peligroso y debe compensarse con política fiscal.
Hasta en los criterios de Maastricht, hay excepciones en el caso de una recesión. ¿Podremos luego de un largo periodo recesivo y varias crisis externas ignorar estos aportes para nuestras necesidades?
Aún en circunstancias desfavorables, con caída en los precios del petróleo, cereales y petroquímicos, si se hubieran mantenido los precios, el valor nominal proyectado en el 98 podía haber alcanzado los u$s 31.200 millones de dólares en lugar de los u$s 28.800 que se registraron.
En los primeros ocho meses de 1.999, se acumulan u$s 15.532 millones, contra u$s 18.306 en el mismo periodo de 1998, (15,2% menos). Lo interesante de esto es que la cifra de disminución de nuestras exportaciones coincide con el declive de los precios de estos commodities y casi no se registra descenso en las cantidades exportadas que permanecen en el estadio del 98 solo (-0,2%) por debajo.
Si tomamos en cuenta el panorama de Brasil y su impacto en los envíos de la industria automotriz (- u$s 1.000 MM EN 8 MESES), no podemos dejar de resaltar un pronóstico más que alentador para los próximos años, mientras comienzan a revertirse los precios de algunos de los commodities mencionados con anterioridad.
Es necesario señalar por caso y para sostener esta afirmación, las excelentes performances y perspectivas de sectores como el pesquero, algodonero, oleaginoso y el vitivinícola con una penetración espectacular en Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo.
Esto demuestra a las claras un cambio de actitud, frente a un pasado de aprovechamiento parcial de oportunidades o reemplazo de clientes locales por coyunturas desfavorables del mercado interno. Esta innovación en la orientación ha ido acentuando la necesidad de disponer de mecanismos financieros de apoyo para sostener en el tiempo nuevas estrategias de diversificación y expansión de nuestras exportaciones. Con el objetivo de posibilitar a los empresarios participar de una competencia en condiciones similares en mercados cada vez más exigentes, es necesario analizar la situación de diferentes regímenes de asistencia financiera que hagan posible competir nuestros productos con países, cuyas tasas de interés para préstamos son sensiblemente inferiores a las de las empresas argentinas. Como es lógico suponer un mayor volumen proyectado, determina mas cantidad de recursos, pero además, mayores plazos en que se realicen las ventas y mejores tasas, para generar iguales condiciones que eventuales proveedores de países industrializados. Para acompañar en los años siguientes una fuerte expansión de nuestras exportaciones a plazos más largos resulta indispensable disponer de líneas de crédito blandas con mecanismos de otorgamiento ágiles y flexibles que permitan ofrecer condiciones de financiamiento internacional. Las restricciones en esta área atentan contra la consolidación de estos logros y un crecimiento sostenido del sector que aporta divisas a un país con serias amenazas por su alta dependencia del ahorro externo. ¿Podrá el B.C.R.A. flexibilizar su enfoque de los años 90, para promover un aporte al crecimiento en base a las exportaciones, teniendo en cuenta la vulnerabilidad a que nos somete (fuerte dependencia de flujos de capitales externos y su volatilidad ante los países emergentes) cualquier crisis internacional?
El profesor del M.I.T.(Premio Nobel de Economía) Robert Solow, en su paso por el XII Congreso Mundial, aconsejó que en casos de shocks externos el gobierno debe tener políticas fiscales más flexibles(sin olvidar que siempre se deben hacer bien los deberes). Cuando un shock es grande, dejar que se resuelva por sí solo es muy peligroso y debe compensarse con política fiscal.
Hasta en los criterios de Maastricht, hay excepciones en el caso de una recesión. ¿Podremos luego de un largo periodo recesivo y varias crisis externas ignorar estos aportes para nuestras necesidades?
miércoles, 22 de septiembre de 1999
Ambito, La crisis coercial Argentino Brasilera
Parece necesario volver a examinar los argumentos que fundamentan la determinación de organizar una Asociación de Países. Básicamente: desarrollo, crecimiento e integración, concebidos desde un enfoque económico estructural de política económica internacional, suelen ser elementos útiles para promover este tipo de acuerdos.
A mediados de la década del 80 comenzó tímidamente este esfuerzo, que alcanzó en l998 un incremento cuantitativo del comercio aumentando la productividad de un modo casi inconcebible en ciertos sectores de la economía en aquel entonces. Pero, sinceramente, el desarrollo económico de una gesta como la integración de países en una región como la nuestra, requiere no solo el dinamismo mostrado en estos años sino la continuidad prolongada en forma persistente apoyada por los líderes de turno.
El tratado de Roma data de 1960, la Unión Europea, con solo unos años más que la primitiva A.L.A.L.C.(Asociación Latinoamericana de Libre Comercio)es el paradigma más claro de referir, sin embargo las posiciones encontradas de los mayores actores del Mercosur vuelven a detener el interesante recorrido obtenido en estos magníficos años.
No es un hecho desconocido que la coyuntura siempre presenta presiones en los aspectos sectoriales, sociales y políticos, pero estos deben ser resueltos en forma inmediata, de modo de evitar que asuntos puntuales y circunstanciales obstaculicen los altos objetivos fundacionales.
La integración económica se encamina a remover barreras que impiden el comercio recíproco y a adoptar posiciones conjuntas frente al resto del mundo. Por una parte, para Brasil, la integración regional favorece su proceso de industrialización, el más poderoso de la región, y en lo que hace a economías de escala (imprescindibles para esos modelos) ningún mercado es despreciable.
En el otro extremo, esta Argentina, que en su tácita estrategia industrial de especialización y complementación productiva, tiene en Brasil un socio irremplazable.
Existen por lo menos dos razones que detonaron recientemente la desproporcionada réplica de Brasil. En primer lugar, la actitud proteccionista argentina para la industria del calzado(como consecuencia del incremento de 66% en las importaciones desde Brasil)y la industria textil en forma parcial (con fuertes incrementos en ropa de cama y tocador, hilados de fibras sintéticos discontinuos). Esto último motivó la Resolución 861/99 B.O. N°29.188-1.6/07, estableciendo cupos a la importación de tejidos de algodón de Brasil. En segundo lugar la verificación del déficit comercial de Brasil con Argentina de 412 millones de dólares, 39% más que en el mismo semestre del 98, generando un gran malestar en las autoridades brasileñas. Esto es lo que disparó una represalia apresurada, alentada por el fuerte Lobby industrial de nuestro vecino, eliminando el tratamiento preferencial a 400 productos argentinos.
En ambos países hubo antes de estos especiales momentos, trabajos serios para diversificar y fortalecer la estructura productiva interna con la apertura económica, en el caso argentino incluso debilitó y desmanteló una parte del aparato productivo preexistente. Todo se potenció porque ambos países han sido sorprendidos por primera vez en la década del 90 por una importante disminución de la actividad económica y recia contracción en el comercio exterior.
En el periodo Enero /Junio, las exportaciones argentinas a Brasil, cayeron algo más del 30% y las importaciones 28% contra el mismo semestre del 98, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior Brasileña. Pero los recientes inconvenientes en las relaciones bilaterales, desnudan los verdaderos problemas a encarar y resolver (tarea imprescindible, tendiente a coordinar cuestiones macroeconómicas y a la vez ir encontrando mecanismos adecuados para evitar decisiones unilaterales que afecten los flujos comerciales).
Sin duda alguna, se puede decir que este es uno de los momentos más difíciles con que las relaciones mercantiles de ambos países se han topado.
Por esta razón, se impondrá un considerable esfuerzo por preservar con actitudes e iniciativas valientes a la prioridad estratégica del Mercosur y la región, quienes sufren con tenor inusitado los efectos de una crisis económica trascendente, mas allá de los episodios puntuales que originaron este disparatado conflicto.
A mediados de la década del 80 comenzó tímidamente este esfuerzo, que alcanzó en l998 un incremento cuantitativo del comercio aumentando la productividad de un modo casi inconcebible en ciertos sectores de la economía en aquel entonces. Pero, sinceramente, el desarrollo económico de una gesta como la integración de países en una región como la nuestra, requiere no solo el dinamismo mostrado en estos años sino la continuidad prolongada en forma persistente apoyada por los líderes de turno.
El tratado de Roma data de 1960, la Unión Europea, con solo unos años más que la primitiva A.L.A.L.C.(Asociación Latinoamericana de Libre Comercio)es el paradigma más claro de referir, sin embargo las posiciones encontradas de los mayores actores del Mercosur vuelven a detener el interesante recorrido obtenido en estos magníficos años.
No es un hecho desconocido que la coyuntura siempre presenta presiones en los aspectos sectoriales, sociales y políticos, pero estos deben ser resueltos en forma inmediata, de modo de evitar que asuntos puntuales y circunstanciales obstaculicen los altos objetivos fundacionales.
La integración económica se encamina a remover barreras que impiden el comercio recíproco y a adoptar posiciones conjuntas frente al resto del mundo. Por una parte, para Brasil, la integración regional favorece su proceso de industrialización, el más poderoso de la región, y en lo que hace a economías de escala (imprescindibles para esos modelos) ningún mercado es despreciable.
En el otro extremo, esta Argentina, que en su tácita estrategia industrial de especialización y complementación productiva, tiene en Brasil un socio irremplazable.
Existen por lo menos dos razones que detonaron recientemente la desproporcionada réplica de Brasil. En primer lugar, la actitud proteccionista argentina para la industria del calzado(como consecuencia del incremento de 66% en las importaciones desde Brasil)y la industria textil en forma parcial (con fuertes incrementos en ropa de cama y tocador, hilados de fibras sintéticos discontinuos). Esto último motivó la Resolución 861/99 B.O. N°29.188-1.6/07, estableciendo cupos a la importación de tejidos de algodón de Brasil. En segundo lugar la verificación del déficit comercial de Brasil con Argentina de 412 millones de dólares, 39% más que en el mismo semestre del 98, generando un gran malestar en las autoridades brasileñas. Esto es lo que disparó una represalia apresurada, alentada por el fuerte Lobby industrial de nuestro vecino, eliminando el tratamiento preferencial a 400 productos argentinos.
En ambos países hubo antes de estos especiales momentos, trabajos serios para diversificar y fortalecer la estructura productiva interna con la apertura económica, en el caso argentino incluso debilitó y desmanteló una parte del aparato productivo preexistente. Todo se potenció porque ambos países han sido sorprendidos por primera vez en la década del 90 por una importante disminución de la actividad económica y recia contracción en el comercio exterior.
En el periodo Enero /Junio, las exportaciones argentinas a Brasil, cayeron algo más del 30% y las importaciones 28% contra el mismo semestre del 98, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior Brasileña. Pero los recientes inconvenientes en las relaciones bilaterales, desnudan los verdaderos problemas a encarar y resolver (tarea imprescindible, tendiente a coordinar cuestiones macroeconómicas y a la vez ir encontrando mecanismos adecuados para evitar decisiones unilaterales que afecten los flujos comerciales).
Sin duda alguna, se puede decir que este es uno de los momentos más difíciles con que las relaciones mercantiles de ambos países se han topado.
Por esta razón, se impondrá un considerable esfuerzo por preservar con actitudes e iniciativas valientes a la prioridad estratégica del Mercosur y la región, quienes sufren con tenor inusitado los efectos de una crisis económica trascendente, mas allá de los episodios puntuales que originaron este disparatado conflicto.
jueves, 2 de septiembre de 1999
Ambito, Mercosur, una alternativa a la crisis de crédito mundial
La globalización, única y excluyente opción de la Economía Mercosur una alternativa Internacional, ha procurado el aumento de la productividad y nos obliga como habitantes de la aldea global a tomar decisiones políticas capaces de asignar recursos focalizando las fortalezas y oportunidades del Comercio Internacional, dejando de prodigar vehemencia en los mercados de colocación de títulos; a esta altura escasa y con tasas exorbitantes.
Luego de 22 años de la Reforma Financiera de 1977, hemos aprendido algo. No será el crédito internacional el que nos ayude a ser más eficientes y mucho menos, el que continúe aportando divisas, útiles para continuar gastando con financiamiento externo, llevando la Deuda Externa en aquel entonces de U$S 7000 a $140.000 millones de dólares (20 veces) cerrando el año. Todo sin contar los fondos genuinos provenientes de las privatizaciones que por fin llegaron, tal cual se reclamaba desde aquella incipiente apertura.
Es obvio ahora, que el Comercio Exterior requiere una estrategia de política comercial que supera las decisiones de los operadores de exportación.
Actualmente, con 9 años de estabilidad cambiaria, aranceles adecuados a los usuales para países como Argentina y desregulaciones, que reclamábamos desde 1977, es necesario analizar una sana política de inversiones en materia de recursos promocionales. El objetivo es generar un espíritu exportador acompañado por políticas diplomáticas activas para apoyar al empresariado.
Se necesitan reglas de juego claras, como en el caso del Mercosur, para que la creación de la infraestructura construida en estos años, producto de decisiones empresarias de riesgo, no se vean perjudicadas cuando medien intervenciones gubernamentales unilaterales de nuestros socios comerciales.
No estoy diciendo que deba ser sustituida la iniciativa individual de los empresarios, que han demostrado su enorme capacidad de conquistar un difícil mercado como el de Brasil, siendo ellos mismos sorprendidos por la exitosa colocación de nuestros productos.
El Mercosur es sin duda nuestro ámbito adecuado de integración y crecimiento desde el punto de vista comercial, quedó demostrado en estos últimos años. Pero no solo eso, el grado de endeudamiento de la región y fundamentalmente de Argentina y Brasil, nos otorga posibilidades ciertas de continuidad, dada la dificultad que comienza a generarle el “credit crunch” a ambos países.
Es evidente que si los flujos de financiamiento desde los centros financieros hacia la región disminuyeron y no muestran signos de recuperación, mientras la Reserva Federal esté mas y más preocupada por frenar a la locomotora norteamericana aumentando la tasa de interés, las posibilidades de retomar el crecimiento de los negocios comerciales con Brasil y el Mercosur lucen mucho más sólidas hoy, más allá de la retórica de los lazos históricos y geográficos naturales que declaman los políticos argentinos.
Luego de 22 años de la Reforma Financiera de 1977, hemos aprendido algo. No será el crédito internacional el que nos ayude a ser más eficientes y mucho menos, el que continúe aportando divisas, útiles para continuar gastando con financiamiento externo, llevando la Deuda Externa en aquel entonces de U$S 7000 a $140.000 millones de dólares (20 veces) cerrando el año. Todo sin contar los fondos genuinos provenientes de las privatizaciones que por fin llegaron, tal cual se reclamaba desde aquella incipiente apertura.
Es obvio ahora, que el Comercio Exterior requiere una estrategia de política comercial que supera las decisiones de los operadores de exportación.
Actualmente, con 9 años de estabilidad cambiaria, aranceles adecuados a los usuales para países como Argentina y desregulaciones, que reclamábamos desde 1977, es necesario analizar una sana política de inversiones en materia de recursos promocionales. El objetivo es generar un espíritu exportador acompañado por políticas diplomáticas activas para apoyar al empresariado.
Se necesitan reglas de juego claras, como en el caso del Mercosur, para que la creación de la infraestructura construida en estos años, producto de decisiones empresarias de riesgo, no se vean perjudicadas cuando medien intervenciones gubernamentales unilaterales de nuestros socios comerciales.
No estoy diciendo que deba ser sustituida la iniciativa individual de los empresarios, que han demostrado su enorme capacidad de conquistar un difícil mercado como el de Brasil, siendo ellos mismos sorprendidos por la exitosa colocación de nuestros productos.
El Mercosur es sin duda nuestro ámbito adecuado de integración y crecimiento desde el punto de vista comercial, quedó demostrado en estos últimos años. Pero no solo eso, el grado de endeudamiento de la región y fundamentalmente de Argentina y Brasil, nos otorga posibilidades ciertas de continuidad, dada la dificultad que comienza a generarle el “credit crunch” a ambos países.
Es evidente que si los flujos de financiamiento desde los centros financieros hacia la región disminuyeron y no muestran signos de recuperación, mientras la Reserva Federal esté mas y más preocupada por frenar a la locomotora norteamericana aumentando la tasa de interés, las posibilidades de retomar el crecimiento de los negocios comerciales con Brasil y el Mercosur lucen mucho más sólidas hoy, más allá de la retórica de los lazos históricos y geográficos naturales que declaman los políticos argentinos.
martes, 17 de agosto de 1999
Ambito, Creación de Valor versus Costo Fiscal
Un discreto superávit comercial, (por disminución de las importaciones por sobre las exportaciones, producto de una fuerte caída de la actividad económica), no debería distraernos de un problema real que enfrenta nuestra Economía, con respecto a sus niveles de competitividad y la influencia que ejercen impuestos distorsivos, emergentes de necesidades fiscales. En muchos países se concedieron y conceden aún, reducciones diferentes de impuestos a los exportadores.
Es frecuente desde finales de la década del 70, que esos beneficios estén limitados al famoso costo fiscal, cristal a través del cual se analiza cualquier tipo de medida y que ha realizado un innegable aporte a la derrota de la inflación. No obstante en la mayoría de los países existen exportadores que pueden recibir exenciones impositivas totales por un periodo de tiempo limitado, con aumentos paulatinos y graduales para incentivar las exportaciones.
Estos instrumentos prácticos y necesarios aplicados a estrategias económicas que apuntan a la “creación de valor”, desde los aspectos sociales hasta la generación de divisas, deberían ser nuevamente considerados, a la luz de la reciente flexibilización conceptual que demuestra la eximisión de multas y la emisión de certificados para la compra de cero kilómetros en la industria automotriz.
En la actualidad, existe un test imprescindible para cualquier estrategia económica o financiera, ya sea empresarial o macroeconómica: Si algo es indispensable e ineludible, es pasar la prueba de la creación de valor. Después de 21 años de aquella certeza enfática e intransigente que decía: un dólar más, genera una emisión en pesos equivalente y estos pesos, mayor demanda y esta mayor demanda, inflación.
Podemos reconsiderar algunos axiomas, ya que los peligros de entonces no son la evidencia, para sostener este dogma de la década del 80. Mientras Argentina eliminaba o bajaba reintegros y reembolsos para disminuir el déficit fiscal (actualmente en la práctica se presentan dificultades para recuperar los pocos que quedaron y se realizan cuando Hacienda lo dispone), en Singapur en esa misma época, el 90% del incremento de los ingresos procedentes de la exportación de manufacturas estaba exento del impuesto sobre la renta por 5 años. Las desgravaciones impositivas vinculadas de manera directa a las exportaciones cubrían los impuestos indirectos más importantes y una buena parte del impuesto a los ingresos en Brasil. Un mecanismo complementario facilitaba el funcionamiento de “traiding companies”, a través de la suspensión temporaria que se permitía a fabricantes que realizaban exportaciones por este medio. Los impuestos sobre el valor añadido, y los impuestos sobre las ventas eran absolutamente exonerados de las mercaderías de exportación o se reembolsaban inmediatamente si habían sido abonados en Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Noruega, Reino Unido, Corea y otros no menos interesantes casos.
México y Tailandia eximían de derechos de exportación inclusive a “semi manufacturas”. En Grecia se concedía reembolso sobre la nómina de pagos en las exportaciones industriales, mientras en Israel se obtenían reducciones de 85% del impuesto sobre la propiedad.
¿Qué razón existe para iniciar un análisis de Creación de Valor vs. Costo fiscal para las actuales necesidades de la Economía nacional?
¨ Imposibilidad de devaluar.
¨ Necesidades de financiamiento futura y repago de la deuda externa.
¨ Necesidad de aplicar con mayor eficiencia los escasos recursos promocionales presupuestarios
¨ Importancia de medir y supervisar el valor y la creación de valor para nuestra Nación, (hoy pasan por aumentar el empleo y generar divisas.)
¨ Aumentar el esfuerzo presupuestario sobre actividades identificadas en adelante como apalancadoras de empleo y divisas. Una nueva aplicación para los conceptos de “ leverage ”y “driving force” made in Argentina.
Es frecuente desde finales de la década del 70, que esos beneficios estén limitados al famoso costo fiscal, cristal a través del cual se analiza cualquier tipo de medida y que ha realizado un innegable aporte a la derrota de la inflación. No obstante en la mayoría de los países existen exportadores que pueden recibir exenciones impositivas totales por un periodo de tiempo limitado, con aumentos paulatinos y graduales para incentivar las exportaciones.
Estos instrumentos prácticos y necesarios aplicados a estrategias económicas que apuntan a la “creación de valor”, desde los aspectos sociales hasta la generación de divisas, deberían ser nuevamente considerados, a la luz de la reciente flexibilización conceptual que demuestra la eximisión de multas y la emisión de certificados para la compra de cero kilómetros en la industria automotriz.
En la actualidad, existe un test imprescindible para cualquier estrategia económica o financiera, ya sea empresarial o macroeconómica: Si algo es indispensable e ineludible, es pasar la prueba de la creación de valor. Después de 21 años de aquella certeza enfática e intransigente que decía: un dólar más, genera una emisión en pesos equivalente y estos pesos, mayor demanda y esta mayor demanda, inflación.
Podemos reconsiderar algunos axiomas, ya que los peligros de entonces no son la evidencia, para sostener este dogma de la década del 80. Mientras Argentina eliminaba o bajaba reintegros y reembolsos para disminuir el déficit fiscal (actualmente en la práctica se presentan dificultades para recuperar los pocos que quedaron y se realizan cuando Hacienda lo dispone), en Singapur en esa misma época, el 90% del incremento de los ingresos procedentes de la exportación de manufacturas estaba exento del impuesto sobre la renta por 5 años. Las desgravaciones impositivas vinculadas de manera directa a las exportaciones cubrían los impuestos indirectos más importantes y una buena parte del impuesto a los ingresos en Brasil. Un mecanismo complementario facilitaba el funcionamiento de “traiding companies”, a través de la suspensión temporaria que se permitía a fabricantes que realizaban exportaciones por este medio. Los impuestos sobre el valor añadido, y los impuestos sobre las ventas eran absolutamente exonerados de las mercaderías de exportación o se reembolsaban inmediatamente si habían sido abonados en Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Noruega, Reino Unido, Corea y otros no menos interesantes casos.
México y Tailandia eximían de derechos de exportación inclusive a “semi manufacturas”. En Grecia se concedía reembolso sobre la nómina de pagos en las exportaciones industriales, mientras en Israel se obtenían reducciones de 85% del impuesto sobre la propiedad.
¿Qué razón existe para iniciar un análisis de Creación de Valor vs. Costo fiscal para las actuales necesidades de la Economía nacional?
¨ Imposibilidad de devaluar.
¨ Necesidades de financiamiento futura y repago de la deuda externa.
¨ Necesidad de aplicar con mayor eficiencia los escasos recursos promocionales presupuestarios
¨ Importancia de medir y supervisar el valor y la creación de valor para nuestra Nación, (hoy pasan por aumentar el empleo y generar divisas.)
¨ Aumentar el esfuerzo presupuestario sobre actividades identificadas en adelante como apalancadoras de empleo y divisas. Una nueva aplicación para los conceptos de “ leverage ”y “driving force” made in Argentina.
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