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domingo, 1 de junio de 2008

Acerca de la inflación

La ansiedad que genera el hecho que la economía argentina ingrese en una etapa de inflación más alta, y que además sacuda el crecimiento que viene experimentando en los últimos años es absurda. Hoy por hoy, no existe ninguna probabilidad de ingresar a “stagflation” o estanflación (esto es: estancamiento con inflación). Los últimos tres meses de escándalo sostenido, han hecho que se instale entre la gente una falacia desnaturalizada. “Stagflation” o estanflación, de los dos vocablos que forman este anglicismo, uno representa la falsa opción en 2008. La versión apocalíptica incluye un fatal “frenazo de la actividad económica”, aunque todas las proyecciones, conteniendo las que se construyen en los escenarios mas pesimistas, exteriorizan un crecimiento del PBI para todo el 2008 de 6%.
Con el transcurso del tiempo, el conflicto viró hacia equilibrios que hasta hace unas semanas parecían inciertos. Las partes del conflicto recibieron un feedback desalentador de todos los públicos en cascada; incluyendo la Sociedad Rural Argentina, cadenas de comercialización, dirigentes de otras actividades industriales y de servicios. Los mismos medios de comunicación, que acometidos en medio de la revuelta se volvían más incisivos, comenzaron a darse cuenta que las noticias del campo estaban tocando fondo. Era inevitable un levantamiento del paro para exportar la cosecha, caso contrario el campo era el que mas perdía, aunque el gobierno no se la iba a llevar de arriba. Pero más allá de este comentario, la gente estaba harta de este conflicto, y seguir arriesgando el crédito que se alcanzó, poniendo en duda los motivos que impulsaron estos meses de lucha, ya era un tanto absurdo.
Los fundamentos macro y micro económicos no alimentaban temores objetivos, consistentes con las cosas que se escucharon por allí.
Los supermercados, los shoppings centers, y las arterias comerciales de todo el país, incluyendo las que pertenecen a las ciudades más encrespadas, siguieron comprando. Por el contrario, como es costumbre desde la década del 50, estamos asistiendo a un fenómeno vernáculo, una especie de “revival” de los gerentes de venta de las empresas que llaman a los clientes diciendo: ¡Hazme hoy mismo la nota de pedido, porque el lunes cambiamos la lista de precios!
La innegable inflación que no coincide con la versión oficial, y las expectativas de desabastecimiento, ayudaron a consolidar el ritmo de expansión del consumo y la actividad en general. El Gobierno no hizo demasiado para revertir el statu quo de la situación. No innovando tomó una decisión muy clara en el asunto.
La actual política económica-vigente hace 6 años- de alto contenido heterodoxo, se inclina siempre por los resultados “menos malos”, en términos de actividad (crecer y generar empleo es lo primero), y asume el riesgo inflacionario que le evitaría cualquier programa de estabilización ortodoxo, a cambio de desacelerar violentamente la demanda y expulsar mano de obra del mercado laboral.
Sucintamente, la política económica actual es la opción heterodoxa, visto desde el oficialismo, la menos mala para un gobierno popular-recuerde a De la Rua-, porque asumiendo el costo de una inflación mensual de alrededor de 2%, mantiene alto el nivel de actividad, con la meta primordial de alcanzar el pleno empleo. Las perspectivas para lo que resta del año se mantienen-el gobierno tiene toda la disposición de hacer lo que le parezca mejor sin preguntar, aún a los que comparten los objetivos de crecimiento y empleo. Como los pronósticos “anti eKonomicos”se habían vuelto tan falaces, considero necesario arriesgar un rango de resultados posibles e independientes para un escenario base, en función de la dinámica que trae la Argentina en estos últimos años. Con la paz vigente, un escenario de crecimiento del PBI, entre 7 y 8 % es altamente probable. La economía pasaría de crecer 8.8% año contra año en el primer trimestre, 8% en el segundo trimestre, 6.1% en el tercer trimestre y 5.3% en el cuarto y último trimestre, cerrando el año 2008 con una tasa de crecimiento promedio de alrededor de entre 7 y 8% anual. Si la lucha del campo se vuelve a desatar y se exacerba la beligerancia, la economía podría sufrir una desaceleración en el tercer y cuarto trimestre, lo que implicaría cerrar el año 2008 con un crecimiento promedio de 6/ 6,5%.