Como siempre sostengo, no se puede analizar un gobierno neoliberal, desde
un marco teórico populista. No cometerá esa necedad, quien durante catorce años
tuvo que repetir que no era académico analizar un gobierno populista, desde un
marco teórico neoliberal.
El Gobierno de Macri decidió aplicar una política fiscal expansiva y una
política monetaria menos contractiva, con el fin de reactivar el consumo y el
nivel de actividad, como aconseja cualquier manual. Comienzan a acelerarse las
obras públicas, se lanza el paquete jubilaciones y blanqueo para todos y todas,
reintegro a provincias del 15% de coparticipación y se acelera el endeudamiento
provincial para gastar sin restricciones. “El miedo no es sonso”. Como venían
los acontecimientos era impensable la elección de medio tiempo, una ciudadanía descontenta
con la economía, se expresa en la urnas.
GIRO AL
PRAGMATISMO KEYNESIANO
Ya no
habrá reformas estructurales para corregir los desbalances macroeconómicos,
difícilmente hubiesen sido viables socialmente. Vuelven los estímulos a la demanda
doméstica K (Keynes, Kirchner y Kicillof), antes que se genere un desastre similar
al que provoco el ex presidente De la Rua. Esta evidencia de política contra
cíclica en períodos recesivos, puede dar lugar a una mejora de la demanda, si
se decide bajar la tasa de interés, en forma consistente. Por ahora lo que
existe es una extraordinaria inconsistencia fiscal y monetaria, impensable en
un gobierno de este perfil.
No había
opción que empujar la demanda doméstica y la actividad. En medio de tremenda recesión,
llega una política fiscal súper expansiva para apuntalar la demanda y el nivel
de actividad con aumento del gasto público financiado con endeudamiento
creciente y blanqueo, más una política monetaria un poco menos contractiva, por
ahora. Para ello se volvió al mercado financiero internacional, y se retomó el
contacto con el FMI. En este momento hay interés, porque hay que recolocar nueve
billones de dólares en bonos soberanos con rendimientos negativos, con la
necesidad de obtener retornos que “salven la ropa”, y esto llevará a los inversores
a demandar bonos como los que la Argentina no para de emitir, pagando alrededor
del 7%. El conflicto con los fondos buitres representó un CEPO al endeudamiento
externo; resolverlo nos costo carísimo. No por los negocios que pudo haber en
el medio. Me refiero a que el costo financiero a valor nominal o absoluto será
mucho mayor que el ahorro por la imperceptible de la baja de tasas del nuevo
endeudamiento.
El gobierno optó por apuntalar la gobernabilidad,
decepcionando a economistas propios, sindicados y acólitos. Hubo mal
diagnostico y mala praxis, subestimaron el impacto inflacionario y la caída del
PBI del primer semestre. Ahora intentan estimular el consumo para llegar a la
elección de 2017. Ciertamente aumentó la probabilidad de que la actividad deje
de caer vertiginosamente, no digo que repunte hasta 2017, aunque crezca algo,
será con más inflación que Kicillof.
La economía acumula tres trimestres consecutivos de descenso,
la variación del segundo trimestre anualizado oscila alrededor de 8% de caída
del PBI. En materia de consumo del segundo trimestre los números resultaron aun
peores. Año contra año el segundo trimestre de 2016 muestra caída sideral en el
consumo:
CAME -8.5%, electrodomésticos -17.2%, ventas en supermercados -6.2%. La confianza del consumidor se resintió fuertemente
según la amigable Universidad Di Tella,
quien dice que su índice cae de (60.4 el 15/11/15) a (42.7 junio/16).
Las entregas de cemento caen -19.1% en el segundo
trimestre, el índice construya -18.7%,
mientras la industria de la construcción cae -5.8%. En 5 meses con 50%
de devaluación las exportaciones prácticamente no crecieron, comparado con el
mismo periodo de 2015. Solo las importaciones cayeron 1.000 millones de dólares,
como consecuencia de la recesión y el mayor valor del dólar. Dicho sea de paso, la calidad de las importaciones en su composición
representan lo peor posible: caen bienes de capital e insumos, y suben bienes
de consumos y vehículos.
En los primeros meses del año también se aceleró la
tasa de inflación, la meta de 20/25%
anunciada por Prat Gay para todo 2016, ya fue alcanzada al cierre del primer
semestre.
Si López no hubiera ayudado, las cosas estarían
muy difíciles para el Gobierno.
La recaudación de
junio muestra una caída real en junio de
-14% con año contra año con una inflación de 44%. A nivel Gasto, a los subsidios sociales y la reactivación de la
obra pública, hay que sumarles la reparación a los jubilados. Este aumento
permanente del gasto previsional hará imposible cumplir con el objetivo oficial
de terminar el 2019 con un déficit fiscal primario "cero". Al
contrario, Macri podría terminar el mandato con mayor déficit fiscal que el de
gobierno precedente, ya que para amigarse las provincias recibirán un torrente de dinero destinado a un mayor
gasto. Además las provincias ya colocaron en el exterior casi u$s 5.000 millones
y van por u$s 2. 000 millones más, en los próximos meses. Únicamente esta semana
se colocó deuda en el exterior por u$s 4.000 millones, la Nación coloco u$s 2.750,
Salta u$s 300 e YPF u$s 1.000.
Pero, - ¿el mercado internacional seguirá financiando el creciente déficit
fiscal de la Argentina? - ¿A que relación deuda/PBI quiere llegar el Gobierno
de Macri? -
INFLACIÓN Y ATRASO EL TIPO DE CAMBIO
Con una política pública más expansiva es baja la
probabilidad que el Gobierno pueda cumplir con la meta de inflación para 2017
también se dificulta el cumplimiento de las metas inflacionarias de 2018 y
2019.
La política fiscal expansiva financiada con
endeudamiento externo y el blanqueo
puede aumentar la tendencia a la apreciación del peso. Un previsible sobreendeudamiento en dólares para
financiar el alto déficit fiscal en pesos, aumenta la influencia a la apreciación
del peso. El tipo de cambio vuelve
a estar retrasado, difícilmente haya crecimiento vía exportaciones. Traspolando
a promedios históricos de 1960 y 1980, el dólar tiene que valer $ 20/21.
ENDEUDAMIENTO CRECIENTE
Un nivel de déficit como el actual combinado con
tasas de interés altas como las que paga la Argentina podría en poco tiempo producir situaciones de insolvencia externa. La
sostenibilidad debe darse desde la diferencia a favor entre la tasa de
crecimiento del PBI y la tasa de interés de la deuda pública. Tasas elevadas y
crecimiento bajo son un cocktail explosivo, recuerde que la Argentina fue a
default con 56 puntos de Deuda a PBI.
La confianza internacional del mundo financiero
comenzará a bajar muy pronto, de hecho ya se reciben consultas sobre la
elección legislativa de 2017.